- A ver… ¿dónde dejé este teléfono?... ¡Acá está!... 47-6786. Llama; qué raro.
- Hola.
- ¿Hola?
- Hable. ¿Quién habla?
- Ah, qué tal…mire, es un gusto saludarlo.
- ¿Quién habla? No se oye bien.
- Bueno…sí, yo soy uno que lo llama.
- ¡Qué novedad! ¡No me había dado cuenta!
- No lo quiero molestar, nada más llamaba para saludarlo en este día medio fatídico, pero como ha quedado como su día, es siempre una buena excusa para escuchar sus canciones.
- Muchas gracias. ¿Cuál te gusta a vos?
- Y…todas. No me haga elegir una sola, porque escucho todas.
- Bueno, te agardezco.
- No lo quiero molestar más…
- Está bien. Escuchame, ¿mis películas?
- Sí, dígame.
- Que si las viste.
- ¡Ah, sí! ¿Cómo no? Son geniales sus películas.
- No me cargués.
- ¡No, no! Me gustan muchísimo sus films.
- ¿París o Nueva York?
- Una de París, y todo Nueva York. Sobre todo las comedias.
- Jeje, estás como yo. ¿Vos también cantás?
- Después de hablar con usted, la palabra cantar es grande. Se puede decir que lo intento. Todos queremos ser usted en algún punto.
- No me cabe duda. Pero para eso hay que estudiar. Estudiá. Ese es el mejor consejo que le puedo dar a cualquiera: estudiá…aunque para cantar como yo, no hay profesores.
- ¡Tiene razón!
- Jaja. Soy un inmodesto
- Pero sigue siendo el mejor.
- Muchas gracias.
-Bueno, ahora sí, lo dejo tranquilo.
- Che, pará. ¿Qué año es ahí?
- 2010.
- ¡La pucha! ¡Cómo pasa el tiempo! ¿Y los autos vuelan allí?
- Créame que no es tan, tan diferente a como usted vive allí en Jean Jaurés.
- Bueno, querido. Te dejo un abrazo, un saludo para todos, y nos estamos viendo.
- Muchas gracias, señor. Mis respetos a su madre.
- Muchísimas gracias. Después si tenés una fija para el domingo, llamame.
- Seguro. Hasta luego, Carlitos. Gracias por cantar cada día mejor.
- Un saludo. Nos vemos. Chau.
jueves, junio 24, 2010
viernes, junio 18, 2010
DOS TIEMPOS
El primer encuentro fue en junio de 1994. Yo era aún muy joven y desconfié del asunto. Un adulto, que veía un partido en el mismo bar donde yo estaba, me dijo que el tiempo es un engaño. Después festejó un gol (todos lo hicimos), saludó a unas personas, me dijo que ya nos veríamos otra vez, pagó y se fue.
Creo recordar que ese episodio me pareció más bien aburrido; escuchar las sabidurías de un hombre en medio de un partido de fútbol es algo insoportable. Recuerdo que desde el ventanal del bar lo vi subirse a un taxi y mirarme con cierta congoja. Supe allí, que en algún momento, el tiempo (que como bien dijo, es engañoso), nos juntaría de nuevo.
Cada tanto me acuerdo de ese tipo triste que me habló aquella vez. No es que prefiera acordarme de eso, pero entiendo que el destino es inevitable. Lo que no sé es por qué no le pregunté algunas cosas sobre mi propio destino. Sé que él sabía, y sé que prefirió callar.
Ayer, como cada tanto, me acordé de eso. Pensaba en ese tipo mientras entraba al bar para ver el partido. Pedí un café y charlé con los que estaban ahí, como hago siempre. Al rato vi al lado mío a un pibe que era, indudablemente, el de 1994. Nos reconocimos fácilmente. Seguí mirando el partido con cierta indeferencia. No quería abrumarlo con las terribles cosas que le depararía el futuro; mejor dicho, con el destino, que es casi siempre el mismo que el de todas las personas. ¿Para qué arruinarle esa mañana con algo que, indefectiblemente, descubrirá solo?
Ahí estaba, mirándome con alguna intriga. Cuando advertí que iba a preguntarme algo, lo miré fijo y le dije “no hagas caso a esto; el tiempo es engañoso”. Fue lo único que se me ocurrió. Noté su silencio desesperanzado; entendí que si le hubiera dicho algo más, lo hubiera aburrido aún más de lo que estaba. No necesité contarle que la vida sigue, que algunas veces se enamoraría con más éxito que otras, que alguna vez saldría lastimado, que ganaría mucho y perdería más; que debería aprender a no lastimar; podría haberle allanado ese camino. Todavía creo que es mejor que lo entienda solo.
El gol de la selección vino a sacarme del problema de tener que seguir allí, en ese silencio incómodo. Gritamos el tanto, saludé a los parroquianos y le dije al pibe que ya nos encontraríamos. Quizás lo dije para evitar que pregunte algo. Pagué y me fui.
Por suerte, pasó un taxi y me evitó tener que caminar en el frío. Cuando subía, pude verlo mirándome desde el ventanal. Algo en esa mirada pronunció mi tristeza: lo ha entendido todo.
No sé aún, cuando nos volveremos a ver.
Creo recordar que ese episodio me pareció más bien aburrido; escuchar las sabidurías de un hombre en medio de un partido de fútbol es algo insoportable. Recuerdo que desde el ventanal del bar lo vi subirse a un taxi y mirarme con cierta congoja. Supe allí, que en algún momento, el tiempo (que como bien dijo, es engañoso), nos juntaría de nuevo.
Cada tanto me acuerdo de ese tipo triste que me habló aquella vez. No es que prefiera acordarme de eso, pero entiendo que el destino es inevitable. Lo que no sé es por qué no le pregunté algunas cosas sobre mi propio destino. Sé que él sabía, y sé que prefirió callar.
Ayer, como cada tanto, me acordé de eso. Pensaba en ese tipo mientras entraba al bar para ver el partido. Pedí un café y charlé con los que estaban ahí, como hago siempre. Al rato vi al lado mío a un pibe que era, indudablemente, el de 1994. Nos reconocimos fácilmente. Seguí mirando el partido con cierta indeferencia. No quería abrumarlo con las terribles cosas que le depararía el futuro; mejor dicho, con el destino, que es casi siempre el mismo que el de todas las personas. ¿Para qué arruinarle esa mañana con algo que, indefectiblemente, descubrirá solo?
Ahí estaba, mirándome con alguna intriga. Cuando advertí que iba a preguntarme algo, lo miré fijo y le dije “no hagas caso a esto; el tiempo es engañoso”. Fue lo único que se me ocurrió. Noté su silencio desesperanzado; entendí que si le hubiera dicho algo más, lo hubiera aburrido aún más de lo que estaba. No necesité contarle que la vida sigue, que algunas veces se enamoraría con más éxito que otras, que alguna vez saldría lastimado, que ganaría mucho y perdería más; que debería aprender a no lastimar; podría haberle allanado ese camino. Todavía creo que es mejor que lo entienda solo.
El gol de la selección vino a sacarme del problema de tener que seguir allí, en ese silencio incómodo. Gritamos el tanto, saludé a los parroquianos y le dije al pibe que ya nos encontraríamos. Quizás lo dije para evitar que pregunte algo. Pagué y me fui.
Por suerte, pasó un taxi y me evitó tener que caminar en el frío. Cuando subía, pude verlo mirándome desde el ventanal. Algo en esa mirada pronunció mi tristeza: lo ha entendido todo.
No sé aún, cuando nos volveremos a ver.
domingo, junio 13, 2010
sábado, mayo 08, 2010
GRAN DEBATE
El debate es sencillo: Leonardo, el hombre orquesta, ¿es un fraude o un genio tan grande que cuesta entederlo?
Un ejemplo lo aclara todo, decía Napoleón, y para ejemplos, este video que es el último de la semana, y ahora sí haremos cuentos, chistes, tiros, líos y cosa golda.
Yo me reservo la opinión porque no podría ser objetivo.
Un ejemplo lo aclara todo, decía Napoleón, y para ejemplos, este video que es el último de la semana, y ahora sí haremos cuentos, chistes, tiros, líos y cosa golda.
Yo me reservo la opinión porque no podría ser objetivo.
miércoles, abril 28, 2010
SÍ, ES AL PACINO
Como en este blog estamos siempre a la vanguardia, hoy presentamos el trailer de una película para HBO (o películas para televisión), que se estrenó este fin de semana en Estados Unidos (por HBO, claro).
El film trata sobre el doctor Jack Kervorkian, más conocido mediáticamente como el doctor muerte por su ayuda a morir a pacientes terminales, y por lo cual fue enjuiciado.
Lo más llamativo de este film no es que el protagonista sea Al Pacino, un admirado actor por parte de quien escribe esto, si no eL cambio físico que hizo Pacino para representar a Kervorkian.
Pero mejor es que lo vean ustedes mismos.
El film trata sobre el doctor Jack Kervorkian, más conocido mediáticamente como el doctor muerte por su ayuda a morir a pacientes terminales, y por lo cual fue enjuiciado.
Lo más llamativo de este film no es que el protagonista sea Al Pacino, un admirado actor por parte de quien escribe esto, si no eL cambio físico que hizo Pacino para representar a Kervorkian.
Pero mejor es que lo vean ustedes mismos.
miércoles, abril 21, 2010
EL MISTERIO R.S.
Anoche, en plena madrugada, estuve en un karaoke. Sí, suena raro, pero ahí estuve. Ya saben cómo son: nadie se toma muy en serio las cosas y las canciones son maltratadas de una manera asombrosa. Siempre me pareció muy raro ese berretín de ir a cantar como si uno estuviera en una ducha, sin importar mucho nada, mirando a la mesa en donde están los amigos y el público restante tiene que soportar las extraordinarias desafinaciones.
Alguien me dijo: “Subí a cantar” y supuse que podría hacerlo sin mucha dificultad, así que redoblé la apuesta; tenía que cantar algo muy distinto a lo que hago generalmente, así que pedí un tema de Sandro y me obligué a cantarlo muy en serio.
Canté “Porque yo te amo”. Nunca había cantado algo de Sánchez en público y, aunque siempre lo había sospechado, fue en ese momento, mientras usaba la luz del proyector de la letra como luz de seguidor, cuando me di cuenta de la importancia de Sandro como intérprete y como compositor. El resultado fue óptimo y no por mi capacidad escénica, si no porque la canción es buena. Si uno se toma el trabajo de olvidarse que está en un karaoke y no le teme al público (y no le da la espalda como hace casi todo el mundo), la canción te lleva adonde querés ir sin mucho problema, y el público deja su conversación en la mesa y se concentra en el escenario. Eso es virtud del autor y nada más que del autor.
No se sabe hasta dónde el tema fue compuesto por Sánchez y por Anderle (quién puso cada frase o cada acorde), pero evidentemente han hecho un gran trabajo.
Pero falta algo más, un plus…
En eso pensaba cuando volví a casa: en el misterio de Sandro. Tomemos la canción como parámetro; aunque buena, no es muy compleja, seis acordes como mucho. La letra es bien descriptiva y bastante directa, no presenta muchos problemas. Pero funciona, quizás por su estructura dramática, su cadencia que arrastra a la siguiente frase y porque tiene gancho. ¿Pero el plus? Es que lo cantaba Sandro y todo lo convertía en una especie de obra de teatro genial. La canción está pegada a Sandro y Sandro a la canción. Como Gardel. ¿Alguien se imagina a Gardel en camiseta jugando al fútbol?
El secreto de esos genios de la interpretación y composición, aparte del talento (obviemos eso porque lo damos por entendido) es el misterio. Gardel y su novia eterna. Sandro y la pared en Banfield. Eran perfectos fantasmas que existían arriba del escenario y cada tanto alguien decía haberlos visto en algún lado (lo cual acrecentaba el mito: “lo vi a Gardel jugando a los naipes en Los Inmortales” o esas historias en donde Roberto Sánchez iba al chapista en Puente Alsina y la gente dudaba si era él o no).
Entonces cuando uno canta una canción de Sandro, o de Gardel (ya que lo hemos traído a la conversación, pero en este caso es Sandro), no se escucha sólo la canción, se escucha todo: el mito, el misterio, la pared en Banfield, el chapista de Puente Alsina, el carisma, el talento compositivo, el extraordinario y brillante dominio escénico, la bata roja, el whisky, el cigarrillo, el no cigarrillo y todo lo que uno supone y no sabe.
Eso lo entendí anoche mientras cantaba su canción y la responsabilidad se hacía mayor porque la gente guardaba silencio y miraba con atención. Ahí supe que Sandro es grande. Muy grande, y que su música hay que tratarla con mucho respeto.
Alguien me dijo: “Subí a cantar” y supuse que podría hacerlo sin mucha dificultad, así que redoblé la apuesta; tenía que cantar algo muy distinto a lo que hago generalmente, así que pedí un tema de Sandro y me obligué a cantarlo muy en serio.
Canté “Porque yo te amo”. Nunca había cantado algo de Sánchez en público y, aunque siempre lo había sospechado, fue en ese momento, mientras usaba la luz del proyector de la letra como luz de seguidor, cuando me di cuenta de la importancia de Sandro como intérprete y como compositor. El resultado fue óptimo y no por mi capacidad escénica, si no porque la canción es buena. Si uno se toma el trabajo de olvidarse que está en un karaoke y no le teme al público (y no le da la espalda como hace casi todo el mundo), la canción te lleva adonde querés ir sin mucho problema, y el público deja su conversación en la mesa y se concentra en el escenario. Eso es virtud del autor y nada más que del autor.
No se sabe hasta dónde el tema fue compuesto por Sánchez y por Anderle (quién puso cada frase o cada acorde), pero evidentemente han hecho un gran trabajo.
Pero falta algo más, un plus…
En eso pensaba cuando volví a casa: en el misterio de Sandro. Tomemos la canción como parámetro; aunque buena, no es muy compleja, seis acordes como mucho. La letra es bien descriptiva y bastante directa, no presenta muchos problemas. Pero funciona, quizás por su estructura dramática, su cadencia que arrastra a la siguiente frase y porque tiene gancho. ¿Pero el plus? Es que lo cantaba Sandro y todo lo convertía en una especie de obra de teatro genial. La canción está pegada a Sandro y Sandro a la canción. Como Gardel. ¿Alguien se imagina a Gardel en camiseta jugando al fútbol?
El secreto de esos genios de la interpretación y composición, aparte del talento (obviemos eso porque lo damos por entendido) es el misterio. Gardel y su novia eterna. Sandro y la pared en Banfield. Eran perfectos fantasmas que existían arriba del escenario y cada tanto alguien decía haberlos visto en algún lado (lo cual acrecentaba el mito: “lo vi a Gardel jugando a los naipes en Los Inmortales” o esas historias en donde Roberto Sánchez iba al chapista en Puente Alsina y la gente dudaba si era él o no).
Entonces cuando uno canta una canción de Sandro, o de Gardel (ya que lo hemos traído a la conversación, pero en este caso es Sandro), no se escucha sólo la canción, se escucha todo: el mito, el misterio, la pared en Banfield, el chapista de Puente Alsina, el carisma, el talento compositivo, el extraordinario y brillante dominio escénico, la bata roja, el whisky, el cigarrillo, el no cigarrillo y todo lo que uno supone y no sabe.
Eso lo entendí anoche mientras cantaba su canción y la responsabilidad se hacía mayor porque la gente guardaba silencio y miraba con atención. Ahí supe que Sandro es grande. Muy grande, y que su música hay que tratarla con mucho respeto.
domingo, abril 11, 2010
MI ABUELA
Mi abuela Olga se ha muerto en mis brazos.
Muchísimas veces me pregunté cómo sería ese día; creo que cuando alguien muere todo lo que uno puede prever es inútil. Tal vez, a lo sumo, se puede estar más o menos preparado, pero una muerte es algo que, aun sabiendo que es una posibilidad, se convierte en un descalabro.
Mi abuela no ha sido sólo mi abuela. Fue mi madre. De hecho, viví hasta su último día con ella y pasé más años con ella que con mis padres reales. Fue mi abuela quien me crió y quien se ha preocupado hasta último momento por todas mis cosas. Tuve la suerte de verla lúcida hasta el final y por suerte no ha pasado por internaciones ni nada por el estilo. Simplemente no se sentía bien, la agarré de las manos y se murió. Quizás hubiera tenido tiempo en esos minutos de llamar a un médico; recién cuando se desvaneció le pedí a mi hermano menor Octavio (que fue su última alegría) que llamara a la ambulancia mientras yo intentaba las maniobras de resucitación. Hoy, casi una semana después, sé que aunque los médicos hubieran llegado diez minutos antes, no se hubiera salvado. Llegué a decirle “llamo a un médico” y me miró como diciendo “no tiene sentido”. Ella sabía bien que no había salida.
En ese momento uno reacciona como puede. Quizás no me falla la intuición cuando pienso que podría haber hecho más, pero hice lo que tuve que hacer. Sólo cuando llegaron los médicos pude quebrarme del todo y ahí perdí noción del tiempo. No sé qué hora era, ni cuánto tiempo estuvieron; ni siquiera recordaba que me habían tomado los datos. Mi hermano fue el que me puso en contacto con la realidad y me dijo todo lo que había pasado.
Cuando un familiar muy querido muere, siente culpa. Quiero decir: no sólo pudo hacer más antes, si no siempre. En mi caso he sido un pésimo nieto. Podría haberle dado muchísimo más. Me consuela saber que esa noche hablamos algunas cosas bastante graciosas y que estaba contenta. Me consuela también saber que no se murió sola, que estuvimos con ella.
Mi abuela fue una mujer increíble. Una persona muy inteligente y ética. Alguna vez le agradecí algo de mi conducta: sé que soy un mal tipo, pero si llego a tener alguna virtud, algo que me haga mejor persona, es gracias a ella, que me tuvo confianza y cariño, y a nadie más.
Una de las cosas con las que siempre me perseguía es con que se puede hacer todo. Ella misma tuvo que dejar a buena parte de su familia para poder estudiar (antes, que una mujer tuviera una carrera era algo muy mal visto). Pero lo hizo y terminó siendo una de las imbatibles médicas del equipo del doctor Florencio Escardó. No contenta con eso, fue Directora de Salud de la Secretaría de Educación durante la presidencia de Arturo Frondizi; y después trabajó hasta que la jubilaron de oficio. Creo que su mayor trabajo fue criarnos a nosotros. Hizo todo y más. No nos dejó solos nunca.
Hace unos días le pregunté por qué ya no se interesaba tanto por la medicina y me dijo “No es que no me interese; veo a los chicos con sus problemas y me frustra no poder hacer nada”. Dios sabrá a cuántos niños salvó.
Tuve mucha, demasiada suerte de haber podido vivir con ella toda mi vida. Fue toda una escuela. Incluso siempre estaba a la vanguardia: me había pedido que le comprara un teléfono celular y le pregunté si podría manejarlo; se echó a reír. Claro que podía manejarlo. Lástima que no pude comprárselo a tiempo. Le gustaba mucho el rock (nunca supe por qué), y las series policiales
Mi abuela fue la mejor persona que conocí y a ella le debo todo. A veces le decía “¿Vos te das cuenta? Mis ex novias y amigas me llaman para ver cómo estás vos; nunca para saber si estoy bien o si me hace falta algo. Lo único que preguntan es ‘¿cómo está Olguita?’”. Cada vez que le decía eso (que era completamente cierto), se mataba de risa. Todos la queríamos muchísimo.
Mientras escribo esto no siento ganas de llorar; claro que la extraño, pero me siento fuerte. Quizás ella me enseñó a ser así, porque era súper fuerte, y a la vez sensible y generosa (para aguantarme a mí tantos años hay que ser una persona muy, muy generosa y paciente).
Una vez me contó que Duke Ellington, después de comer en su casa, le había robado una estatua cuando ella vivía Tucumán (era de allí, pero estudió en Córdoba y luego vivió otra vez en Tucumán y Buenos Aires, hasta venirse a Buenos Aires del todo). Pensé que era un chiste o algo así; a los días confirmé que esa historia era completamente cierta y hasta figura en la biografía de Ellington. En verdad tuvo que regalársela porque a Ellington le encantaba (una escultura de madera, de dos figuras, en una sola pieza), pero abuela lo decía de una manera tan graciosa que daba a entender que entre eso y un robo no había diferencia.
El sábado pasado habíamos visto “Good bye Lennin” y le gustó mucho. Fue medio premonitoria. Más le gustó “El mismo amor, la misma lluvia” que la vimos hace dos semanas.
Abuela vivió como quiso y todo lo hizo muy bien. Ojalá cuando yo me muera llegue a ser la mitad de persona que ella; con eso estoy más que satisfecho. Le prometí muchas cosas en vida; las estoy empezando a cumplir. Me apena muchísimo que no llegue a ver lo que voy a hacer.
En todo lo que hago me ha apoyado, me escuchó mucho y me pidió que llevé adelante algunas cosas. Así será.
Ahora, con los días, voy confirmando que la muerte es injusta pero inevitable, y que esa soledad es sólo justificada por los recuerdos y por todo lo que uno aprende de los que se van. Y aunque creo que siempre queda algo por decir, sé que le dije muchísimas cosas a tiempo. No hubo una sola noche en la que no le agradeciera ni que le dijera que la quería y mucho (mientras le daba sus dos o tres caramelos de miel, que era su golosina favorita). Aunque en la balanza creo que le fallé, quizás algún acierto tuve. Espero que haya sido así.
No puedo más que agradecerle a mi abuela Olga por todo. Ella vio en este tipo opaco que soy alguna cosa más y le sacó brillo. Insisto: si algo tengo de bueno, se lo debo a ella.
Por eso, cuando alguien piense que soy un nene de mamá, puedo decir con mucho orgullo que se equivoca: soy un hombre de mi abuela.
Muchísimas veces me pregunté cómo sería ese día; creo que cuando alguien muere todo lo que uno puede prever es inútil. Tal vez, a lo sumo, se puede estar más o menos preparado, pero una muerte es algo que, aun sabiendo que es una posibilidad, se convierte en un descalabro.
Mi abuela no ha sido sólo mi abuela. Fue mi madre. De hecho, viví hasta su último día con ella y pasé más años con ella que con mis padres reales. Fue mi abuela quien me crió y quien se ha preocupado hasta último momento por todas mis cosas. Tuve la suerte de verla lúcida hasta el final y por suerte no ha pasado por internaciones ni nada por el estilo. Simplemente no se sentía bien, la agarré de las manos y se murió. Quizás hubiera tenido tiempo en esos minutos de llamar a un médico; recién cuando se desvaneció le pedí a mi hermano menor Octavio (que fue su última alegría) que llamara a la ambulancia mientras yo intentaba las maniobras de resucitación. Hoy, casi una semana después, sé que aunque los médicos hubieran llegado diez minutos antes, no se hubiera salvado. Llegué a decirle “llamo a un médico” y me miró como diciendo “no tiene sentido”. Ella sabía bien que no había salida.
En ese momento uno reacciona como puede. Quizás no me falla la intuición cuando pienso que podría haber hecho más, pero hice lo que tuve que hacer. Sólo cuando llegaron los médicos pude quebrarme del todo y ahí perdí noción del tiempo. No sé qué hora era, ni cuánto tiempo estuvieron; ni siquiera recordaba que me habían tomado los datos. Mi hermano fue el que me puso en contacto con la realidad y me dijo todo lo que había pasado.
Cuando un familiar muy querido muere, siente culpa. Quiero decir: no sólo pudo hacer más antes, si no siempre. En mi caso he sido un pésimo nieto. Podría haberle dado muchísimo más. Me consuela saber que esa noche hablamos algunas cosas bastante graciosas y que estaba contenta. Me consuela también saber que no se murió sola, que estuvimos con ella.
Mi abuela fue una mujer increíble. Una persona muy inteligente y ética. Alguna vez le agradecí algo de mi conducta: sé que soy un mal tipo, pero si llego a tener alguna virtud, algo que me haga mejor persona, es gracias a ella, que me tuvo confianza y cariño, y a nadie más.
Una de las cosas con las que siempre me perseguía es con que se puede hacer todo. Ella misma tuvo que dejar a buena parte de su familia para poder estudiar (antes, que una mujer tuviera una carrera era algo muy mal visto). Pero lo hizo y terminó siendo una de las imbatibles médicas del equipo del doctor Florencio Escardó. No contenta con eso, fue Directora de Salud de la Secretaría de Educación durante la presidencia de Arturo Frondizi; y después trabajó hasta que la jubilaron de oficio. Creo que su mayor trabajo fue criarnos a nosotros. Hizo todo y más. No nos dejó solos nunca.
Hace unos días le pregunté por qué ya no se interesaba tanto por la medicina y me dijo “No es que no me interese; veo a los chicos con sus problemas y me frustra no poder hacer nada”. Dios sabrá a cuántos niños salvó.
Tuve mucha, demasiada suerte de haber podido vivir con ella toda mi vida. Fue toda una escuela. Incluso siempre estaba a la vanguardia: me había pedido que le comprara un teléfono celular y le pregunté si podría manejarlo; se echó a reír. Claro que podía manejarlo. Lástima que no pude comprárselo a tiempo. Le gustaba mucho el rock (nunca supe por qué), y las series policiales
Mi abuela fue la mejor persona que conocí y a ella le debo todo. A veces le decía “¿Vos te das cuenta? Mis ex novias y amigas me llaman para ver cómo estás vos; nunca para saber si estoy bien o si me hace falta algo. Lo único que preguntan es ‘¿cómo está Olguita?’”. Cada vez que le decía eso (que era completamente cierto), se mataba de risa. Todos la queríamos muchísimo.
Mientras escribo esto no siento ganas de llorar; claro que la extraño, pero me siento fuerte. Quizás ella me enseñó a ser así, porque era súper fuerte, y a la vez sensible y generosa (para aguantarme a mí tantos años hay que ser una persona muy, muy generosa y paciente).
Una vez me contó que Duke Ellington, después de comer en su casa, le había robado una estatua cuando ella vivía Tucumán (era de allí, pero estudió en Córdoba y luego vivió otra vez en Tucumán y Buenos Aires, hasta venirse a Buenos Aires del todo). Pensé que era un chiste o algo así; a los días confirmé que esa historia era completamente cierta y hasta figura en la biografía de Ellington. En verdad tuvo que regalársela porque a Ellington le encantaba (una escultura de madera, de dos figuras, en una sola pieza), pero abuela lo decía de una manera tan graciosa que daba a entender que entre eso y un robo no había diferencia.
El sábado pasado habíamos visto “Good bye Lennin” y le gustó mucho. Fue medio premonitoria. Más le gustó “El mismo amor, la misma lluvia” que la vimos hace dos semanas.
Abuela vivió como quiso y todo lo hizo muy bien. Ojalá cuando yo me muera llegue a ser la mitad de persona que ella; con eso estoy más que satisfecho. Le prometí muchas cosas en vida; las estoy empezando a cumplir. Me apena muchísimo que no llegue a ver lo que voy a hacer.
En todo lo que hago me ha apoyado, me escuchó mucho y me pidió que llevé adelante algunas cosas. Así será.
Ahora, con los días, voy confirmando que la muerte es injusta pero inevitable, y que esa soledad es sólo justificada por los recuerdos y por todo lo que uno aprende de los que se van. Y aunque creo que siempre queda algo por decir, sé que le dije muchísimas cosas a tiempo. No hubo una sola noche en la que no le agradeciera ni que le dijera que la quería y mucho (mientras le daba sus dos o tres caramelos de miel, que era su golosina favorita). Aunque en la balanza creo que le fallé, quizás algún acierto tuve. Espero que haya sido así.
No puedo más que agradecerle a mi abuela Olga por todo. Ella vio en este tipo opaco que soy alguna cosa más y le sacó brillo. Insisto: si algo tengo de bueno, se lo debo a ella.
Por eso, cuando alguien piense que soy un nene de mamá, puedo decir con mucho orgullo que se equivoca: soy un hombre de mi abuela.
miércoles, abril 07, 2010
GRACIAS
Muchísimas gracias a todos los amigos y familiares que se han acercado estos días tan complicados y dolorosos. Aprovecho mi blog (al que tanto quiero) para agradecer a todos.
Mañana o pasado si la voluntad me ayuda y pasa un poco la tormenta, contaré bien todo con respecto a este momento horrible y triste, para compartir un poquito aquí con los amigos, porque es justamente aquí donde yo me siento cómodo.
Mil gracias.
Mañana o pasado si la voluntad me ayuda y pasa un poco la tormenta, contaré bien todo con respecto a este momento horrible y triste, para compartir un poquito aquí con los amigos, porque es justamente aquí donde yo me siento cómodo.
Mil gracias.
lunes, marzo 29, 2010
LA VECINDAD ENTERA
martes, marzo 16, 2010
YA VOLVEMOS, YA VOLVEMOS
¡No se alarmen!
Pronto vuelvo con más de esta catarata de emociones y alegrías (que es una emoción) como siempre ha sido No Somos Nada.
Y volvemos con muchas sorpresas (mentira).
Muy pronto, antes de lo que se imaginan, estaré desplegando muchas polémicas. Sí que sí.
Nos vemos en muy poco tiempo, quizás...¡horas!
Pronto vuelvo con más de esta catarata de emociones y alegrías (que es una emoción) como siempre ha sido No Somos Nada.
Y volvemos con muchas sorpresas (mentira).
Muy pronto, antes de lo que se imaginan, estaré desplegando muchas polémicas. Sí que sí.
Nos vemos en muy poco tiempo, quizás...¡horas!
viernes, marzo 05, 2010
UNA QUEJA
Sé que están esperando con ansia que diga unas palabras en este día (o en cualquier otro). Muy bien.
Mis palabras son: quiero un premio Nobel.
No me importan la polémica que esto genere; ni tampoco quiero un Nóbel así nomás, onda "de la paz". No. Quiero algo serio. El de física me vendía fenómeno. Vayan anotando.
Sin más, e indignadísimo con esos viejos caretas de Estocolmo:
Marcelo D'Onofrio (injustamente no galardonado con un Nobel).
Mis palabras son: quiero un premio Nobel.
No me importan la polémica que esto genere; ni tampoco quiero un Nóbel así nomás, onda "de la paz". No. Quiero algo serio. El de física me vendía fenómeno. Vayan anotando.
Sin más, e indignadísimo con esos viejos caretas de Estocolmo:
Marcelo D'Onofrio (injustamente no galardonado con un Nobel).
viernes, febrero 26, 2010
UN BONAPARTAZO
"Estoy redactando mi testamento, y todo lo que le legaré es la suma de veinte francos. Con eso puede comprarse una soga y ahorcarse"
Napoleón I, ante la negativa de cuidarlo por parte de un empleado, durante el último exilio en la isla de Santa Elena.
Napoleón I, ante la negativa de cuidarlo por parte de un empleado, durante el último exilio en la isla de Santa Elena.
miércoles, febrero 17, 2010
ANUNCIO
Como muchos sabrán he abierto, a pesar de mi proverbial aversión, una página en Facebook para promocionar algunas actividades. No entiendo bien aún cómo funciona, pero me han dicho que es una buena forma de promoción. Sé que muchas personas usan la red social como un fin; yo me limito a que sea un medio.
Creo que puedo ya decir que los Sol Abierto nos encontramos ensayando todas nuestras canciones porque a finales de marzo comenzaremos a brindar recitales; no queremos aún confirmar ninguna fecha y lugar (falta como de costumbre, ajustar detalles), pero la primera fase ya está, y lo que sabemos es que va a ser un semestre de bastante trabajo. Es por eso que estamos contando con ayuda de algunas personas que, con la mayor amabilidad y eficiencia del mundo, se están encargando de algunas cosas ejecutivas que a nosotros nos exceden.
Hemos parado de ensayar por diez días (trabajar hasta las 3 de la mañana implica parar unos días), y luego sí, vamos a contar oficialmente todo, y a anunciar quiénes nos van a acompañar en la formación de la banda (hay sorpresas muy gratas que han revitalizado la idea de nuestro sonido e incluso amplía las posibilidades del repertorio).
El otro día leía una nota a Robert Downey Jr en donde decía: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, por eso voy contando poco, aunque ya he explicado bastante; creo que todo el movimiento básico se entiende. Sol Abierto llegó a esta instancia varias veces, pero por diversos motivos hemos cancelado las presentaciones. Por eso esta vez me muevo con cuidado, aunque con un piso muchísimo más firme.
Esa es la explicación de la página en facebook: ayuda a mostrar y a adelantar canciones; de paso reeditamos algunos cuentos que muchos no han leído por la vagancia de no entrar aquí.
De cualquier forma en No Somos Nada todo se mantiene igual, y la exclusividad de todo lo que hago (si estos garabatos valieran algo), va primero aquí, en el blog del amor y la alegría.
Ahora que tengo diez días libres, tengo tiempo para terminar los cuentos en los que estoy trabajando. Insólitamente, argumentalmente, son más complejos que los que he escrito hasta aquí, pero tienen un estilo muchísimo más llano. Es como si se me hubiera soltado la mano. Me asusta eso, pero eso...eso es ya otro tema.
Creo que puedo ya decir que los Sol Abierto nos encontramos ensayando todas nuestras canciones porque a finales de marzo comenzaremos a brindar recitales; no queremos aún confirmar ninguna fecha y lugar (falta como de costumbre, ajustar detalles), pero la primera fase ya está, y lo que sabemos es que va a ser un semestre de bastante trabajo. Es por eso que estamos contando con ayuda de algunas personas que, con la mayor amabilidad y eficiencia del mundo, se están encargando de algunas cosas ejecutivas que a nosotros nos exceden.
Hemos parado de ensayar por diez días (trabajar hasta las 3 de la mañana implica parar unos días), y luego sí, vamos a contar oficialmente todo, y a anunciar quiénes nos van a acompañar en la formación de la banda (hay sorpresas muy gratas que han revitalizado la idea de nuestro sonido e incluso amplía las posibilidades del repertorio).
El otro día leía una nota a Robert Downey Jr en donde decía: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”, por eso voy contando poco, aunque ya he explicado bastante; creo que todo el movimiento básico se entiende. Sol Abierto llegó a esta instancia varias veces, pero por diversos motivos hemos cancelado las presentaciones. Por eso esta vez me muevo con cuidado, aunque con un piso muchísimo más firme.
Esa es la explicación de la página en facebook: ayuda a mostrar y a adelantar canciones; de paso reeditamos algunos cuentos que muchos no han leído por la vagancia de no entrar aquí.
De cualquier forma en No Somos Nada todo se mantiene igual, y la exclusividad de todo lo que hago (si estos garabatos valieran algo), va primero aquí, en el blog del amor y la alegría.
Ahora que tengo diez días libres, tengo tiempo para terminar los cuentos en los que estoy trabajando. Insólitamente, argumentalmente, son más complejos que los que he escrito hasta aquí, pero tienen un estilo muchísimo más llano. Es como si se me hubiera soltado la mano. Me asusta eso, pero eso...eso es ya otro tema.
jueves, febrero 11, 2010
LOS PENSADORES MODERNOS
N.S.N tiene el agrado de presentar...
Música con cornetas...
“Los Pensadores Modernos”
(El estudio está más oscuro que nunca. El helecho fue cambiado por un extraño racimo de rosas artificiales).
Conductor: Buenas noches, queridos amigos. Hoy, en Los pensadores modernos, tenemos de invitado a un ya clásico habitué de este lugar; un polemista que accedió, muy gentilmente, a venir a nuestro programa una vez más...de hecho es el único que acepta venir. Hoy vamos a charlar de su nuevo libro, que promete ser un best seller. Con ustedes, un gran amigo, MD...
(Entra MD vestido de riguroso traje negro, con gemelos de oro, corbata de seda y un pañuelo a tono en el bolsillo).
Conductor: Querido D. ¿Cómo ha estado todo este tiempo?
MD: (Con desdén) Bah...así, como siempre.
Conductor: Hemos recibido con mucha alegría la novedad de su reciente libro...
MD: (Sigue con desgano) Y sí...
Conductor: Dígame, maestro...
MD: Maestro.
Conductor: Gracias, muchas gracias. Dígame, su nuevo libro es una promesa a la polémica. “Mis grades éxitos epistolares”. ¿De qué se trata? ¿Qué nos puede decir de él?
MD: Bueno, es un libro de 35 x 15, 120 páginas a espacio simple, tapa y contratapa blandas y está impreso en los talleres gráficos de Turdera..
Condutor: Qué bien.
MD: Sí. Y también es una recopilación de mis mejores cartas...Como no se me ocurría ninguna idea y tenía que pagar la casa de Praga, me dije “¿por qué no juntar estas cartas y publicarlas?
Luego vendrá una segunda parte, en donde se publicarán las contestaciones.
Conductor: Claro, porque sólo salen sus propias cartas, pero ninguna respuesta.
MD: Y sí...porque el inteligente soy yo (prende un cigarrillo). Quiero decir, cada vez que mando una carta, la releo y me digo “qué bien que escribo, soy brillante hasta en el género epistolar” y entonces les hago una fotocopia para leerlas otra vez, porque los demás autores me aburren.
Conductor: Qué interesante.
MD: Y bueh... (hace un ademán, mira confundido) ¿Dónde está lo que pedí?
Conductor: Maestro, díganos...
MD: Esperá un cachito. ¡El vaso! ¿Qué hay que hacer acá para que lo sirvan a uno?
(Una asistente de producción trae un vaso de whisky. El vaso es largo y está casi lleno)
MD: Gracias, querida...sí, ¿qué decías?
Conductor: El libro está dividido en capítulos, veamos...cartas de amor, amargas quejas, carta a los amigos...
MD: Sí, más que nada para darle un orden, porque la gente es media estúpida y se confunde muy fácil. Hay que darles todo servido en bandeja porque no cazan una (le pega un trago importante al whisky).
Conductor: En cartas de amor, por ejemplo, hay una misiva interesantísima a un viejo y clásico amor suyo, Titina Fernández Arriega de Álzaga.
MD: Bueno, ya empezamos con la indiscreción.
Conductor: (preocupado) ¡No, no! No me malinterprete , sólo la menciono porque usted lo hace en el libro unas...esperé que lo hemos contado...137 veces, la mayoría de ellas insultándola.
MD: Así y todo mantuve la discreción y la compostura.
Conductor: En una de las cartas le dice “Vos, que nos servís ni para espiar, ¿no te da vergüenza andar mostrándote con ese tipo justo a la salida del estreno de mi musical, usando el mismo tapado de visón que te regalé, y apenas habiéndonos separado?. No te merecés ni el término “cualquiera”. Nunca odié tanto a alguien; sos un mamarracho, vos y ese tipo. Te amo, volvé”; y lo más extraño es que está fechada el 12 de abril de 1933, y también que menciona un musical que nunca hizo.
MD: Es cierto, de hecho ni siquiera estábamos separados. Lo que pasa es que había soñado con esa escena infame y cuando me desperté, la vi durmiendo, y sentí un odio tan profundo por esa probable situación, que me fui de mi casa y le mandé esa carta (sigue tomando whisky).
Conductor: Una de sus clásicas separaciones. También sorprende la carta a Edenor. “Señores de Edenor: sepan ustedes que son unos crápulas y las peores personas que conocí en mi vida. Cortarme la luz a mí, justamente a mí que soy una figura, un pilar fundamental de la cultura argentina, un hombre que justifica la cultura nacional, y ustedes de lo más campantes, me cortan la luz porque mi mayordomo japonés – Roberto, porque la traducción al castellano de su nombre, que en este momento no recuerdo, es Roberto. En verdad no es Roberto, pero le puse así por comodidad- se olvidó de pagar la factura (aún no entiende bien el idioma), y ustedes me cortan la luz. Nunca odié tanto a alguien, lacras capitalistas e insensibles. Ya tendrán noticias mías”.
MD: (Enérgicamente) ¡Y las tuvieron! Fui hasta la casa central, pateé puertas y le pegué a un empleado.
Conductor: Sí, recordamos ese penoso episodio. También llama la atención la carta a la Warner Brothers.
MD: (Aflojándose la corbata) ¡Ah sí! Un cálido homenaje a Groucho Marx. (Se saca la corbata).
Conductor: (Algo confundido) Sin embargo la carta es una amarga queja, déjeme citarlo.
MD: Pero ya vine (se cruza de piernas y golpea la mesa ratona de vidrio con el pie)
Conductor: No, no, citar la carta. “Señores Hermanos Warner: no puedo menos que expresar mi indignación por los últimos títulos de las cintas que producen. ¿En qué están pensando? ¿Qué clase de droga toman? Sus películas son aburridísimas, incluso dan ganas de apagarlas antes de que terminen, porque ya ni siquiera voy al cine por lo horrible de sus películas; las compro pirateadas. Sí señor, como leyeron, pi-ra-tea-das, porque los dvd´s originales son carísimos. Dejen de hacer malas películas y bajen los precios de los dvd. Se lo digo a cualquiera de los hermanos Warner que lea esta carta. Indignadísimo, MD”
MD: (Sacándose la camisa con una mano y tomando whisky con la otra) Sí, creo que fue un acto de valentía escribir esa carta. Alguien tenía que decirles sus verdades en la cara.
(El conductor mira sin entender mientras MD saca de un bolso de al lado de la silla una remera de Deff Lepar con las mangas cortadas).
Conductor: Es también notable la carta a Frank Sinatra, más aún teniendo en cuenta que lleva muerto más de 10 años.
MD: (Sacándose los pantalones) Sí, por eso está en el capítulo de "cartas póstumas".
Conductor: (Azorado más por ver a MD en calzoncillos largos que por la explicación que acaba de dar) Sí...pero, no quiero ser insistente
MD: No lo sea, entonces.
Conductor: Sinatra está muerto.
MD: (Ofuscado) Como siempre. Criticando y criticando. No, si es como yo digo, uno no puede dar un paso sin ser víctima de la envidia constante, sobre todo en este programa.
Conductor: No, no, maestro, por favor, no quise contrariarlo. Lo que me sorprende es que también le escribe a Cary Grant, Marilyn Monroe e incluso a Carlos Gardel en donde le dice “Señor Gardel: tenga a bien a dejar esa fama de buen cantor, ya que usted tuvo la precaución de morir en el esplendor de su carrera y eso evita refutar sus virtudes. Si hubiera envejecido quizás no era tan bueno. Muriendo, cualquiera es el mejor cantor del mundo”.
MD: (Poniéndose unos pantalones de cuero y unas botas tejanas) Sí, exactamente. Ahí hay trampa en esa fama de Gardel. ¡El tipo palmó a tiempo! Así yo también soy Gardel. Alguien tenía que decirlo.
Conductor: ¿Y estas cartas póstumas fueron respondidas? ¿A quién se las envió?
MD: (Harto) ¿Qué dice ahí?
Conductor: “Señor Gardel”
MD: ¿¡Entonces a quién se la voy a mandar, mamerto!? ¿A Badía? ¡A Gardel, salame, se la mandé!
Conductor: (ya sin entender nada)...Claro...Veo que se ha cambiado de ropa...en cámara.
MD: Sí, tengo una reunión en la Embajada Francesa.
Conductor: ...Ajá...bueno, seguramente el libro será un éxito...
MD: Y, esperemos que sí, porque hay que pagar cuentas y los zapatos de mi novia son bastante caros. Bueno, te tengo que dejar (se pone una campera de cuero y sube a una Harley Davidson que está a un costado del decorado.
Conductor: (mirando a todos lados) Esperemos que vuelva pronto con la segunda parte del libro.
MD: Si llega el cheque, vengo. Chau, viejo careta.
(MD arranca la moto y el motor hace un estruendo terrible)
MD: (Gritando) ¿Viste lo que es esta máquina? Un fierro. (Acelera y tira una pared de la escenografía, se escucha un insulto parecido a “todo mal ponen en este estudio, no saben hacer nada”. Se va)
Conductor: Queridos amigos, hemos asistido hoy a una entrevista interesantísima con el autor de este polémico libro, “Mis grandes éxitos epistolares”. Esperamos que lo hayan pasado bien en este espacio de la cultura. Nos vemos en la próxima emisión.
(Termina de caerse la escenografía por el choque de la moto. El conductor intenta ponerse a salvo cobardemente).
Títulos finales
Fin.
Música con cornetas...
“Los Pensadores Modernos”
(El estudio está más oscuro que nunca. El helecho fue cambiado por un extraño racimo de rosas artificiales).
Conductor: Buenas noches, queridos amigos. Hoy, en Los pensadores modernos, tenemos de invitado a un ya clásico habitué de este lugar; un polemista que accedió, muy gentilmente, a venir a nuestro programa una vez más...de hecho es el único que acepta venir. Hoy vamos a charlar de su nuevo libro, que promete ser un best seller. Con ustedes, un gran amigo, MD...
(Entra MD vestido de riguroso traje negro, con gemelos de oro, corbata de seda y un pañuelo a tono en el bolsillo).
Conductor: Querido D. ¿Cómo ha estado todo este tiempo?
MD: (Con desdén) Bah...así, como siempre.
Conductor: Hemos recibido con mucha alegría la novedad de su reciente libro...
MD: (Sigue con desgano) Y sí...
Conductor: Dígame, maestro...
MD: Maestro.
Conductor: Gracias, muchas gracias. Dígame, su nuevo libro es una promesa a la polémica. “Mis grades éxitos epistolares”. ¿De qué se trata? ¿Qué nos puede decir de él?
MD: Bueno, es un libro de 35 x 15, 120 páginas a espacio simple, tapa y contratapa blandas y está impreso en los talleres gráficos de Turdera..
Condutor: Qué bien.
MD: Sí. Y también es una recopilación de mis mejores cartas...Como no se me ocurría ninguna idea y tenía que pagar la casa de Praga, me dije “¿por qué no juntar estas cartas y publicarlas?
Luego vendrá una segunda parte, en donde se publicarán las contestaciones.
Conductor: Claro, porque sólo salen sus propias cartas, pero ninguna respuesta.
MD: Y sí...porque el inteligente soy yo (prende un cigarrillo). Quiero decir, cada vez que mando una carta, la releo y me digo “qué bien que escribo, soy brillante hasta en el género epistolar” y entonces les hago una fotocopia para leerlas otra vez, porque los demás autores me aburren.
Conductor: Qué interesante.
MD: Y bueh... (hace un ademán, mira confundido) ¿Dónde está lo que pedí?
Conductor: Maestro, díganos...
MD: Esperá un cachito. ¡El vaso! ¿Qué hay que hacer acá para que lo sirvan a uno?
(Una asistente de producción trae un vaso de whisky. El vaso es largo y está casi lleno)
MD: Gracias, querida...sí, ¿qué decías?
Conductor: El libro está dividido en capítulos, veamos...cartas de amor, amargas quejas, carta a los amigos...
MD: Sí, más que nada para darle un orden, porque la gente es media estúpida y se confunde muy fácil. Hay que darles todo servido en bandeja porque no cazan una (le pega un trago importante al whisky).
Conductor: En cartas de amor, por ejemplo, hay una misiva interesantísima a un viejo y clásico amor suyo, Titina Fernández Arriega de Álzaga.
MD: Bueno, ya empezamos con la indiscreción.
Conductor: (preocupado) ¡No, no! No me malinterprete , sólo la menciono porque usted lo hace en el libro unas...esperé que lo hemos contado...137 veces, la mayoría de ellas insultándola.
MD: Así y todo mantuve la discreción y la compostura.
Conductor: En una de las cartas le dice “Vos, que nos servís ni para espiar, ¿no te da vergüenza andar mostrándote con ese tipo justo a la salida del estreno de mi musical, usando el mismo tapado de visón que te regalé, y apenas habiéndonos separado?. No te merecés ni el término “cualquiera”. Nunca odié tanto a alguien; sos un mamarracho, vos y ese tipo. Te amo, volvé”; y lo más extraño es que está fechada el 12 de abril de 1933, y también que menciona un musical que nunca hizo.
MD: Es cierto, de hecho ni siquiera estábamos separados. Lo que pasa es que había soñado con esa escena infame y cuando me desperté, la vi durmiendo, y sentí un odio tan profundo por esa probable situación, que me fui de mi casa y le mandé esa carta (sigue tomando whisky).
Conductor: Una de sus clásicas separaciones. También sorprende la carta a Edenor. “Señores de Edenor: sepan ustedes que son unos crápulas y las peores personas que conocí en mi vida. Cortarme la luz a mí, justamente a mí que soy una figura, un pilar fundamental de la cultura argentina, un hombre que justifica la cultura nacional, y ustedes de lo más campantes, me cortan la luz porque mi mayordomo japonés – Roberto, porque la traducción al castellano de su nombre, que en este momento no recuerdo, es Roberto. En verdad no es Roberto, pero le puse así por comodidad- se olvidó de pagar la factura (aún no entiende bien el idioma), y ustedes me cortan la luz. Nunca odié tanto a alguien, lacras capitalistas e insensibles. Ya tendrán noticias mías”.
MD: (Enérgicamente) ¡Y las tuvieron! Fui hasta la casa central, pateé puertas y le pegué a un empleado.
Conductor: Sí, recordamos ese penoso episodio. También llama la atención la carta a la Warner Brothers.
MD: (Aflojándose la corbata) ¡Ah sí! Un cálido homenaje a Groucho Marx. (Se saca la corbata).
Conductor: (Algo confundido) Sin embargo la carta es una amarga queja, déjeme citarlo.
MD: Pero ya vine (se cruza de piernas y golpea la mesa ratona de vidrio con el pie)
Conductor: No, no, citar la carta. “Señores Hermanos Warner: no puedo menos que expresar mi indignación por los últimos títulos de las cintas que producen. ¿En qué están pensando? ¿Qué clase de droga toman? Sus películas son aburridísimas, incluso dan ganas de apagarlas antes de que terminen, porque ya ni siquiera voy al cine por lo horrible de sus películas; las compro pirateadas. Sí señor, como leyeron, pi-ra-tea-das, porque los dvd´s originales son carísimos. Dejen de hacer malas películas y bajen los precios de los dvd. Se lo digo a cualquiera de los hermanos Warner que lea esta carta. Indignadísimo, MD”
MD: (Sacándose la camisa con una mano y tomando whisky con la otra) Sí, creo que fue un acto de valentía escribir esa carta. Alguien tenía que decirles sus verdades en la cara.
(El conductor mira sin entender mientras MD saca de un bolso de al lado de la silla una remera de Deff Lepar con las mangas cortadas).
Conductor: Es también notable la carta a Frank Sinatra, más aún teniendo en cuenta que lleva muerto más de 10 años.
MD: (Sacándose los pantalones) Sí, por eso está en el capítulo de "cartas póstumas".
Conductor: (Azorado más por ver a MD en calzoncillos largos que por la explicación que acaba de dar) Sí...pero, no quiero ser insistente
MD: No lo sea, entonces.
Conductor: Sinatra está muerto.
MD: (Ofuscado) Como siempre. Criticando y criticando. No, si es como yo digo, uno no puede dar un paso sin ser víctima de la envidia constante, sobre todo en este programa.
Conductor: No, no, maestro, por favor, no quise contrariarlo. Lo que me sorprende es que también le escribe a Cary Grant, Marilyn Monroe e incluso a Carlos Gardel en donde le dice “Señor Gardel: tenga a bien a dejar esa fama de buen cantor, ya que usted tuvo la precaución de morir en el esplendor de su carrera y eso evita refutar sus virtudes. Si hubiera envejecido quizás no era tan bueno. Muriendo, cualquiera es el mejor cantor del mundo”.
MD: (Poniéndose unos pantalones de cuero y unas botas tejanas) Sí, exactamente. Ahí hay trampa en esa fama de Gardel. ¡El tipo palmó a tiempo! Así yo también soy Gardel. Alguien tenía que decirlo.
Conductor: ¿Y estas cartas póstumas fueron respondidas? ¿A quién se las envió?
MD: (Harto) ¿Qué dice ahí?
Conductor: “Señor Gardel”
MD: ¿¡Entonces a quién se la voy a mandar, mamerto!? ¿A Badía? ¡A Gardel, salame, se la mandé!
Conductor: (ya sin entender nada)...Claro...Veo que se ha cambiado de ropa...en cámara.
MD: Sí, tengo una reunión en la Embajada Francesa.
Conductor: ...Ajá...bueno, seguramente el libro será un éxito...
MD: Y, esperemos que sí, porque hay que pagar cuentas y los zapatos de mi novia son bastante caros. Bueno, te tengo que dejar (se pone una campera de cuero y sube a una Harley Davidson que está a un costado del decorado.
Conductor: (mirando a todos lados) Esperemos que vuelva pronto con la segunda parte del libro.
MD: Si llega el cheque, vengo. Chau, viejo careta.
(MD arranca la moto y el motor hace un estruendo terrible)
MD: (Gritando) ¿Viste lo que es esta máquina? Un fierro. (Acelera y tira una pared de la escenografía, se escucha un insulto parecido a “todo mal ponen en este estudio, no saben hacer nada”. Se va)
Conductor: Queridos amigos, hemos asistido hoy a una entrevista interesantísima con el autor de este polémico libro, “Mis grandes éxitos epistolares”. Esperamos que lo hayan pasado bien en este espacio de la cultura. Nos vemos en la próxima emisión.
(Termina de caerse la escenografía por el choque de la moto. El conductor intenta ponerse a salvo cobardemente).
Títulos finales
Fin.
miércoles, febrero 10, 2010
LLAMADO A LA BELLEZA
Estoy buscando desesperadamente la foto titulada "Laura" del libro "1983" de Dany Yako.
Yo no puedo encontrarla en internet y quisiera muchísimo tenerla en mi computadora y también mostrarla en este blog. Es una de las fotos más lindas que he visto en mi vida. Está mal ser subjetivo, pero cuando la vi el otro día en una librería, sentí una emoción enorme por esa imagen.
Si alguien la consigue, le ruego me la envíe. Y Dany, si lees esto, te pido permiso para publicar esa extraordinaria foto.
Muchas gracias.
Yo no puedo encontrarla en internet y quisiera muchísimo tenerla en mi computadora y también mostrarla en este blog. Es una de las fotos más lindas que he visto en mi vida. Está mal ser subjetivo, pero cuando la vi el otro día en una librería, sentí una emoción enorme por esa imagen.
Si alguien la consigue, le ruego me la envíe. Y Dany, si lees esto, te pido permiso para publicar esa extraordinaria foto.
Muchas gracias.
martes, febrero 02, 2010
EL ANDÉN JAMÁS SOÑADO
Creo que la conocí en un subte. No estoy seguro de eso ahora, pero conviene a este relato que haya sido así. Sí recuerdo que compartimos el asiento en el viaje. La vi un par de veces, fingiendo estar mirando a todos los pasajeros, las puertas, los carteles...todos esos trucos que uno utiliza para no quedar en evidencia. Mis amigos saben (yo también lo sé) que soy el peor seductor del mundo, así que resolví no hablarle. Sacó de su cartera un libro que me resultó conocido, un libro rarísimo: Averroés, de Renan. Me acordé de que lo había visto alguna vez en la casa de una mujer hermosa que daba una fiesta. Sé que en aquel entonces me parecía hermosa, pero francamente no recordaba cómo era y, peor aún, quién era.
“¿Lo leíste?” preguntó mi compañera de viaje. Me dejó desconcertado: no imaginé que fuera a hablarme. Creo que estuve callado dos, tres segundos e insistió con la pregunta. “No”, contesté. “Qué pena”, dijo; “pensé que después de aquella vez ibas a leerlo”. Supe enseguida que esa chica era la chica de la fiesta.
- Sí, soy yo- me dijo riendo.
- ¿Y cómo te acordás de mí?- pregunté intrigadísimo.
- Porque aquella vez soñé que te interesaba el libro y fuiste tan atento conmigo que no me sorprendió unir tu imagen con una frase escrita aquí-.
No pude entender nada.
– Por eso te estuve buscando- siguió, - para agradecerte.
- ¿Para agradecerme qué?- pregunté completamente confundido.
- Los halagos. Que me hayas amado sin conocerme, para mí es un halago.
Se levantó y dijo “S´imaginant que la tragedie n´es autre chose que l´art de louer”. Sonrió y bajó.
Desperté aturdido. Esa tarde compré (no sin esfuerzo para conseguirlo) un ejemplar del Averroés. En la página 48 figura la frase que la chica citó.
El problema es que aún no sé si yo la soñé en aquella fiesta y en el subte, o si ella me soñó a mí. Esta hipótesis parece más acertada, ya que mencionó una frase de un libro que yo no había leído jamás; la frase no es casual.
No creo tener la habilidad de inventar un amor, pero si así fuera, sería espantoso. En cambio, si ella me ha inventado a mí desde un sueño, cabría la posibilidad de la esperanza, del milagro de ser soñado otra vez por una mujer que al inventarme, me busca entre sueños. Cabría la posibilidad de ser buscado por una mujer que sueña que me ama.
Vago por los andenes de las estaciones intentando encontrarla. Yo no he vuelto a soñar con ella y ella tampoco conmigo. Esto es evidente; aún no he vuelto a verla.
“¿Lo leíste?” preguntó mi compañera de viaje. Me dejó desconcertado: no imaginé que fuera a hablarme. Creo que estuve callado dos, tres segundos e insistió con la pregunta. “No”, contesté. “Qué pena”, dijo; “pensé que después de aquella vez ibas a leerlo”. Supe enseguida que esa chica era la chica de la fiesta.
- Sí, soy yo- me dijo riendo.
- ¿Y cómo te acordás de mí?- pregunté intrigadísimo.
- Porque aquella vez soñé que te interesaba el libro y fuiste tan atento conmigo que no me sorprendió unir tu imagen con una frase escrita aquí-.
No pude entender nada.
– Por eso te estuve buscando- siguió, - para agradecerte.
- ¿Para agradecerme qué?- pregunté completamente confundido.
- Los halagos. Que me hayas amado sin conocerme, para mí es un halago.
Se levantó y dijo “S´imaginant que la tragedie n´es autre chose que l´art de louer”. Sonrió y bajó.
Desperté aturdido. Esa tarde compré (no sin esfuerzo para conseguirlo) un ejemplar del Averroés. En la página 48 figura la frase que la chica citó.
El problema es que aún no sé si yo la soñé en aquella fiesta y en el subte, o si ella me soñó a mí. Esta hipótesis parece más acertada, ya que mencionó una frase de un libro que yo no había leído jamás; la frase no es casual.
No creo tener la habilidad de inventar un amor, pero si así fuera, sería espantoso. En cambio, si ella me ha inventado a mí desde un sueño, cabría la posibilidad de la esperanza, del milagro de ser soñado otra vez por una mujer que al inventarme, me busca entre sueños. Cabría la posibilidad de ser buscado por una mujer que sueña que me ama.
Vago por los andenes de las estaciones intentando encontrarla. Yo no he vuelto a soñar con ella y ella tampoco conmigo. Esto es evidente; aún no he vuelto a verla.
jueves, enero 28, 2010
MANIFIESTO EN CONTRA DEL DESTINO (Y DEL GOLPE DE CALOR)
Para desarrollar esta especie de teoría deberé explicar cómo llegué a ella. En verdad no es tan necesario explicarlo, pero quizás el contexto ayuda.
Anoche (antes de ayer) no me sentía muy bien, el calor no ayuda a sentirse bien, y así anduve, dando tumbos. Me pegué una ducha fría (la número mil en el día) e intenté dormir con un ventilador a toda potencia; fue infructuoso. Creo que dormí un poco y salí de la cama sintiéndome peor que cuando me había acostado. Así llegó la mañana y empecé a perder lucidez; parecía un zombie. Creo que fumé un millón de cigarrillos, estaba muy nervioso. A partir de ahí tengo una laguna en la memoria, no sé qué pasó. Recuerdo estar en una librería y luego en el supermercado. Me acuerdo que la cajera me dijo “viniste temprano” y le contesté “primero hay que pasar hoy, después vemos”. Por suerte hice los trámites que tenía pendientes durante el lunes a la mañana, porque ya el cuerpo no me respondía y no hablaba con claridad (imaginen a un tipo que siente que está con 40 grados en el cuerpo, sin poder hablar bien, andando por distintos bancos haciendo trámites, es imposible). Después hay un bache en el que estoy viendo televisión acostado y ahí empieza el auténtico derrotero: dije “voy a dormir porque no me siento bien” y a partir de allí entré en la fase de “se me cayó el sistema”. Colapsé. No podía respirar. Me dio un shock (onda Susana) térmico. No sé si existe el término “shock térmico” (queda mejor que decir “golpe de calor”), pero estaba así, empecé a desvariar del todo y ya no había control corporal. No coordinaba. Decidí salir al balcón a fumar pero el cuerpo me quemaba y no podía ni prender el cigarrillo; mientras, miraba pasar a la gente. Sé que podría haber llamado a un médico pero pensé que me iba a curar si dormía un poco. En la cama empecé a hablar cosas sin sentido, no puedo recordar qué decía, pero parecía un loco. Me acuerdo que estaba insultando a muchas personas (conocía a casi todas) y cada vez que parecía que iba a dormirme, empezaba el calor infernal y otra vez a los insultos contra personas que conozco bien. Mi cabeza era una espiral, y en esa sucesión de incoherencias apareció algo que me acuerdo muy bien: vi, como si fuera un video, la misma imagen que había visto en el balcón mientras luchaba con el cigarrillo, vi a una chica muy bonita. Dije en voz alta: “si yo bajara y la mirara a los ojos, ella seguiría caminando como si nada, y alguien podría decir que eso es el destino” (quizás no fueron las palabras exactas, pero era algo así). “Pero eso no es el destino –seguí intentando decir con mucha dificultad- porque si yo hubiera bajado, debería, además de mirarla, hablarle, entonces el destino no está haciendo nada, todo lo tiene que hacer uno. En cambio, Dios, es mejor en este asunto: sólo se hace cargo de las consecuencias. Si la mina sigue caminando sin inmutarse, Dios podría haber armado esa jugada y asunto cerrado. Ahora, cuando le llaman destino, hay que trabajar mucho.
Algunas personas dicen que el destino se lo arma uno...¿entonces por qué le dicen destino a todo lo que uno inventa? Le dan mucho protagonismo a un destino ineficaz, quitándole mérito a las habilidades propias. Destino es si voy caminando por la calle y viene Pamela Anderson (no sé si dije ese nombre pero para el caso es lo mismo) y me dice “me gustás”. ¡Ahí está el destino! Ahora, si yo tengo que ir y laburarme a la mina, no es destino un cuerno, es mérito mío; o fracaso si no me da bola”.
Después me dormí, diciendo esas cosas. Por suerte, mi abuela advirtió el problema y me asistió sin problema.
Ahora, ya despierto, débil pero mejor, puedo escribir esto y lo que me sorprende es haber estado, siendo un agnóstico, tan a favor de Dios cuando intervienen el destino y el azar.
Quizás estoy intentando decir que Dios no interviene, sólo felicita o acompaña, pero una vez que los hechos han terminado; luego empieza otra historia y Dios queda como un testigo silencioso para luego volver a felicitar o acompañar, y así por siempre.
El destino tal vez hace lo mismo, pero interfiere: mira e interviene en casos extremos, como el de Pamela Anderson o si a uno se le cae un piano en la cabeza, pero si uno advierte que el piano va a caerse y se pone abajo para recibirlo, ya no es destino, es decisión.
De todos modos, ahora que recuperé toda mi lucidez, lo que me alarma es que yo estaba ahí, a punto de ir a tocar la guitarra con Gardel y ustedes como si nada. Me desplomé y ustedes dale con la fiesta, con el aire acondicionado, las piletas, la fiesta, la pileta, la fiesta, el año nuevo, las obras de teatro en Mar del Plata, los discos de Serrat, la pileta, el programa nuevo de Nicolás Repetto, la fiesta, y todas las banalidades, mientras yo me ahogaba y ya estaba a un paso, ¡¿qué digo un paso!? ¡medio paso! del fin, y ustedes dale que dale con la fiesta.
No hay más consideración, ni siquiera por un pobre moribundo como yo.
Qué destino ingrato...¡Mirá, mirá! ¡Ahí viene Pamela Anderson!
ACTUALIZACIÓN DE ALGÚN DÍA:
Mientras aún me repongo bajo los intensivos cuidados de mi abuela (que es médica pediatra, y como todos saben, yo soy un niño), paso el tiempo escuchando a la misteriosa "Ray Milland Band" con su Himno Óptico cerrando el "Badía y Cia" de 1986 (toda esa gente es misteriosamente parecida a otra).
Anoche (antes de ayer) no me sentía muy bien, el calor no ayuda a sentirse bien, y así anduve, dando tumbos. Me pegué una ducha fría (la número mil en el día) e intenté dormir con un ventilador a toda potencia; fue infructuoso. Creo que dormí un poco y salí de la cama sintiéndome peor que cuando me había acostado. Así llegó la mañana y empecé a perder lucidez; parecía un zombie. Creo que fumé un millón de cigarrillos, estaba muy nervioso. A partir de ahí tengo una laguna en la memoria, no sé qué pasó. Recuerdo estar en una librería y luego en el supermercado. Me acuerdo que la cajera me dijo “viniste temprano” y le contesté “primero hay que pasar hoy, después vemos”. Por suerte hice los trámites que tenía pendientes durante el lunes a la mañana, porque ya el cuerpo no me respondía y no hablaba con claridad (imaginen a un tipo que siente que está con 40 grados en el cuerpo, sin poder hablar bien, andando por distintos bancos haciendo trámites, es imposible). Después hay un bache en el que estoy viendo televisión acostado y ahí empieza el auténtico derrotero: dije “voy a dormir porque no me siento bien” y a partir de allí entré en la fase de “se me cayó el sistema”. Colapsé. No podía respirar. Me dio un shock (onda Susana) térmico. No sé si existe el término “shock térmico” (queda mejor que decir “golpe de calor”), pero estaba así, empecé a desvariar del todo y ya no había control corporal. No coordinaba. Decidí salir al balcón a fumar pero el cuerpo me quemaba y no podía ni prender el cigarrillo; mientras, miraba pasar a la gente. Sé que podría haber llamado a un médico pero pensé que me iba a curar si dormía un poco. En la cama empecé a hablar cosas sin sentido, no puedo recordar qué decía, pero parecía un loco. Me acuerdo que estaba insultando a muchas personas (conocía a casi todas) y cada vez que parecía que iba a dormirme, empezaba el calor infernal y otra vez a los insultos contra personas que conozco bien. Mi cabeza era una espiral, y en esa sucesión de incoherencias apareció algo que me acuerdo muy bien: vi, como si fuera un video, la misma imagen que había visto en el balcón mientras luchaba con el cigarrillo, vi a una chica muy bonita. Dije en voz alta: “si yo bajara y la mirara a los ojos, ella seguiría caminando como si nada, y alguien podría decir que eso es el destino” (quizás no fueron las palabras exactas, pero era algo así). “Pero eso no es el destino –seguí intentando decir con mucha dificultad- porque si yo hubiera bajado, debería, además de mirarla, hablarle, entonces el destino no está haciendo nada, todo lo tiene que hacer uno. En cambio, Dios, es mejor en este asunto: sólo se hace cargo de las consecuencias. Si la mina sigue caminando sin inmutarse, Dios podría haber armado esa jugada y asunto cerrado. Ahora, cuando le llaman destino, hay que trabajar mucho.
Algunas personas dicen que el destino se lo arma uno...¿entonces por qué le dicen destino a todo lo que uno inventa? Le dan mucho protagonismo a un destino ineficaz, quitándole mérito a las habilidades propias. Destino es si voy caminando por la calle y viene Pamela Anderson (no sé si dije ese nombre pero para el caso es lo mismo) y me dice “me gustás”. ¡Ahí está el destino! Ahora, si yo tengo que ir y laburarme a la mina, no es destino un cuerno, es mérito mío; o fracaso si no me da bola”.
Después me dormí, diciendo esas cosas. Por suerte, mi abuela advirtió el problema y me asistió sin problema.
Ahora, ya despierto, débil pero mejor, puedo escribir esto y lo que me sorprende es haber estado, siendo un agnóstico, tan a favor de Dios cuando intervienen el destino y el azar.
Quizás estoy intentando decir que Dios no interviene, sólo felicita o acompaña, pero una vez que los hechos han terminado; luego empieza otra historia y Dios queda como un testigo silencioso para luego volver a felicitar o acompañar, y así por siempre.
El destino tal vez hace lo mismo, pero interfiere: mira e interviene en casos extremos, como el de Pamela Anderson o si a uno se le cae un piano en la cabeza, pero si uno advierte que el piano va a caerse y se pone abajo para recibirlo, ya no es destino, es decisión.
De todos modos, ahora que recuperé toda mi lucidez, lo que me alarma es que yo estaba ahí, a punto de ir a tocar la guitarra con Gardel y ustedes como si nada. Me desplomé y ustedes dale con la fiesta, con el aire acondicionado, las piletas, la fiesta, la pileta, la fiesta, el año nuevo, las obras de teatro en Mar del Plata, los discos de Serrat, la pileta, el programa nuevo de Nicolás Repetto, la fiesta, y todas las banalidades, mientras yo me ahogaba y ya estaba a un paso, ¡¿qué digo un paso!? ¡medio paso! del fin, y ustedes dale que dale con la fiesta.
No hay más consideración, ni siquiera por un pobre moribundo como yo.
Qué destino ingrato...¡Mirá, mirá! ¡Ahí viene Pamela Anderson!
ACTUALIZACIÓN DE ALGÚN DÍA:
Mientras aún me repongo bajo los intensivos cuidados de mi abuela (que es médica pediatra, y como todos saben, yo soy un niño), paso el tiempo escuchando a la misteriosa "Ray Milland Band" con su Himno Óptico cerrando el "Badía y Cia" de 1986 (toda esa gente es misteriosamente parecida a otra).
viernes, enero 22, 2010
LA ENTRAÑABLE AMISTAD DEL VERANO

- ¿Te acordás esa noche en Hipopotamus?
- No me digás...sin un mango me quedé...
- Porque vos no sabés frenar a tiempo. Mirame a mí...
- ¿A vos te voy a mirar?
- ¡Más bien, querido! Aprendé de papá.
- Si vos pie que ponés en un lugar...no me hagás hablar
-¡Decilo!
- Dejá...
- Decilo, gil.
- Mina que te gusta, mina que te manda en cana.
- Bueh, bueh. Habló la monja de clausura.
- A mí no me agarraron nunca.
- ¡Y a mí tampoco!
- Vos...¿¡vos te acordás cuando te agarraron durmiendo en una cama en esa casa al lado de la tuya!?
- ¡Y estaba al lado! ¿Qué querés? ¡No puedo estar en todo!
- Siempre negando.
- No te calentés, Ben...¿para qué somos amigos?
- Eso me pregunto yo, Roberto.
- ¿Vamos a comer al Ufo Point?
- ¿Ahora?
- Ahora.
- Dale.
- Che, no traje la billetera. Pagá vos que yo te lo devuelvo a la noche.
- ¿¡Todos los días lo mismo!?
- Daaale, no seas botón.
- ¡Yo soy el botón! Te garpo todo y soy un botón...
- Qué carácter, Benito. Así no te vas a casar nunca.
- Tu hermana no se va a casar.
- Puede ser, pero la tuya me dijo que conmigo estaba encantada. Jaaaa. Es un chiste, Benito, ponele onda...cómo te quiero, hermano.
jueves, enero 21, 2010
LA VENTAJA DE NO IR AL CINE
Anoche pasé por un kiosco de revistas y ya están vendiendo "El Secreto de sus Ojos". Es un film extraordinario. Seguro todos la vieron, pero yo recién la vi hoy y en mi casa (no como ustedes que van a esos cines donde los asientos se mueven y la gente come, y suenan los teléfonos y cada tanto el acomodador te apunta con la linterna en la cara -sólo para molestar- y, como siempre, la mina que va con uno, se termina yendo con el señor de al lado...odio los cines, sí).

(Y a esta mujer, pero como no quiero problemas con su marido, no la menciono).
En cambio en mi casa no me pueden robar a mi novia...exceptuando aquella vez que estaba viendo un dvd muy bien acompañado y un vecino tocó la puerta para pedirme unos hielos y no sé qué, y risa va, risa viene, mi novia se fue con el vecino...no, si es como digo, no se puede ver ninguna película en ningún lado.
En fin, si no la vieron vean urgentemente El Secreto de sus Ojos, de Campanella, antes de que se gane el Oscar (porque lo va a ganar).
Chau, amo a todo mi público...agradezco este premio, quiero dedicárselo a mi novia que está sentada ahí en la segunda fila, al lado de ese señor que...la está be..¿sando?...¡Alicia! ¿A donde vas con ese tipo? ¿Cómo que no me querés más? ¿Pero no podías esperar a que agradeciera el premio?...Bueno, se lo dedico a Campanella.

(Y a esta mujer, pero como no quiero problemas con su marido, no la menciono).
martes, enero 19, 2010
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