Por Cherquis
Joven periodista inseguro y colaborador de N.S.N
Qué alegría me da volver a No Somos Nada. Fui convocado de emergencia y recontratado, ya que la última vez fui despedido. “¡Tu nota de Valeria Mazza es un bochorno! Me hacés quedar mal adelante del todo el mundo. ¡Despedido! Más que despedido...estás a un paso, un solo paso, de entrar a la lista negra del blog!” me dijo MD aquella vez; pero anoche fui a visitarlo y lo encontré tirado en el piso dando vueltas como Curly, el entrañable integrante de Los Tres Chiflados. Luego de calmarse y hablar con mucha dificultad me pidió que me hiciera cargo por hoy de N.S.N: “oíme monigote hippie y drogadicto, como todos los hippies. Andá y escribite algo para el blog, que estoy en el horno. Ya sé que te despedí, pero olvidate. Para resarcirte te voy a dar un cupón de descuento de Blockbuster y una tapita de Pepsi que vale un 2 x 1 en el Whooper Junior de Burger”. Más allá de la suculenta oferta, vuelvo a escribir por mi entrañable amistad con MD que aduce estar muy ocupado “porque tengo una vida que solucionar, no como vos que apenas conocés la calle donde vivís” y luego se puso a tomar unas pastillas que lo hicieron decir que “a la gente, habría que fusilarla” o “¿sabés cómo se soluciona lo de las monedas? Poniendo unas máquinas que conviertan la basura en monedas. Sería buenísimo. No le faltaría guita a nadie; bah, aunque le das guita a la gente y hacen cualquier cosa porque son estúpidos”. Después se quedó dormido y se despertó diciendo que tenía que hacer un experimento y que por eso tenía que seguir tomando ese remedio.
Volviendo a mi casa me pregunté qué escribir, y allí, arriba del colectivo, tuve la maravillosa idea de contar para los lectores cómo se hace No Somos Nada.
Sé que muchos pensarán que es una estupidez hacer un blog. Así parece a simple vista. ¿Es una estupidez hacer un blog? No lo creo.
En N.S.N trabajan más de 15 personas...bah, personas: hay 15 individuos involucrados, 7 de ellos son monos muy bien entrenados, y un perro que, según MD “habla como el perro de Pink Floyd”.
Llamé a MD, editor en jefe de este blog, y le anuncié mi idea. Sé que es muy celoso sobre el funcionamiento de las cosas que lo rodean, pero me dio su aprobación (“bueno, pero si llegás a contar algo que me comprometa, mando a alguien que te rompa una pierna a martillazos. Ahora dejame que tengo que ver la página de Natacha Jaitt, que es una bomba” dijo).
Hay una historia oculta detrás de este blog: al comienzo fue una aventura de varios socios que, según dicen algunos, lo fundaron para protestar contra el gobierno. Otros más intrépidos, dicen que fue abierto sólo para lavar dinero proveniente de negocios algo turbios.
La primera de estas hipótesis va ganando terreno. Todo indica que un grupo de estudiantes abrió el blog con las siglas N.S.N, que si bien para el público significa No Somos Nada, parece que en verdad eran las siglas de un partido político de izquierda llamado “Necesitamos Socialismo, Nene”. En cambio, algunos más jugados indican que se trataba de una fracción de un grupo que no quería ser identificado con otro: “No Somos Nazis”. Sea como sea, en los comienzos, N.S.N empezó como un blog de protesta, pero disimulaba su condición bajo el nombre con el que lo conocemos hoy.
Para seguir en el plan, el grupo inventó una cara visible (con una foto que facilitó una chica diciendo “a este lo conocí en el chat y es un pesado, pueden usarlo para que la cosa parezca más real” ) y le dieron un nombre de fantasía: “MD”. Los primeros post eran mensajes claramente políticos, disfrazados en poesías y cuentos inverosímiles. Habían inventado todo un código para enviar mensajes ocultos y no ser identificados por los gobernantes de turno. Por ejemplo, cuando decían “amor” estaban diciendo “necesitamos un gobierno troskista, que siente las bases de un nuevo suelo socialista”.
No se sabe bien cómo, pero a los dos meses (el tiempo exacto en donde todo el mundo se aburre de tener un blog), muchos integrantes fueron abandonando el sitio y los que quedaban se encontraron bastante aburridos. Aquí comienza la historia del blog tal cual lo conocemos hoy y podemos adjudicarlo a un golpe de suerte: cuando estaban a punto de darse a conocer como movimiento político con un post llamado “Si no instauramos una patria socialista, acá va a correr sangre. Montoneros y ERP viven de la mano de Perón” irrumpió en el bunker de estos muchachos de mentes afiebradas un prometedor joven intespestivo. No era otro que nuestro amigo MD, quien se presentó y, según dicen, empuñando un revólver, dio el ultimátum: “me googlé y encontré que soy la cara y el nombre de este blog de hippies y drogadictos, así que les hago un ofertón. Ustedes se piantan de acá, me dejan toda la estructura andando, con el público femenino incluido, se rajan muy lejos, y yo no les disparo en las rodillas”.
Quizás por el aburrimiento mencionado antes, o quizás porque el arma estaba cargada (parece que disparó al techo para acentuar la idea), los integrantes del partido renunciaron a sus cargos, aceptaron la oferta de MD y le dejaron N.S.N en pleno funcionamiento.
MD armó un equipo de trabajo (incluidos los 7 monos y el perro), reestructuró y ordenó todo lo publicado, le dio algunos toques personales, y arrancó con la aventura que aún hoy disfrutamos.
El día de trabajo comienza en las oficinas N.S.N de Puerto Madero, en donde algunos de los monos (que logran un gran mérito en jornadas que muchas veces llegan a 20 horas) presentan una carpeta con ideas que luego el equipo (aquí ya intervienen los seres humanos, aunque no siempre) evalúan y completan. En la sala de redacción, se escriben los post a un ritmo de 10 por día, que quedan guardados para ser publicados a cuentagotas. La mayoría de las veces MD no interviene, sólo los lee y los aprueba (en verdad casi nunca los lee, sólo dice “no puedo perder el tiempo, publicalo”; demostrando su confianza en el equipo. Él escribe una o dos veces por mes).
Si bien cada redactor escribe lo que quiere, se respeta una línea editorial (“háganme quedar bien con las mujeres. Los tipos que se tiren en una olla de aceite hirviendo si quieren; lo que me interesa son las minas”). Cada tanto, para los cuentos, MD da algún argumento preciso (“no sé...un tipo que ve detrás de un espejo algo...el futuro o lo que sea; y al final el tipo es muchos o nadie. Algo así, fíjense”) y los monos escriben según la idea central. Si los monos no llegaran a estar disponibles (a veces hay que esconderlos ante las reiteradas inspecciones de Asociación Amigos de los Animales por denuncias anónimas, en evidente oposición al arte), ese trabajo recae en los redactores humanos, que también para los cuentos trabajan en grupo. Si bien los post son firmados por MD, él mismo les ha prometido que si se esfuerzan algún día los va a dejar firmar con sus nombres, como ha hecho conmigo en un evidente acto de generosidad.
Pero la magia no termina allí: ahora nos trasladamos a los estudios Sonotex, en Martínez, donde se graban algunos de los post más festejados. Allí funciona la cocina de perlas del humor como “El país hoy”, “Los pensadores modernos”, “Los pastores brasileros”, el hace poco publicado “Hombre Araña” y el ya clásico “Cómo levantar minas”. Los guiones son escritos por diferentes grupos del equipo y destacamos el amplio conocimiento técnico de MD, quien se encarga personalmente de dirigir los sketches con un férreo dominio de esta disciplina (“poné la cámara ahí y después vemos cómo queda. Metele que me quiero ir” dice en un evidente acto de humildad, fingiendo un aire casual, haciéndonos recordar a los grandes realizadores como Chaplin o Welles quienes manejaban sus proyectos íntegramente).
Con los post semanales definidos, finalizados y aprobados por MD (“poné cualquiera, me da igual” dice por teléfono, en otro acto de humildad, para estimular el liderazgo y participación del equipo), la sub editora recibe el material elegido y se encarga de subirlo al blog para ser disfrutado por todos los que leen N.S.N, que mientras leen, no sospechan que ya el equipo (sobre todo los monos) está trabajando en las futuras publicaciones.
Y así se hace No Somos Nada. Espero que hayan disfrutado de la recorrida tras bambalinas de este blog, y espero que MD no se enoje mucho, ya que no le gusta revelar los secretos de trabajo porque es un romántico de la magia del arte. Él piensa que contar los procesos creativos suele ser como ver un estudio de cine en plena filmación: se pierde el misterio; y aunque nunca lo ha dicho así, nos lo da a entender con otra frase que demuestra su humildad y su intención de no dar conceptos rimbombantes como hice yo recién: “si se dan cuenta de cómo se arma esto, las minas no van a volver más. Así que quédense piolas ustedes y no se hagan los locos” nos dijo varias veces.
martes, octubre 14, 2008
miércoles, octubre 08, 2008
LA BRUJERÍA IMPERFECTA
La esperaba ahí. Desde la habitación, el ventanal apuntaba a la Avenida de Mayo.
Inmutable miraba la calle desde el tercer piso; no muy lejos de la gente, pero con suficiente distancia para no ser advertido. Tenía esa idea estúpida de que la vida es una película que le sucede a otros. Quizás le gustaba esa idea de ser el testigo de la vida de los otros. Cada tanto veía a los autos esperando cruzar el semáforo e intentaba imaginar o inventar la historia de los que iban en los vehículos. Inventaba tramas familiares, amorosas, de enemistad; todo en los segundos que tarda un semáforo en cambiar de luz.
Ahí esperaba.
Por alguna razón, no es relevante –o sí- se había confinado a ser testigo de la vida de los otros. Vio algo, alguna situación que lo hizo acariciar el vidrio. Se dio cuenta de que estaba frío, cosa que nunca sentía o no le había prestado atención hasta ese momento.
Últimamente le importaban muy poco los movimientos de la casa. Cada vez daba más días libres a sus empleados y les pedía, amablemente, que al salir apagaran las luces del departamento.. Quería estar solo.
Escuchó el ruido de la puerta principal. Escuchó la voz de Virginia llamándolo. Virginia abrió la puerta de la habitación.
- Marcos- le dijo preocupada, - ¿por qué no contestás?
Marcos se mantuvo en silencio.
- Marcos, ¿qué te pasa? – seguía preguntando inútilmente. - ¿Estás enojado? Perdoname que vine sin avisar...
-Pensé que ibas a venir- contestó en seco sin despegar la vista de la ventana.
-¿Por qué sabías?
No hubo respuesta. Marcos prendió un cigarrillo.
-Vine a devolverte las llaves- comentó Virginia un poco por dar conversación.
-Llevalas. Tengo muchas.
-Estoy muy preocupada por vos. No te puedo ver así.
-¿Cómo querés verme?
-Bien.
Marcos siguió mirando el vidrio, en un punto fijo, pero sin ver nada. Pensó que la vida es una serie de restas; una tras otra, siempre daba cero.
-¿Sabés cuánto da la suma de las vidas?- le preguntó a Virginia.
-¿Qué?- pregunto muy confundida.
-Si sabés cuánto da la suma de las vidas...da cero. Son restas, nunca suma. Por cada cosa que llega, todo lo demás se pierde.
Virginia no supo qué contestarle. Tal vez no había nada que decir. Dio media vuelta, le dijo que lo quería y antes de irse, volvió hacia él e hizo la confesión esperada:
-Marcos, no sé cómo lo vas a tomar...cuando me fui...no te quise cerca...
-Bueno, es uno de los motivos por los que la gente se va, porque ya no te quieren cerca. Más bien, porque ya no te quieren. Es lógico, ¿no?
- No, no. Sí te quise, y te quiero. Sólo estaba confundida y enojada. Yo sé que no creés en estas cosas, pero, no sé por qué, vi a una bruja, y te hice un trabajo de brujería para mantenerte lejos. Sé que es una estupidez, pero te pido perdón.
Marcos olvidó el punto fijo y bajó la vista. Perdió otra vez la mirada, ahora en los autos que pasaban.
-Ya lo sabía.
Virginia se sorprendió. Pensó que Marcos le mentía, pero no pudo evitar preguntar:
-¿Cómo sabías? Jamás creíste en brujerías.
-Es verdad- le contestó después de un silencio larguísimo. – Pero lo que sí creo es que esas cosas tienden a fallar. Y a vos te falló.
- ¿Por qué?- Insistió Virginia muy confundida.
-Porque la suma es resta y todo da cero- Marcos se dio vuelta y la miró por primera vez. –Y así como por cada cosa que llega, todo se va, cuanto más lejos me quisiste, más cerca estuve.
Marcos volvió la vista a la ventana.
-La brujería hubiera funcionado si yo no estuviera acá viendo la gente pasar, si no te estuviera escuchando. Pero ya ves, el guión no es mío, y mientras miro a los otros, me veo a mi.
Y Marcos ya no habló y Virginia se fue. Pensó que sus palabras eran tontas, pero escondían algo de cierto; y también pensó que en esas historias que tramaba en los que veía pasar, en algún momento se cruzaría con él mismo, en ese instante cuando conoció a Virginia.
Inmutable miraba la calle desde el tercer piso; no muy lejos de la gente, pero con suficiente distancia para no ser advertido. Tenía esa idea estúpida de que la vida es una película que le sucede a otros. Quizás le gustaba esa idea de ser el testigo de la vida de los otros. Cada tanto veía a los autos esperando cruzar el semáforo e intentaba imaginar o inventar la historia de los que iban en los vehículos. Inventaba tramas familiares, amorosas, de enemistad; todo en los segundos que tarda un semáforo en cambiar de luz.
Ahí esperaba.
Por alguna razón, no es relevante –o sí- se había confinado a ser testigo de la vida de los otros. Vio algo, alguna situación que lo hizo acariciar el vidrio. Se dio cuenta de que estaba frío, cosa que nunca sentía o no le había prestado atención hasta ese momento.
Últimamente le importaban muy poco los movimientos de la casa. Cada vez daba más días libres a sus empleados y les pedía, amablemente, que al salir apagaran las luces del departamento.. Quería estar solo.
Escuchó el ruido de la puerta principal. Escuchó la voz de Virginia llamándolo. Virginia abrió la puerta de la habitación.
- Marcos- le dijo preocupada, - ¿por qué no contestás?
Marcos se mantuvo en silencio.
- Marcos, ¿qué te pasa? – seguía preguntando inútilmente. - ¿Estás enojado? Perdoname que vine sin avisar...
-Pensé que ibas a venir- contestó en seco sin despegar la vista de la ventana.
-¿Por qué sabías?
No hubo respuesta. Marcos prendió un cigarrillo.
-Vine a devolverte las llaves- comentó Virginia un poco por dar conversación.
-Llevalas. Tengo muchas.
-Estoy muy preocupada por vos. No te puedo ver así.
-¿Cómo querés verme?
-Bien.
Marcos siguió mirando el vidrio, en un punto fijo, pero sin ver nada. Pensó que la vida es una serie de restas; una tras otra, siempre daba cero.
-¿Sabés cuánto da la suma de las vidas?- le preguntó a Virginia.
-¿Qué?- pregunto muy confundida.
-Si sabés cuánto da la suma de las vidas...da cero. Son restas, nunca suma. Por cada cosa que llega, todo lo demás se pierde.
Virginia no supo qué contestarle. Tal vez no había nada que decir. Dio media vuelta, le dijo que lo quería y antes de irse, volvió hacia él e hizo la confesión esperada:
-Marcos, no sé cómo lo vas a tomar...cuando me fui...no te quise cerca...
-Bueno, es uno de los motivos por los que la gente se va, porque ya no te quieren cerca. Más bien, porque ya no te quieren. Es lógico, ¿no?
- No, no. Sí te quise, y te quiero. Sólo estaba confundida y enojada. Yo sé que no creés en estas cosas, pero, no sé por qué, vi a una bruja, y te hice un trabajo de brujería para mantenerte lejos. Sé que es una estupidez, pero te pido perdón.
Marcos olvidó el punto fijo y bajó la vista. Perdió otra vez la mirada, ahora en los autos que pasaban.
-Ya lo sabía.
Virginia se sorprendió. Pensó que Marcos le mentía, pero no pudo evitar preguntar:
-¿Cómo sabías? Jamás creíste en brujerías.
-Es verdad- le contestó después de un silencio larguísimo. – Pero lo que sí creo es que esas cosas tienden a fallar. Y a vos te falló.
- ¿Por qué?- Insistió Virginia muy confundida.
-Porque la suma es resta y todo da cero- Marcos se dio vuelta y la miró por primera vez. –Y así como por cada cosa que llega, todo se va, cuanto más lejos me quisiste, más cerca estuve.
Marcos volvió la vista a la ventana.
-La brujería hubiera funcionado si yo no estuviera acá viendo la gente pasar, si no te estuviera escuchando. Pero ya ves, el guión no es mío, y mientras miro a los otros, me veo a mi.
Y Marcos ya no habló y Virginia se fue. Pensó que sus palabras eran tontas, pero escondían algo de cierto; y también pensó que en esas historias que tramaba en los que veía pasar, en algún momento se cruzaría con él mismo, en ese instante cuando conoció a Virginia.
viernes, octubre 03, 2008
EL CONCEPTO SADAIC DE LA SALUD
Situación: una charla entre profesionales (menos uno) sobre el sistema de salud.
Surge el tema de la distensión de los médicos en momentos críticos.
Un afamado galeno explica algunos problemas de recursos técnicos con conceptos muy claros:
"(...)Como responsable, si usted se pone a pensar en los riesgos y en los pocos recursos que hay en cualquier lugar, y cómo todo depende de tan poco, al final prefiere morir. No se puede seguir... por eso hay que darle un toque de liviandad al asunto, porque la seriedad que merece es demasiada para manejarla un ser humano"
Un blogger desprolijo, que ustedes conocen, se suma a la charla y completa la frase para confundir a la audiencia:
"Los hospitales son lugares muy desacertados en algún punto. El hospital es el lugar, más allá de la parte trágica, donde el tipo que entra siente que pierde toda protección. O mejor, perdés tu propia protección y entrás en un rango en el cual sos vulnerable a muchas cosas que te son ajenas. Por ejemplo: si tenés peluca, chau peluca"
(risas)
Surge el tema de la distensión de los médicos en momentos críticos.
Un afamado galeno explica algunos problemas de recursos técnicos con conceptos muy claros:
"(...)Como responsable, si usted se pone a pensar en los riesgos y en los pocos recursos que hay en cualquier lugar, y cómo todo depende de tan poco, al final prefiere morir. No se puede seguir... por eso hay que darle un toque de liviandad al asunto, porque la seriedad que merece es demasiada para manejarla un ser humano"
Un blogger desprolijo, que ustedes conocen, se suma a la charla y completa la frase para confundir a la audiencia:
"Los hospitales son lugares muy desacertados en algún punto. El hospital es el lugar, más allá de la parte trágica, donde el tipo que entra siente que pierde toda protección. O mejor, perdés tu propia protección y entrás en un rango en el cual sos vulnerable a muchas cosas que te son ajenas. Por ejemplo: si tenés peluca, chau peluca"
(risas)
miércoles, octubre 01, 2008
DIOS SALVE A YOU TUBE
Siempre estoy dando excusas, pero es muy poco el tiempo disponible y no puedo dedicarle al blog el tiempo que me gustaría.
Así que dejo para reemplazarme al increíble Bombita Rodríguez, con lo único que sobrevivió de su film "Bombita contra los burócratas sindicales del espacio"
Mañana seguro sí actualizaremos como Dios manda (aunque este video es mejor que todo lo que pueda escribir. No se lo pierdan)
Así que dejo para reemplazarme al increíble Bombita Rodríguez, con lo único que sobrevivió de su film "Bombita contra los burócratas sindicales del espacio"
Mañana seguro sí actualizaremos como Dios manda (aunque este video es mejor que todo lo que pueda escribir. No se lo pierdan)
miércoles, septiembre 24, 2008
MANSHÁ LO QUE HAY QUE HACER
Ni siquiera me voy, sólo me encuentro taciturno, tres miserables días sin dar señales a los amigos, y suena el teléfono celular. La triste y lejana voz de un amigo dice: "Menos mal, me dijeron que habías palmado"
Para desgracia de alguien que dijo que he tenido un ACV y que era finado, y para alegría de mis acreedores, ¡estoy vivo! Y no tuve ningún problema cerebral, porque kdjakdjd kadjjqdff´6666 trrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, the doo doo doo, the da da da, y el enroque.
Estoy fenómeno del cerebro.
Y entonces, para demostrar que soy yo, y no un doble de riesgo (porque tengo una escena de riesgo, como cuando abro el msn, que es pe-li-gro-sí-si-mo) hoy, a las 21, por fm ISER ( www.comfer.gov.ar ) voy a demostrar que sigo entero y hasta voy a dar una primicia, en mi categoría de columnista de "Culpa de Todos"; primicia que vengo guardando desde hace mucho. Aaahh, no sé, no sé. Habrá que escuchar. Es algo muy groso. Mmm, no sé.
Y a la próxima persona que le diga a algún amigo, familiar o allegado que espiché, doy nombres y apellidos para que los escrachen en los barrios y los señalen como diciendo, "mirá, ahí va Gabriela (pornele que se llame Gabriela) de Olivos, que dice que a Fulano de Tal le dio un A.C.V y ahora pesa 65 con cajón y todo. Pero parece que es mentira. Dicen, yo no sé, dicen, que le gusta mentir y decir esas cosas. Qué mina mentirosa y mala. Debe ser mala para decir semejante cosa". Y ahí, la otra señora que acompaña, contesta:
- sí, es mala. Me dijeron que el marido sale con la chica de acá a la vuelta...la flaquita.
- Aaah, sí. Pero ya la ves y parece que estuviera diciendo "rompo matrimonios, acá estoy"
- Ay sí. Decí que mi marido es decente, pero él me dijo que se le insinuó.
- ¿Y vos estás segura de que tu marido no hizo nada?
- ¿Pero qué me estás diciendo Alicia? ¡Por favor!
- Y bueno... viste que acá todo se sabe.
- Mirá, yo por Jorge pongo las manos en el fuego, porque será lo que será, pero infiel, no.
- ...
- ¿Qué me inisnuás?
- Ay Cecilia, date cuenta. ¡Jorge se acostó con todas!
- ¿¡Qué!? ¿¡Vos quién te creés¡?... Lo que pasa es que sangrás por la herida, porque Jorge jamás se fijó en vos.
- ¿Ah, no?
- ¿Ah, sí?
- Sííí. ¡Fuimos amantes dos años, hasta que llegó la flaquita de la vuelta!
- Qué bien, porque mientras vos te revolcabas con mi marido, yo lo hice con el tuyo...
- ¿Con Roberto?
- ¡Con TU Roberto!
- Siempre dije que tenía mal gusto.
- Sí, mirá...
Se genera una pelea entre las señoras que exceden los puños. Interviene un policía al que le sacan el arma, lo hieren levemente en una pierna, Alicia le pega un tiro a Cecilia, y ésta, malherida, le saca el revólver y le dispara. Ambas sobreviven por dispararse -textual del médico-" inadecuadamente en lugares casi irrisorios que no representan ningún peligro, salvo una molestia al servicio de salud". La prensa se hace eco de la situación y repiten la noticia infinitas veces. Los vecinos, indignados, rompen todo. Prenden fuego una unidad básica del PJ en Morón, piden la renuncia de todos los ministros del mundo, instauran un clima de miedo, se comunican por señas y condenan a la hoguera a todas las mujeres que viven en las calles de número impar por considerarlas "potencialmente peligrosas al orden y la vida cotidiana de un cristianismo bien entendido, que no acepta teorías erráticas ni conjeturas científicas, cuando se ha demostrado que todo, absolutamente todo, lo creó Dios. No hay lugar para las brujerías, que entendemos, ejercen las mujeres que habitan en calle impar".
Todo eso va a pasar...
Para desgracia de alguien que dijo que he tenido un ACV y que era finado, y para alegría de mis acreedores, ¡estoy vivo! Y no tuve ningún problema cerebral, porque kdjakdjd kadjjqdff´6666 trrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, the doo doo doo, the da da da, y el enroque.
Estoy fenómeno del cerebro.
Y entonces, para demostrar que soy yo, y no un doble de riesgo (porque tengo una escena de riesgo, como cuando abro el msn, que es pe-li-gro-sí-si-mo) hoy, a las 21, por fm ISER ( www.comfer.gov.ar ) voy a demostrar que sigo entero y hasta voy a dar una primicia, en mi categoría de columnista de "Culpa de Todos"; primicia que vengo guardando desde hace mucho. Aaahh, no sé, no sé. Habrá que escuchar. Es algo muy groso. Mmm, no sé.
Y a la próxima persona que le diga a algún amigo, familiar o allegado que espiché, doy nombres y apellidos para que los escrachen en los barrios y los señalen como diciendo, "mirá, ahí va Gabriela (pornele que se llame Gabriela) de Olivos, que dice que a Fulano de Tal le dio un A.C.V y ahora pesa 65 con cajón y todo. Pero parece que es mentira. Dicen, yo no sé, dicen, que le gusta mentir y decir esas cosas. Qué mina mentirosa y mala. Debe ser mala para decir semejante cosa". Y ahí, la otra señora que acompaña, contesta:
- sí, es mala. Me dijeron que el marido sale con la chica de acá a la vuelta...la flaquita.
- Aaah, sí. Pero ya la ves y parece que estuviera diciendo "rompo matrimonios, acá estoy"
- Ay sí. Decí que mi marido es decente, pero él me dijo que se le insinuó.
- ¿Y vos estás segura de que tu marido no hizo nada?
- ¿Pero qué me estás diciendo Alicia? ¡Por favor!
- Y bueno... viste que acá todo se sabe.
- Mirá, yo por Jorge pongo las manos en el fuego, porque será lo que será, pero infiel, no.
- ...
- ¿Qué me inisnuás?
- Ay Cecilia, date cuenta. ¡Jorge se acostó con todas!
- ¿¡Qué!? ¿¡Vos quién te creés¡?... Lo que pasa es que sangrás por la herida, porque Jorge jamás se fijó en vos.
- ¿Ah, no?
- ¿Ah, sí?
- Sííí. ¡Fuimos amantes dos años, hasta que llegó la flaquita de la vuelta!
- Qué bien, porque mientras vos te revolcabas con mi marido, yo lo hice con el tuyo...
- ¿Con Roberto?
- ¡Con TU Roberto!
- Siempre dije que tenía mal gusto.
- Sí, mirá...
Se genera una pelea entre las señoras que exceden los puños. Interviene un policía al que le sacan el arma, lo hieren levemente en una pierna, Alicia le pega un tiro a Cecilia, y ésta, malherida, le saca el revólver y le dispara. Ambas sobreviven por dispararse -textual del médico-" inadecuadamente en lugares casi irrisorios que no representan ningún peligro, salvo una molestia al servicio de salud". La prensa se hace eco de la situación y repiten la noticia infinitas veces. Los vecinos, indignados, rompen todo. Prenden fuego una unidad básica del PJ en Morón, piden la renuncia de todos los ministros del mundo, instauran un clima de miedo, se comunican por señas y condenan a la hoguera a todas las mujeres que viven en las calles de número impar por considerarlas "potencialmente peligrosas al orden y la vida cotidiana de un cristianismo bien entendido, que no acepta teorías erráticas ni conjeturas científicas, cuando se ha demostrado que todo, absolutamente todo, lo creó Dios. No hay lugar para las brujerías, que entendemos, ejercen las mujeres que habitan en calle impar".
Todo eso va a pasar...
viernes, septiembre 19, 2008
LOS EXTRANJEROS
Una noche, en un pueblo a las afueras de Ankara, todos sus habitantes se fueron a dormir sin notar nada extraño. No habría por qué notar nada extraño. Sin embargo sucedió un fenómeno que solo advirtió un extranjero: esa noche, mientras dormían, los habitantes de Ankara perdieron la memoria. Al despertar, las personas se dieron cuenta de que nadie conocía a nadie.
El extranjero, que iba en camino a los montes Pónticos y pasó la noche allí, vio con pavor como todos eran extraños. La escena que más llamó la atención (acaso la primera) fue cuando un hombre le preguntó a la mujer con la que vivía:
- ¿Usted es mi esposa?
- No lo sé. ¿Usted mi marido? -replicó ella en plena confusión. El hombre pensó un rato en silenció y dijo “no puedo contestar eso, no sé ni quién soy”
La pregunta inicial fue de los dueños de la casa en donde se hospedó esa noche. Cuando se dio cuenta de que nadie recordaba nada, él le explicó al matrimonio quienes eran; aún así no recordaban sus nombres ni sus vínculos. El hombre desmemoriado agradeció al extranjero la inútil aclaración y en muy poco tiempo el rumor de que había en el lugar alguien que sí recordaba se desplegó en todo el pueblo. Las personas se acercaron a la casa a buscar al extranjero para preguntarles quienes eran, pero no tuvieron respuesta. No conocía a nadie, salvo al matrimonio dueño de casa.
Miró a quienes lo buscaban y vio la desesperación del olvido en sus caras. Salvo algunas excepciones, todos vivían ese momento como algo eterno. No habían olvidado que tenían vidas, o que estaban en Turquía. Sólo –como si fuera poco- habían olvidado su propia historia. El extranjero, en un acto muy piadoso, viendo la angustia de quienes preguntaban, les dijo que mentía, que sí sabía, e inventó a todos una historia. Y así fue tramando nuevas vidas. Algunas, misteriosamente (tan misterioso como el azar lo permite) coincidían con las historias pasadas.
Una vez contadas todas las vidas, el hombre se marchó a los montes y pensó, acaso para justificarse, que si no mentía, el destino del olvido se adelantaría injustamente. Pensó en el pueblo de Galveston, cuando en 1900 todos sus habitantes se fueron a dormir y no despertaron nunca más. De algún modo, dejar a un pueblo sin recuerdos es matarlos un poco.
A lo largo de la vida la historia se atreve a dar cambios inexplicables.
Cuentan que a las afueras de Ankara, una noche llegó un extranjero que, por designio divino, había llegado a clarificar “la noche del olvido” como llamaron los habitantes turcos a esas fatídicas horas. Cuentan los historiadores que un matrimonio le dio alojamiento porque él había explicado que antes de irse debería ayudar al pueblo. Nadie sabía cuando llegó (no lo recordaban, ni constaba en ningún documento) pero sí cuando se fue.
En el acta civil que comenzaron ese día – por precaución- se mencionaba a todos los habitantes del pueblo, sus direcciones y sus familiares. Sabían que habían olvidado todo y que el extranjero los había hecho recordar. También figuraba que emprendía viaje al norte, camino a los montes.
Misteriosamente nadie recordaba el nombre del extranjero.
El tiempo, que sabe mucho de estas cosas, no permite, a través de los hombres, que no cambie la historia, para no alterar al olvido.
El extranjero, que iba en camino a los montes Pónticos y pasó la noche allí, vio con pavor como todos eran extraños. La escena que más llamó la atención (acaso la primera) fue cuando un hombre le preguntó a la mujer con la que vivía:
- ¿Usted es mi esposa?
- No lo sé. ¿Usted mi marido? -replicó ella en plena confusión. El hombre pensó un rato en silenció y dijo “no puedo contestar eso, no sé ni quién soy”
La pregunta inicial fue de los dueños de la casa en donde se hospedó esa noche. Cuando se dio cuenta de que nadie recordaba nada, él le explicó al matrimonio quienes eran; aún así no recordaban sus nombres ni sus vínculos. El hombre desmemoriado agradeció al extranjero la inútil aclaración y en muy poco tiempo el rumor de que había en el lugar alguien que sí recordaba se desplegó en todo el pueblo. Las personas se acercaron a la casa a buscar al extranjero para preguntarles quienes eran, pero no tuvieron respuesta. No conocía a nadie, salvo al matrimonio dueño de casa.
Miró a quienes lo buscaban y vio la desesperación del olvido en sus caras. Salvo algunas excepciones, todos vivían ese momento como algo eterno. No habían olvidado que tenían vidas, o que estaban en Turquía. Sólo –como si fuera poco- habían olvidado su propia historia. El extranjero, en un acto muy piadoso, viendo la angustia de quienes preguntaban, les dijo que mentía, que sí sabía, e inventó a todos una historia. Y así fue tramando nuevas vidas. Algunas, misteriosamente (tan misterioso como el azar lo permite) coincidían con las historias pasadas.
Una vez contadas todas las vidas, el hombre se marchó a los montes y pensó, acaso para justificarse, que si no mentía, el destino del olvido se adelantaría injustamente. Pensó en el pueblo de Galveston, cuando en 1900 todos sus habitantes se fueron a dormir y no despertaron nunca más. De algún modo, dejar a un pueblo sin recuerdos es matarlos un poco.
A lo largo de la vida la historia se atreve a dar cambios inexplicables.
Cuentan que a las afueras de Ankara, una noche llegó un extranjero que, por designio divino, había llegado a clarificar “la noche del olvido” como llamaron los habitantes turcos a esas fatídicas horas. Cuentan los historiadores que un matrimonio le dio alojamiento porque él había explicado que antes de irse debería ayudar al pueblo. Nadie sabía cuando llegó (no lo recordaban, ni constaba en ningún documento) pero sí cuando se fue.
En el acta civil que comenzaron ese día – por precaución- se mencionaba a todos los habitantes del pueblo, sus direcciones y sus familiares. Sabían que habían olvidado todo y que el extranjero los había hecho recordar. También figuraba que emprendía viaje al norte, camino a los montes.
Misteriosamente nadie recordaba el nombre del extranjero.
El tiempo, que sabe mucho de estas cosas, no permite, a través de los hombres, que no cambie la historia, para no alterar al olvido.
lunes, septiembre 15, 2008
¡LA RADIO QUE SE VE!
¡Miren! Cómo no se hace un programa de radio.
(Bloque inicial de "Culpa de Todos", el miércoles pasado)
ACLARACIÓN: nunca supe que estaban filmando, pensé que sacaban fotos...si no hubiera sido solemne y moderado.
(Bloque inicial de "Culpa de Todos", el miércoles pasado)
ACLARACIÓN: nunca supe que estaban filmando, pensé que sacaban fotos...si no hubiera sido solemne y moderado.
domingo, septiembre 14, 2008
EL PAÍS HOY
Música con Cornetas.
N.S.N presenta:
Otra edición de “El país, hoy”, el primer programa político conducido por Lito Marconi, una marioneta con hilos, tipo las del Capitán Marte o los Thunderbirds.
Lito: Qué tal, buenas noches. Bienvenidos a otra edición de “El país, hoy”. Esta noche, hemos traído a la mesa de debate más polémica. Debido a los innumerables llamados, porque no hubo ninguno, trajimos nuevamente al señor Carlos Mantana, reconocidísimo periodista ultra conservador. Nos acompaña también el señor Juan Carlos Iristaraycocihea, diputado por el Partido de Derecha Nacional; La señorita Andrea Pereyra Sarloba, asesora integral de marketing de la consultora Choto & Brothers; y el editor de No Somos Nada, Marcelo D’Onofrio.
Muy bien, el país se encuentra en una situación muy comprometida, por eso quisiera preguntarle al diputado Iristaraycocihea cómo ve al país, hoy.
Iristaraycocihea: Muchas gracias. En primer lugar, gracias Lito por invitarme. En segundo lugar, quiero agradecer a mi querido amigo Carlos Mantana, que está a aquí a mi derecha, por acompañarme en esta mesa donde hay gente, que no quisiera decirlo, pero que es un poco indeseable.
Mantana: Por favor, Juan Carlos. Te comprendo perfectamente. Es un placer compartir la mesa con vos y con la bellísima señorita Pereyra Sarloba, pero bueno...
Iristaraycocihea: Sí, no importa. No digamos nada más, porque el señor es muy sensible. Cabe destacar que la última vez casi se pone a llorar aquí.
MD: ¿De quién habla?
Mantana: Y...del señor Marconi no está hablando.
MD: ¡Entonces habla por mí! ¡Dígalo!
Iristaraycocihea: No, no. No sé. No escucho nada.
MD: ¿Cuándo lloré?
Iristaraycocihea: (ignorándolo) Ya está llorando de nuevo. Está bien. Lito querido, vos me preguntaste por el país, y la verdad que lo veo en llamas. Estamos, francamente, al borde del abismo. A cada paso que doy la gente me dice “diputado, ¿cuándo cortamos con la inseguridad? Por favor hagan algo; esto ya no puede seguir así con la inseguridad y dale que dale”. Esto ya está instalado en la ciudadanía, no es una idea mía, si no que la gente en la calle me lo hace saber. Sin ir más lejos, viniendo para acá una señora me dijo “señor, hay que terminar con el narcotráfico, nos tienen el país tomado los narcotraficantes. ¿A dónde vamos a ir a parar? Cortemos con los narcotraficantes y con el aborto, por Dios”. La señora estaba muy afligida, y yo le dije lo que ya sabemos y todos, que estamos atados de pies y manos por el neo progresismo que no nos deja implementar las leyes que debemos implementar.
Mantana: Qué lindo concepto, Carlos. Y dejame decirte que yo en mi tarea de periodista veo todos los días este reclamo que estás expresando. Ayer estuvimos en una marcha pidiendo de una vez la implementación del castigo como debe ser para los delincuentes, y sobre todo menores, que entran por una puerta y salen por la otra.
Pereyra Sarloba: De hecho, una encuesta nos indica que el 88% de la ciudadanía se quejaría muy fuerte si se necesita para frenar el avance del narcotráfico, y el 90% dice “¿por qué la plata del tren bala no la usan para combatir la inseguridad?
MD: ¿Eh? ¿Qué números son esos?
Mantana: ¡Ya está otra vez defendiendo lo indefendible!
MD: ¡No estoy defendiendo nada! Estoy preguntando los números de esa encuesta.
Mantana: No cuestione todo.
MD: ¡No dan los números! ¿¡No ves que dice 88% y 90%!? ¿Qué clase de encuesta es esa? ¡Abarca dos preguntas en una, y da cualquier resultado!
Pereyra Sarloba: (muy incómoda) Yo no sé. Lo que pasa es que la impresión ya viene así.
MD: A ver...
Pereyra Sarloba: No, no. Dejá.
MD: Por favor...
Pereyra Sarloba: No Marcelo, basta.
(Silencio muy incómodo en la mesa. Se escucha alguien que tose detrás de cámara)
Marconi: Retomando, Vos Carlos, ¿pensás que esto se puede recomponer?
Mantana: Mirá, Lito. Por lo que venimos palpando, con la impunidad que se mueve este gobierno, yo creo que estamos al borde del colapso. Tomemos de caso testigo la valija de Venezuela...quiero decir ¿amigos de quién queremos ser? ¿De Venezuela, con Chávez? ¿De Bolivia, que la maneja a piaccere un cocalero? El mundo avanza con otro dinamismo, y este país pierde una vez una oportunidad única.
Iristaraycocihea: Fijate, además, la demanda de alimentos del mundo. El planeta necesita soja, y nosotros les damos retenciones, criminales de 14 años fumadores de paco, droga libre a lo loco, porque la e-fe-dri-na va y viene, y aborto. No quiero ser alarmista, pero esto se va por la tangente. Por eso le digo a la gente que no escuche opiniones que desvían, ni falsos profetas, si no que escuchen la voz interior que pide orden, orden, orden. ¿Qué país queremos para nuestros hijos? Que nos escuchen, por eso mañana vamos a organizar un cacerolazo en contra de los que están a favor de los que están en contra.
Marconi: Me gustaría mucho saber la opinión del señor (lee la tarjeta) D’Onofrio. Se lo ve más gordo. Está más saludable que la última vez.
Iristaraycocihea: Debe ser por...
MD: ¿Por qué, a ver?
Iristaraycocihea: No, no. No quiero decir nada, a ver si llora. Nada más que se sabe que los progresistas tienen ciertas...debilidades, digamos, y por eso defienden lo que defienden. De golpe pierden 20 kilos, de golpe suben 5...y así nuestros hijos ven en personas como usted, no los míos a Dios gracias, pero un chico desprevenido lo ve a usted y dice “y ya que éssste sí, yo también”
MD: No entiendo lo que dice.
Iristaraycocihea: No entiende lo que no quiere entender, pero se comenta...
MD: ¿¡Qué se comenta!?
Iristaraycocihea: Y...no quiero decir nada, pero es bien obvio. Ese brillo en los ojos no se saca por el maquillaje.
MD: Yo te entiendo bien, pero estás muy lejos.
Mantana: ¡Se te nota la brillantina, pibe! Es una pena, pero demuestra a los (habla teatralmente, gesticulando) “¡grandes valores del progresismo!” Arrancan de jóvenes y a los 30, como mucho, palman. Un consejo, porque yo podría ser tu padre...
MD: A Dios gracias, no sos.
Iristaraycocihea: ¡Escuchá al señor! Sé respetuoso.
Mantana: yo te entiendo, pero, de verdad, sin rencores porque yo tengo hijos de tu edad, más gordo, más flaco...largá porque te vas a morir.
Iristaraycocihea: Te sentís King Kong, pero te arruinás vos.
MD: Yo no sé...yo no sé bien si ustedes dos están locos, o si esto es una ilusión. Por un momento me hacen gracia.
Mantana: No, gracia, no. Te lo dije bien claro: “se te nota la brillantina”, por eso estás a favor de la despenalización. Y si fuera, lo voy a decir claramente, si fuera “el porrito, fiera” (lo dice como en canchero) bueno, serías un bobo, pero ya lo otro...es difícil.
Iristaraycocihea: Sin contar el apoyo a los homosexuales. ¿No tenés sida ya?
MD: ¿¡Pero qué está diciendo!? Marconi, póngale un freno, o lo freno yo y no con palabras, precisamente.
Iristaraycocihea: ¿No ves que no se te puede hablar? Taaan democrático que sos. Los tipos como vos usan el fascismo como arma de comunicación. Acá hay un tema, que es obvio: un, no quiero decir adicto, pero un enfermo, porque estás enfermo, con dos enfermedades más, que no las voy a repetir.
MD: ¡Es inefable! Me hacen reír.
Mantana: Vos reíte...
MD: Mirá, creo que aumenté dos kilos...¡no sé ni por qué te digo esto!
Iristaraycocihea: ¡Aaaaay! El perseguido político.
Mantana: No se ponga en víctima
MD: ¿En víctima? Escuchame...me estás diciendo un montón de barbaridades ¿y me la tengo que fumar?
Mantana: Cada cual... Serás lo que serás, pero en el fondo sos buen pibe. Es tu vida.
Iristaraycocihea: Aparte no se lo acusa de nada de lo que usted esté en contra. ¿Está a favor de la despenalización de la droga?
MD: Querrá decir de la despenalización de la tenencia.
Iristaraycocihea: Dígalo como quiera.
MD: ¡No, no, no! ¡Acá te agarré! Es esta gente la que presta a la confusión de la opinión pública. Dicen una cosa que la hacen pasar por otra.
Iristaraycocihea: ¡No des más vueltas! Decí: estoy a favor de la merluza, de los trolos, del tren bala, de la valija, del descontrol en los boliches con sexo, sexo sexo, del aborto, de los pibes chorros, y del dale que dale y el sigue que sigue.
MD: Los voy a cagar a trompadas a los dos.
Mantana: ¡Ahí está! No niega nada y, como se desempeña todo este gobierno, se manifiesta de manera patoteril.
MD: ¡Yo no soy del gobierno!
Mantana: ¡La que se pierden! Porque ahora que estás más gordito, pueden ir con D’Elía a trompear gente decente que trabaja todos los días. Seguro que estabas a favor de las retenciones. ¿No te vieron en plaza de Mayo pegándole a la gente que se oponía a esta barbaridad? ¡Al pueblo!
MD: No, jamás estuve ahí.
Iristaraycocihea: Carlos, ¿sabés por qué se pega el virulazo? ¡Para creerle al INDEC!
Mantana: ¡Jajaja! Y seguro que pide que Moreno se quede.
Iristaraycocihea: ¿No fue a tomar un colegio en contra de Macri, usted que es tan progresista?
MD: No, no soy estudiante.
Mantana: Eso se nota.
Iristaraycocihea: Pero de todos modos, usted se puede asociar con sus amigos progresistas, y van y toman un colegio. En mi época si se te ocurría tomar un colegio, de sólo pensarlo, ¡ibas preso, viejo! Por eso le digo a la gente, que ahora que la juventud está desbordada, hay que empezar a tomar las riendas, antes de que sea demasiado tarde.
Mantana: Es que esto es un viva la joda. Están todo el día con el chingui chingui y el dale que va.
Pereyra Sarloba: De hecho, nuestro último estudio nos dice que la ciudadanía está indignadísima por la toma de los colegios y que no soporta el recorte de las becas estudiantiles, y a la vez opina que “hay que reventarlos a todos contra una pared, como antes; antes no se jorobaba” La palabra que usan es otra, pero nosotros lo damos así.
MD: ¡Pero una cosa o la otra! ¡Por favor! Esa encuesta dice cualquier cosa. ¿Y a quién le preguntan? ¿A santa fe y callao, el epicentro del campo?
Iristaraycocihea: ¡Y está en contra del campo!
MD: Estoy diciendo que la encuesta no es confiable, porque es contradictoria en todos los términos.
Pereyra Sarloba: (mirando de reojo, pero manteniendo la vista al frente, con cara muy seria) Es más confiable que algunos que dicen “te llamo mañana” y todavía estoy esperando...
(Silencio sepulcral)
Mantana: Nooo. Por favor, Sarloba, diga que lo que nosotros entendemos no es así. No usted, que es una mujer bien, mona, con futuro, un muy buen trabajo...
Pereyra Sarloba: (manteniendo la línea) No, no. Yo digo que existen hombres que sabiendo que una está por casarse después de cinco años de noviazgo, aparecen, seducen, se van y la dejan a una rompiendo un casi matrimonio y sin llamar desde hace un mes.
Mantana: ¡De nombres! Porque esa es una actitud típica del progresismo.
Iristaraycocihea: Yo no lo puedo creer. ¿Usted conoce a alguien que estaba por casarse y rompió todo por una relación fugaz? ¿¡Qué valores son esos!?
Pereyra Sarloba: (incomodísima) No, no...una amiga mía, que de golpe, vio en alguien todo lo que nunca pudo...como le dijo él “soy todo lo que tu papá te prohibió”. Y ella, creyó, pobre tonta.
MD: Andrea, por favor...
Pereyra Sarloba: (perdiendo la línea, pero no del todo) Andrea ¡qué!...¿Qué vas a decir? ¿A ver?
Iristaraycocihea: ¡Hable! Defienda una vez más lo indefendible.
MD: No, no. No estoy defendiendo nada.
Pereyra Sarloba: (Indignada) ¿Viste? Porque, te lo juro por mi vida, a mi amiga tipos no le faltan, y ella como una estúpida va y le cree al más mentiroso. (Sacadísima, perdiendo la línea del todo) ¿O perdiste el celular de nuevo? ¿O la boludita esa aparece otra vez y te dice (arrastra las palabras, pone voz nasal, despectivamente) “O Andrea o yo”. Y vos, (levanta la voz, muy alterada) ¡que sos un maricón, no te la jugás, como me la jugué yo, y vas de un lado al otro y yo como una pelotuda mirando el teléfono toda la noche esperando que suene! (se larga a llorar).
MD: ¿No podemos cortar y editar esto?
Marconi: (tomando un café en una taza chiquita, no hay que olvidar que es una marioneta) Lamentablemente, no. Bueno, se nos ha ido el programa de las manos y se nos pasó el tiempo volando, otra vez. ¿Una última reflexión?
Mantana: No, ahí está el progresismo expresado en todo su esplendor. La imagen es más que elocuente. Lamento que la señorita Pereyra Sarloba se haya visto envuelta en los enredos de esa clase de mentirosos. Espero que pueda reconstruir su vida con un hombre en serio, y no con esa clase de gente. Ahí lo tienen, ¡El ejemplo de la juventud!
Iristaraycocihea: Está todo dicho.
Marconi: Muy bien, amigos. Gracias a todos por venir. Un vaso de agua, por favor, para la señorita Pereyra. Nos vemos en la próxima emisión de “El País, Hoy”. Buenas noches.
N.S.N presenta:
Otra edición de “El país, hoy”, el primer programa político conducido por Lito Marconi, una marioneta con hilos, tipo las del Capitán Marte o los Thunderbirds.
Lito: Qué tal, buenas noches. Bienvenidos a otra edición de “El país, hoy”. Esta noche, hemos traído a la mesa de debate más polémica. Debido a los innumerables llamados, porque no hubo ninguno, trajimos nuevamente al señor Carlos Mantana, reconocidísimo periodista ultra conservador. Nos acompaña también el señor Juan Carlos Iristaraycocihea, diputado por el Partido de Derecha Nacional; La señorita Andrea Pereyra Sarloba, asesora integral de marketing de la consultora Choto & Brothers; y el editor de No Somos Nada, Marcelo D’Onofrio.
Muy bien, el país se encuentra en una situación muy comprometida, por eso quisiera preguntarle al diputado Iristaraycocihea cómo ve al país, hoy.
Iristaraycocihea: Muchas gracias. En primer lugar, gracias Lito por invitarme. En segundo lugar, quiero agradecer a mi querido amigo Carlos Mantana, que está a aquí a mi derecha, por acompañarme en esta mesa donde hay gente, que no quisiera decirlo, pero que es un poco indeseable.
Mantana: Por favor, Juan Carlos. Te comprendo perfectamente. Es un placer compartir la mesa con vos y con la bellísima señorita Pereyra Sarloba, pero bueno...
Iristaraycocihea: Sí, no importa. No digamos nada más, porque el señor es muy sensible. Cabe destacar que la última vez casi se pone a llorar aquí.
MD: ¿De quién habla?
Mantana: Y...del señor Marconi no está hablando.
MD: ¡Entonces habla por mí! ¡Dígalo!
Iristaraycocihea: No, no. No sé. No escucho nada.
MD: ¿Cuándo lloré?
Iristaraycocihea: (ignorándolo) Ya está llorando de nuevo. Está bien. Lito querido, vos me preguntaste por el país, y la verdad que lo veo en llamas. Estamos, francamente, al borde del abismo. A cada paso que doy la gente me dice “diputado, ¿cuándo cortamos con la inseguridad? Por favor hagan algo; esto ya no puede seguir así con la inseguridad y dale que dale”. Esto ya está instalado en la ciudadanía, no es una idea mía, si no que la gente en la calle me lo hace saber. Sin ir más lejos, viniendo para acá una señora me dijo “señor, hay que terminar con el narcotráfico, nos tienen el país tomado los narcotraficantes. ¿A dónde vamos a ir a parar? Cortemos con los narcotraficantes y con el aborto, por Dios”. La señora estaba muy afligida, y yo le dije lo que ya sabemos y todos, que estamos atados de pies y manos por el neo progresismo que no nos deja implementar las leyes que debemos implementar.
Mantana: Qué lindo concepto, Carlos. Y dejame decirte que yo en mi tarea de periodista veo todos los días este reclamo que estás expresando. Ayer estuvimos en una marcha pidiendo de una vez la implementación del castigo como debe ser para los delincuentes, y sobre todo menores, que entran por una puerta y salen por la otra.
Pereyra Sarloba: De hecho, una encuesta nos indica que el 88% de la ciudadanía se quejaría muy fuerte si se necesita para frenar el avance del narcotráfico, y el 90% dice “¿por qué la plata del tren bala no la usan para combatir la inseguridad?
MD: ¿Eh? ¿Qué números son esos?
Mantana: ¡Ya está otra vez defendiendo lo indefendible!
MD: ¡No estoy defendiendo nada! Estoy preguntando los números de esa encuesta.
Mantana: No cuestione todo.
MD: ¡No dan los números! ¿¡No ves que dice 88% y 90%!? ¿Qué clase de encuesta es esa? ¡Abarca dos preguntas en una, y da cualquier resultado!
Pereyra Sarloba: (muy incómoda) Yo no sé. Lo que pasa es que la impresión ya viene así.
MD: A ver...
Pereyra Sarloba: No, no. Dejá.
MD: Por favor...
Pereyra Sarloba: No Marcelo, basta.
(Silencio muy incómodo en la mesa. Se escucha alguien que tose detrás de cámara)
Marconi: Retomando, Vos Carlos, ¿pensás que esto se puede recomponer?
Mantana: Mirá, Lito. Por lo que venimos palpando, con la impunidad que se mueve este gobierno, yo creo que estamos al borde del colapso. Tomemos de caso testigo la valija de Venezuela...quiero decir ¿amigos de quién queremos ser? ¿De Venezuela, con Chávez? ¿De Bolivia, que la maneja a piaccere un cocalero? El mundo avanza con otro dinamismo, y este país pierde una vez una oportunidad única.
Iristaraycocihea: Fijate, además, la demanda de alimentos del mundo. El planeta necesita soja, y nosotros les damos retenciones, criminales de 14 años fumadores de paco, droga libre a lo loco, porque la e-fe-dri-na va y viene, y aborto. No quiero ser alarmista, pero esto se va por la tangente. Por eso le digo a la gente que no escuche opiniones que desvían, ni falsos profetas, si no que escuchen la voz interior que pide orden, orden, orden. ¿Qué país queremos para nuestros hijos? Que nos escuchen, por eso mañana vamos a organizar un cacerolazo en contra de los que están a favor de los que están en contra.
Marconi: Me gustaría mucho saber la opinión del señor (lee la tarjeta) D’Onofrio. Se lo ve más gordo. Está más saludable que la última vez.
Iristaraycocihea: Debe ser por...
MD: ¿Por qué, a ver?
Iristaraycocihea: No, no. No quiero decir nada, a ver si llora. Nada más que se sabe que los progresistas tienen ciertas...debilidades, digamos, y por eso defienden lo que defienden. De golpe pierden 20 kilos, de golpe suben 5...y así nuestros hijos ven en personas como usted, no los míos a Dios gracias, pero un chico desprevenido lo ve a usted y dice “y ya que éssste sí, yo también”
MD: No entiendo lo que dice.
Iristaraycocihea: No entiende lo que no quiere entender, pero se comenta...
MD: ¿¡Qué se comenta!?
Iristaraycocihea: Y...no quiero decir nada, pero es bien obvio. Ese brillo en los ojos no se saca por el maquillaje.
MD: Yo te entiendo bien, pero estás muy lejos.
Mantana: ¡Se te nota la brillantina, pibe! Es una pena, pero demuestra a los (habla teatralmente, gesticulando) “¡grandes valores del progresismo!” Arrancan de jóvenes y a los 30, como mucho, palman. Un consejo, porque yo podría ser tu padre...
MD: A Dios gracias, no sos.
Iristaraycocihea: ¡Escuchá al señor! Sé respetuoso.
Mantana: yo te entiendo, pero, de verdad, sin rencores porque yo tengo hijos de tu edad, más gordo, más flaco...largá porque te vas a morir.
Iristaraycocihea: Te sentís King Kong, pero te arruinás vos.
MD: Yo no sé...yo no sé bien si ustedes dos están locos, o si esto es una ilusión. Por un momento me hacen gracia.
Mantana: No, gracia, no. Te lo dije bien claro: “se te nota la brillantina”, por eso estás a favor de la despenalización. Y si fuera, lo voy a decir claramente, si fuera “el porrito, fiera” (lo dice como en canchero) bueno, serías un bobo, pero ya lo otro...es difícil.
Iristaraycocihea: Sin contar el apoyo a los homosexuales. ¿No tenés sida ya?
MD: ¿¡Pero qué está diciendo!? Marconi, póngale un freno, o lo freno yo y no con palabras, precisamente.
Iristaraycocihea: ¿No ves que no se te puede hablar? Taaan democrático que sos. Los tipos como vos usan el fascismo como arma de comunicación. Acá hay un tema, que es obvio: un, no quiero decir adicto, pero un enfermo, porque estás enfermo, con dos enfermedades más, que no las voy a repetir.
MD: ¡Es inefable! Me hacen reír.
Mantana: Vos reíte...
MD: Mirá, creo que aumenté dos kilos...¡no sé ni por qué te digo esto!
Iristaraycocihea: ¡Aaaaay! El perseguido político.
Mantana: No se ponga en víctima
MD: ¿En víctima? Escuchame...me estás diciendo un montón de barbaridades ¿y me la tengo que fumar?
Mantana: Cada cual... Serás lo que serás, pero en el fondo sos buen pibe. Es tu vida.
Iristaraycocihea: Aparte no se lo acusa de nada de lo que usted esté en contra. ¿Está a favor de la despenalización de la droga?
MD: Querrá decir de la despenalización de la tenencia.
Iristaraycocihea: Dígalo como quiera.
MD: ¡No, no, no! ¡Acá te agarré! Es esta gente la que presta a la confusión de la opinión pública. Dicen una cosa que la hacen pasar por otra.
Iristaraycocihea: ¡No des más vueltas! Decí: estoy a favor de la merluza, de los trolos, del tren bala, de la valija, del descontrol en los boliches con sexo, sexo sexo, del aborto, de los pibes chorros, y del dale que dale y el sigue que sigue.
MD: Los voy a cagar a trompadas a los dos.
Mantana: ¡Ahí está! No niega nada y, como se desempeña todo este gobierno, se manifiesta de manera patoteril.
MD: ¡Yo no soy del gobierno!
Mantana: ¡La que se pierden! Porque ahora que estás más gordito, pueden ir con D’Elía a trompear gente decente que trabaja todos los días. Seguro que estabas a favor de las retenciones. ¿No te vieron en plaza de Mayo pegándole a la gente que se oponía a esta barbaridad? ¡Al pueblo!
MD: No, jamás estuve ahí.
Iristaraycocihea: Carlos, ¿sabés por qué se pega el virulazo? ¡Para creerle al INDEC!
Mantana: ¡Jajaja! Y seguro que pide que Moreno se quede.
Iristaraycocihea: ¿No fue a tomar un colegio en contra de Macri, usted que es tan progresista?
MD: No, no soy estudiante.
Mantana: Eso se nota.
Iristaraycocihea: Pero de todos modos, usted se puede asociar con sus amigos progresistas, y van y toman un colegio. En mi época si se te ocurría tomar un colegio, de sólo pensarlo, ¡ibas preso, viejo! Por eso le digo a la gente, que ahora que la juventud está desbordada, hay que empezar a tomar las riendas, antes de que sea demasiado tarde.
Mantana: Es que esto es un viva la joda. Están todo el día con el chingui chingui y el dale que va.
Pereyra Sarloba: De hecho, nuestro último estudio nos dice que la ciudadanía está indignadísima por la toma de los colegios y que no soporta el recorte de las becas estudiantiles, y a la vez opina que “hay que reventarlos a todos contra una pared, como antes; antes no se jorobaba” La palabra que usan es otra, pero nosotros lo damos así.
MD: ¡Pero una cosa o la otra! ¡Por favor! Esa encuesta dice cualquier cosa. ¿Y a quién le preguntan? ¿A santa fe y callao, el epicentro del campo?
Iristaraycocihea: ¡Y está en contra del campo!
MD: Estoy diciendo que la encuesta no es confiable, porque es contradictoria en todos los términos.
Pereyra Sarloba: (mirando de reojo, pero manteniendo la vista al frente, con cara muy seria) Es más confiable que algunos que dicen “te llamo mañana” y todavía estoy esperando...
(Silencio sepulcral)
Mantana: Nooo. Por favor, Sarloba, diga que lo que nosotros entendemos no es así. No usted, que es una mujer bien, mona, con futuro, un muy buen trabajo...
Pereyra Sarloba: (manteniendo la línea) No, no. Yo digo que existen hombres que sabiendo que una está por casarse después de cinco años de noviazgo, aparecen, seducen, se van y la dejan a una rompiendo un casi matrimonio y sin llamar desde hace un mes.
Mantana: ¡De nombres! Porque esa es una actitud típica del progresismo.
Iristaraycocihea: Yo no lo puedo creer. ¿Usted conoce a alguien que estaba por casarse y rompió todo por una relación fugaz? ¿¡Qué valores son esos!?
Pereyra Sarloba: (incomodísima) No, no...una amiga mía, que de golpe, vio en alguien todo lo que nunca pudo...como le dijo él “soy todo lo que tu papá te prohibió”. Y ella, creyó, pobre tonta.
MD: Andrea, por favor...
Pereyra Sarloba: (perdiendo la línea, pero no del todo) Andrea ¡qué!...¿Qué vas a decir? ¿A ver?
Iristaraycocihea: ¡Hable! Defienda una vez más lo indefendible.
MD: No, no. No estoy defendiendo nada.
Pereyra Sarloba: (Indignada) ¿Viste? Porque, te lo juro por mi vida, a mi amiga tipos no le faltan, y ella como una estúpida va y le cree al más mentiroso. (Sacadísima, perdiendo la línea del todo) ¿O perdiste el celular de nuevo? ¿O la boludita esa aparece otra vez y te dice (arrastra las palabras, pone voz nasal, despectivamente) “O Andrea o yo”. Y vos, (levanta la voz, muy alterada) ¡que sos un maricón, no te la jugás, como me la jugué yo, y vas de un lado al otro y yo como una pelotuda mirando el teléfono toda la noche esperando que suene! (se larga a llorar).
MD: ¿No podemos cortar y editar esto?
Marconi: (tomando un café en una taza chiquita, no hay que olvidar que es una marioneta) Lamentablemente, no. Bueno, se nos ha ido el programa de las manos y se nos pasó el tiempo volando, otra vez. ¿Una última reflexión?
Mantana: No, ahí está el progresismo expresado en todo su esplendor. La imagen es más que elocuente. Lamento que la señorita Pereyra Sarloba se haya visto envuelta en los enredos de esa clase de mentirosos. Espero que pueda reconstruir su vida con un hombre en serio, y no con esa clase de gente. Ahí lo tienen, ¡El ejemplo de la juventud!
Iristaraycocihea: Está todo dicho.
Marconi: Muy bien, amigos. Gracias a todos por venir. Un vaso de agua, por favor, para la señorita Pereyra. Nos vemos en la próxima emisión de “El País, Hoy”. Buenas noches.
viernes, septiembre 12, 2008
BREVE HISTORIA DE UN SUEÑO A DESTIEMPO
Tal vez sólo a mí me resulte divertida esta anécdota que viví ayer, porque viene sujeta a un sueño, pero quizás tenga su lado poético. Intentaré esforzarme para relatar esta historia lo mejor posible.
Como se puede advertir, una de mis nuevas aficiones y estudios tienen que ver con la máquina LHC. Me dio muchísima satisfacción saber que la puesta en marcha del acelerador fue un éxito. Estuve pensando muchísimo en el asunto, repasando principios físicos, releyendo algunos conceptos en ensayos que yo he escrito y publicado hace tiempo. En uno de ellos infiero que este experimento podría acercarnos a vislumbrar el final del universo. También dije que dentro de todas las cosas que se pretenden descubrir, se obtendrá poco y nada (pensamiento que Hawking ha desarrollado de manera formidable); pero lo que sí se descubra será (ya es el sólo hecho de que la máquina funcione) un cambio radical en todo. Este es el experimento físico más importante de la historia. Ya nada será lo mismo.
Ayer soñaba con una mujer que conozco. Mis sueños son espantosos, porque casi siempre sueño con gente que conozco. Guardo la esperanza de soñar con alguna mujer que no conozca aún, que se me revele de forma misteriosa. Cada tanto sueño algún argumento entero de historias que descarto, ya que los sueños no son buenos consejeros para los cuentos. Enredado en ese sueño, desperté por un ruido, como una explosión eterna que venía desde el cielo. Las ventanas temblaban. Fue en ese momento, cuando uno despierta y no sabe quién es, cuando aún no se ha recordado y no conoce, o no recuerda, sus desdichas, que escuché un grito: “¡el fin del mundo!”. No sé si soñé ese grito o si alguien lo dijo desde afuera. Y allí, en ese instante donde uno no es nadie y es todos, entre el sueño y la vigilia, aturdido por el ruido y el temblor de los vidrios, pensé: “¡falló la máquina! ¡Se acabó el mundo!
Fueron tres, cuatro segundos interminables, hasta que adquirí conciencia plena, y advertí que ese estruendo era un avión que volaba bajísimo, tal vez por la visibilidad, y cuando los aviones pasan tan cerca hacen un escándalo tremendo que dura muchísimo, en donde parece que se van a caer o a estrellar con algún edificio.
En esos casi cinco segundos sentí una extrañísima angustia al sospechar que todo se terminaba, que el planeta era absorbido por un agujero negro y que todo desaparecería en unos segundos más. Fue el momento más raro de mi vida. No es usual despertarse pensando que estamos en el fin del mundo. Lo raro es que no tuve miedo, sólo una sensación de tristeza. Inmediatamente llegó el alivio. Intenté dormirme de nuevo y me di cuenta de lo influido que estoy por este asunto.
Sin embargo no es nuevo en mí. Hace un tiempo había soñado algo parecido, un argumento en donde alguien inventa una máquina que pone en riesgo al mundo, y se lo conté a una amiga. Ella me dijo “¿Y por qué tendría que ser un día solo el fin del mundo? ¿No puede ser paulatino?” Le contesté que no, que es mejor que sea repentino y que en mi sueño, la imagen final del mundo era maravillosa: el cielo cambiaba de color y se derretía. Todo lo que no debía pasar, sucedía, y mientras la gente corría despavorida, yo veía, a través del personaje, este final como algo extraordinario y bello. Mencioné también la idea de Bioy acerca del olvido de todo. Él decía que toda la obra de la humanidad está destinada al olvido, porque, salvo que alguien se tome la molestia de trasladar todo a otro planeta, cualquier rastro del hombre se extinguirá ya que La Tierra tendrá su fin algún día.
Toda la vida me han tildado de fantasioso. Ahora, veo a la fantasía como un arma a mi favor. Por supuesto, si yo contara esta sensación del fin del mundo en el colegio de escribanos, me tomarían por loco; sin embargo, me alegra saber que mi pensamiento se acerca al de Bioy Casares y no al de los escribanos.
La imaginación, la fantasía, nos permite ir más lejos. El arte y la ciencia se basan en eso. Einstein, a los 15 años, le preguntó a su hermana “¿te imaginas lo que pasaría si uno pudiera sentarse en un rayo y viajar por el universo?” La ciencia requiere de preguntas que exceden a la realidad. El arte también.
Me imagino a un abogado pragmático diciendo “ese Funes, el memorioso, no puede existir porque nadie puede recordar absolutamente todo lo que ha visto en su vida al mismo momento”.
Por suerte existen personas que plantean cosas que van más allá.
Con mucha modestia, refiero una historia que me incluye. Hace algún tiempo, jugando con los límites del universo expansible, esbocé una teoría de diversos universos reversible, sucesivos y continuos, que se contraen por la expansión de los que están allí donde se piensa que no hay nada (ya que la nada no existe, es un concepto, pero no existe). Basado en la ley de fuerza, sería algo así como “este universo se expande, por lo que detrás hay algo que ejerce una fuerza menor. Tal vez ese algo sea otro universo con planetas que jamás conoceremos, y que está condenado a desparecer mientras este universo lo contrae a través de su expansión; y luego, otro universo sucesivo, que también se expande, contraerá a este que ejercerá menos fuerza y entonces todo esto también desparecerá, y así hasta el infinito”.
Dije eso ante algunos hombres de bien, grandes abogados y hombres pragmáticos. Fui mirado con desdén y tomado por un tipo muy poco serio.
Luego enuncié la misma teoría con escritores, matemáticos, científicos y me sonrieron diciendo “es una idea muy interesante”.
No es mérito mío, si no de ellos, que entienden que para descubrir algo, o para acercarse a la belleza, hay que conocer ciertas reglas y jugar con lo imposible. A partir de allí, se pueden obtener conclusiones o lograr buenos resultados artísticos. Ese es mi trabajo. Como dijo Borges: La obligación del artista es convertir los sentimientos en aritmética. Si no lo hacemos, nos sentimos muy desdichados.
Y sobre la angustia y no el miedo del fin del mundo que tuve al despertar, me despido explicándolo con una auto cita de una reflexión anterior sobre este tema: "Hasta es poético y heroico que un planeta vuele por los aires por los malos cálculos de una máquina y no por desidia. Es mejor reventar en pos del descubrimiento que morirse creyendo que el I-Phone es el mejor invento del mundo”.
Como se puede advertir, una de mis nuevas aficiones y estudios tienen que ver con la máquina LHC. Me dio muchísima satisfacción saber que la puesta en marcha del acelerador fue un éxito. Estuve pensando muchísimo en el asunto, repasando principios físicos, releyendo algunos conceptos en ensayos que yo he escrito y publicado hace tiempo. En uno de ellos infiero que este experimento podría acercarnos a vislumbrar el final del universo. También dije que dentro de todas las cosas que se pretenden descubrir, se obtendrá poco y nada (pensamiento que Hawking ha desarrollado de manera formidable); pero lo que sí se descubra será (ya es el sólo hecho de que la máquina funcione) un cambio radical en todo. Este es el experimento físico más importante de la historia. Ya nada será lo mismo.
Ayer soñaba con una mujer que conozco. Mis sueños son espantosos, porque casi siempre sueño con gente que conozco. Guardo la esperanza de soñar con alguna mujer que no conozca aún, que se me revele de forma misteriosa. Cada tanto sueño algún argumento entero de historias que descarto, ya que los sueños no son buenos consejeros para los cuentos. Enredado en ese sueño, desperté por un ruido, como una explosión eterna que venía desde el cielo. Las ventanas temblaban. Fue en ese momento, cuando uno despierta y no sabe quién es, cuando aún no se ha recordado y no conoce, o no recuerda, sus desdichas, que escuché un grito: “¡el fin del mundo!”. No sé si soñé ese grito o si alguien lo dijo desde afuera. Y allí, en ese instante donde uno no es nadie y es todos, entre el sueño y la vigilia, aturdido por el ruido y el temblor de los vidrios, pensé: “¡falló la máquina! ¡Se acabó el mundo!
Fueron tres, cuatro segundos interminables, hasta que adquirí conciencia plena, y advertí que ese estruendo era un avión que volaba bajísimo, tal vez por la visibilidad, y cuando los aviones pasan tan cerca hacen un escándalo tremendo que dura muchísimo, en donde parece que se van a caer o a estrellar con algún edificio.
En esos casi cinco segundos sentí una extrañísima angustia al sospechar que todo se terminaba, que el planeta era absorbido por un agujero negro y que todo desaparecería en unos segundos más. Fue el momento más raro de mi vida. No es usual despertarse pensando que estamos en el fin del mundo. Lo raro es que no tuve miedo, sólo una sensación de tristeza. Inmediatamente llegó el alivio. Intenté dormirme de nuevo y me di cuenta de lo influido que estoy por este asunto.
Sin embargo no es nuevo en mí. Hace un tiempo había soñado algo parecido, un argumento en donde alguien inventa una máquina que pone en riesgo al mundo, y se lo conté a una amiga. Ella me dijo “¿Y por qué tendría que ser un día solo el fin del mundo? ¿No puede ser paulatino?” Le contesté que no, que es mejor que sea repentino y que en mi sueño, la imagen final del mundo era maravillosa: el cielo cambiaba de color y se derretía. Todo lo que no debía pasar, sucedía, y mientras la gente corría despavorida, yo veía, a través del personaje, este final como algo extraordinario y bello. Mencioné también la idea de Bioy acerca del olvido de todo. Él decía que toda la obra de la humanidad está destinada al olvido, porque, salvo que alguien se tome la molestia de trasladar todo a otro planeta, cualquier rastro del hombre se extinguirá ya que La Tierra tendrá su fin algún día.
Toda la vida me han tildado de fantasioso. Ahora, veo a la fantasía como un arma a mi favor. Por supuesto, si yo contara esta sensación del fin del mundo en el colegio de escribanos, me tomarían por loco; sin embargo, me alegra saber que mi pensamiento se acerca al de Bioy Casares y no al de los escribanos.
La imaginación, la fantasía, nos permite ir más lejos. El arte y la ciencia se basan en eso. Einstein, a los 15 años, le preguntó a su hermana “¿te imaginas lo que pasaría si uno pudiera sentarse en un rayo y viajar por el universo?” La ciencia requiere de preguntas que exceden a la realidad. El arte también.
Me imagino a un abogado pragmático diciendo “ese Funes, el memorioso, no puede existir porque nadie puede recordar absolutamente todo lo que ha visto en su vida al mismo momento”.
Por suerte existen personas que plantean cosas que van más allá.
Con mucha modestia, refiero una historia que me incluye. Hace algún tiempo, jugando con los límites del universo expansible, esbocé una teoría de diversos universos reversible, sucesivos y continuos, que se contraen por la expansión de los que están allí donde se piensa que no hay nada (ya que la nada no existe, es un concepto, pero no existe). Basado en la ley de fuerza, sería algo así como “este universo se expande, por lo que detrás hay algo que ejerce una fuerza menor. Tal vez ese algo sea otro universo con planetas que jamás conoceremos, y que está condenado a desparecer mientras este universo lo contrae a través de su expansión; y luego, otro universo sucesivo, que también se expande, contraerá a este que ejercerá menos fuerza y entonces todo esto también desparecerá, y así hasta el infinito”.
Dije eso ante algunos hombres de bien, grandes abogados y hombres pragmáticos. Fui mirado con desdén y tomado por un tipo muy poco serio.
Luego enuncié la misma teoría con escritores, matemáticos, científicos y me sonrieron diciendo “es una idea muy interesante”.
No es mérito mío, si no de ellos, que entienden que para descubrir algo, o para acercarse a la belleza, hay que conocer ciertas reglas y jugar con lo imposible. A partir de allí, se pueden obtener conclusiones o lograr buenos resultados artísticos. Ese es mi trabajo. Como dijo Borges: La obligación del artista es convertir los sentimientos en aritmética. Si no lo hacemos, nos sentimos muy desdichados.
Y sobre la angustia y no el miedo del fin del mundo que tuve al despertar, me despido explicándolo con una auto cita de una reflexión anterior sobre este tema: "Hasta es poético y heroico que un planeta vuele por los aires por los malos cálculos de una máquina y no por desidia. Es mejor reventar en pos del descubrimiento que morirse creyendo que el I-Phone es el mejor invento del mundo”.
miércoles, septiembre 10, 2008
MISCELÁNEAS
Esto es algo de lo que más me gusta. Si queda algún lector de la primera hora, algún lector de la doctrina de base y no de estas derivaciones, sabrá de mi afición a las misceláneas. De todos modos, los hay más jóvenes, más grandes, mas entusiastas, más doctrinarios, todos se llaman de diferentes maneras, pero todos somos nosomosnadistas
Ordenando unos papeles encontré muchos apuntes de mi paso por la universidad. Allí, había un pedazo de hoja arrancado (luego entendí que fue intencionalmente para salvarlo de cualquier intento de ir a parar a la basura). Esa hoja era un examen de Psicología aplicada a la Publicidad. En la respuesta número uno, que fue la única que sobrevivió a la rotura y el olvido, decía esto: "Luego de la aplicación del catéter ventricular, comprendió todo. ¿Cómo es posible que existan 25 cuervos por cada serpiente? Clara preguntó."
¡Clara preguntó! Creo que fue en ese examen cuando me di cuenta de que estaba en la carrera equivocada. La respuesta me parece muy original, lo que no comprendo aún es por qué escribí "Clara preguntó" luego de la pregunta y no antes...misterios de la vida.
Es posible (o no, todo está sujeto a modificaciones) que hoy sea el último día del mundo. Ya sabrán, como venimos diciendo en este blog, que hoy se activa "La máquina de Dios", esa maravilla de la nanotecnología que pone en riesgo al planeta entero.
Breve resumen: la máquina, construida por el mismísimo diablo, y enterrada a las afueras de Ginebra, es una especie de centrifugador subterráneo de 27 km de diámetro (yo escribí una vez aquí, que como mucho tenía 10 kilómetros, demostrando mi ingenuidad e ignorancia)que gira a una velocidad tremenda (aquí en La Nación dice " 0,9999999% de la velocidad de la luz o hasta mil millones de kilómetros por hora" pero 0,999... etc debe leerse como 1 -eso lo digo yo a riesgo de equivocarme-) y logrará un choque de partículas que imitarán la creación del universo.
Algunos críticos dicen que esta máquina va a generar un agujero negro que podría absorber al planeta (la primera teoría implicaba un desfasaje espacio-tiempo a 10 km a la redonda, y se fue ampliando a todo el mundo).
Hay muchos científicos implicados en esto y lo cierto es que la máquina parece segura, pero no es imposible que los cálculos fallen.
Hay dos cosas que se pueden inferir: La primera, obviamente, es que este experimento cambiará la física para siempre.
La segunda, es que una de las funciones de la máquina es comprobar la existencia del Campo de Higgs, un espacio que ocupa el vacío mismo en donde las partículas que no interactúan con otras toman masa cero. El campo de Higgs, sería en sí, una partícula elemental aun incomprobable.
Si no me equivoco, Einstein (y lo hemos citado hace poco) en el tercer anal de La Teoría de la Relatividad, explica, a través de las ecuaciones relativas, que un cuerpo cuanto más se acerca a la velocidad de la luz, toma volumen cero, masa indefinida y se lentifica el tiempo, ergo, ningún cuerpo puede viajar a la velocidad de la luz. E=MCª ("ª"= al cuadrado, no sé como se escribe en esta computadora la potencia). Nada puede adquirir ese volumen ni esa masa.
En la Nación hay una sub nota en donde el genial Stepehen Hawking dice que apostó 100 dólares a que no van a encontrar el campo de Higgs. "Creo que sería mucho más excitante si no lo halláramos. Eso demostraría que algo está mal y que necesitamos pensar de nuevo muchas cosas. Aposté 100 dólares a que no vamos a encontrar el Higgs".
Yo, que de esto no entiendo nada, espero que no aparezca tal partícula y que Hawkin tenga razón, y que Einstein también siempre haya tenido razón, porque de lo contrario...
Si por alguna casualidad este llega a ser el último día del mundo, me gustaría despedirme diciendo "No hice otra cosa que buscar la belleza allí donde los demás no veían nada. Creí siempre haberme acercado a algo, pero a cada paso notaba que la grandeza del mundo es demasiada para un solo hombre. Así me alejé, sin darme cuenta, de donde partí y jamás llegué a ningún lado. Sin embargo, aquí, en medio de la nada, sigo buscando, acaso como si sólo mi propio final fuera el único límite".
En caso de que el todos sobrevivamos a estos científicos que ponen a la humanidad en riesgo por una partícula, aviso que aun no pagaré ninguna de mis deudas.
Y si sobrevivimos, podemos escuchar para festejar, a las 21 hs, por FM ISER (www.comfer.gov.ar) "Culpa de Todos".
Me voy, esperando que nos volvamos a ver.

El dream team de la radio (el extraordinario Martín Calcabrini, la espléndida Heidy Barrientos, y uno que pasaba por ahí, en pleno trabajo)
Ordenando unos papeles encontré muchos apuntes de mi paso por la universidad. Allí, había un pedazo de hoja arrancado (luego entendí que fue intencionalmente para salvarlo de cualquier intento de ir a parar a la basura). Esa hoja era un examen de Psicología aplicada a la Publicidad. En la respuesta número uno, que fue la única que sobrevivió a la rotura y el olvido, decía esto: "Luego de la aplicación del catéter ventricular, comprendió todo. ¿Cómo es posible que existan 25 cuervos por cada serpiente? Clara preguntó."
¡Clara preguntó! Creo que fue en ese examen cuando me di cuenta de que estaba en la carrera equivocada. La respuesta me parece muy original, lo que no comprendo aún es por qué escribí "Clara preguntó" luego de la pregunta y no antes...misterios de la vida.
Es posible (o no, todo está sujeto a modificaciones) que hoy sea el último día del mundo. Ya sabrán, como venimos diciendo en este blog, que hoy se activa "La máquina de Dios", esa maravilla de la nanotecnología que pone en riesgo al planeta entero.
Breve resumen: la máquina, construida por el mismísimo diablo, y enterrada a las afueras de Ginebra, es una especie de centrifugador subterráneo de 27 km de diámetro (yo escribí una vez aquí, que como mucho tenía 10 kilómetros, demostrando mi ingenuidad e ignorancia)que gira a una velocidad tremenda (aquí en La Nación dice " 0,9999999% de la velocidad de la luz o hasta mil millones de kilómetros por hora" pero 0,999... etc debe leerse como 1 -eso lo digo yo a riesgo de equivocarme-) y logrará un choque de partículas que imitarán la creación del universo.
Algunos críticos dicen que esta máquina va a generar un agujero negro que podría absorber al planeta (la primera teoría implicaba un desfasaje espacio-tiempo a 10 km a la redonda, y se fue ampliando a todo el mundo).
Hay muchos científicos implicados en esto y lo cierto es que la máquina parece segura, pero no es imposible que los cálculos fallen.
Hay dos cosas que se pueden inferir: La primera, obviamente, es que este experimento cambiará la física para siempre.
La segunda, es que una de las funciones de la máquina es comprobar la existencia del Campo de Higgs, un espacio que ocupa el vacío mismo en donde las partículas que no interactúan con otras toman masa cero. El campo de Higgs, sería en sí, una partícula elemental aun incomprobable.
Si no me equivoco, Einstein (y lo hemos citado hace poco) en el tercer anal de La Teoría de la Relatividad, explica, a través de las ecuaciones relativas, que un cuerpo cuanto más se acerca a la velocidad de la luz, toma volumen cero, masa indefinida y se lentifica el tiempo, ergo, ningún cuerpo puede viajar a la velocidad de la luz. E=MCª ("ª"= al cuadrado, no sé como se escribe en esta computadora la potencia). Nada puede adquirir ese volumen ni esa masa.
En la Nación hay una sub nota en donde el genial Stepehen Hawking dice que apostó 100 dólares a que no van a encontrar el campo de Higgs. "Creo que sería mucho más excitante si no lo halláramos. Eso demostraría que algo está mal y que necesitamos pensar de nuevo muchas cosas. Aposté 100 dólares a que no vamos a encontrar el Higgs".
Yo, que de esto no entiendo nada, espero que no aparezca tal partícula y que Hawkin tenga razón, y que Einstein también siempre haya tenido razón, porque de lo contrario...
Si por alguna casualidad este llega a ser el último día del mundo, me gustaría despedirme diciendo "No hice otra cosa que buscar la belleza allí donde los demás no veían nada. Creí siempre haberme acercado a algo, pero a cada paso notaba que la grandeza del mundo es demasiada para un solo hombre. Así me alejé, sin darme cuenta, de donde partí y jamás llegué a ningún lado. Sin embargo, aquí, en medio de la nada, sigo buscando, acaso como si sólo mi propio final fuera el único límite".
En caso de que el todos sobrevivamos a estos científicos que ponen a la humanidad en riesgo por una partícula, aviso que aun no pagaré ninguna de mis deudas.
Y si sobrevivimos, podemos escuchar para festejar, a las 21 hs, por FM ISER (www.comfer.gov.ar) "Culpa de Todos".
Me voy, esperando que nos volvamos a ver.

El dream team de la radio (el extraordinario Martín Calcabrini, la espléndida Heidy Barrientos, y uno que pasaba por ahí, en pleno trabajo)
lunes, septiembre 08, 2008
LA CONCIENCIA DEL CHANCHO
Borges escribió alguna vez que Espinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser. La piedra eternamente quiere ser piedra, y el tigre, un tigre.
Espinoza, en sus encíclicas, sugirió que si la piedra tuviera conciencia de estar cayendo, pensaría que lo hace por voluntad propia.
Hay un fenómeno de conciencia que merece ser resaltado: la conciencia del chancho.
El chancho, al igual que muchos animales (tal vez todos) desconoce su condición porcina.
El perro, que es perro y tampoco lo sabe, tiene otra forma de conciencia: moldeable. A un perro se le puede hacer creer que es un mueble. De hecho, el perro cree, si está rodeado por personas, que es una de ellas.
En cambio, el chancho puede vivir con una familia humana y jamás se reconocerá como un integrante. La conciencia del chancho es abstracta, acaso como si fuera un silencioso testigo de la realidad. El animal no sabe si es un pedazo del mundo o si está incluido en él.
Podemos ir más lejos: si un chancho reencarnara otra vez en su condición, sería lo mismo porque desconoce su propia memoria.
La clave de la conciencia es la memoria; pero el chancho no recuerda nada.
Algunos dicen que ese desdén por el recuerdo es intencional. Sin embargo, me permito refutar esa idea. El chancho desconoce su pasado como su expectativa futura. Todo en este simpático animal es presente.
El perro, por el contrario, necesita de una memoria aunque sea corta. Eso le posibilita, por ejemplo, ubicarse en el espacio, por ende también en el tiempo. Cualquier perro puede ir y volver a lo largo de veinte cuadras con cierta ubicación. Reconoce las casas, la gente, las calles; hace un estudio de su alrededor. Por eso no hay chanchos en la ciudad. Simplemente se perderían al dar el primer paso y cada centímetro de cuadra sería su casa perpetua.
El perro, quizás también los caballos, una vez que adquieren conciencia sobre sí mismos (falsa o real) recuerdan algunas cosas y, gracias a esa pequeña conciencia del tiempo, espacio y condición, interpretan el presente. Por supuesto que no pueden proyectar hacia el futuro. Pero la conciencia del chancho es tan persistente en su ignorancia porcina, que ni siquiera puede imaginar sus múltiples posibilidades futuras, por ejemplo, ser un jamón.
Si el chancho supiera que es un chancho, sabría, por una concatenación lógica, que indefectiblemente va a ir a parar a una góndola de supermercado o a una parrilla. Si llegara a sospechar eso, inmediatamente una angustia se apoderaría de él y ya no querría seguir siendo lo que es. Intentaría expresarse, escribir una poesía, perpetuarse en el tiempo. Pero no. El chancho sigue ahí, ignorando cualquier posibilidad. Nada le importa, nada lo afecta. Tampoco puede gozar de ese presente continuo. Vive despreocupado, sin sospechar nada, ni siquiera que está vivo.
La indiferencia del chancho es proverbial. Uno puede hablarle durante años y decirle “vos sos un chancho, vos sos un chancho”, pero sería inútil.
Es por eso que la conciencia del chancho es persistente. Y también por eso, el chancho es inmortal. Desconoce todo. Quien ha visto a un chancho, los ha visto a todos. No hay ninguna diferencia entre un cerdo nacido en las pampas argentinas y uno escocés. Ni siquiera nacidos con cien años de diferencia. La conciencia, al no tener memoria, es la misma, y todos los chanchos son uno, y todos son del tiempo y todos del olvido.
No estaría mal tampoco creer que el chancho sabe que es chancho, y que no tiene escapatoria a su condición. Por eso mantiene un sabio silencio. Porque sabe que no hay nada que decir y que nada puede hacer. Pero de ser así, sólo su conciencia lo sabe. Quizás el chancho quiere perseverar en su ser, y de algún modo, lo logra.
Espinoza, en sus encíclicas, sugirió que si la piedra tuviera conciencia de estar cayendo, pensaría que lo hace por voluntad propia.
Hay un fenómeno de conciencia que merece ser resaltado: la conciencia del chancho.
El chancho, al igual que muchos animales (tal vez todos) desconoce su condición porcina.
El perro, que es perro y tampoco lo sabe, tiene otra forma de conciencia: moldeable. A un perro se le puede hacer creer que es un mueble. De hecho, el perro cree, si está rodeado por personas, que es una de ellas.
En cambio, el chancho puede vivir con una familia humana y jamás se reconocerá como un integrante. La conciencia del chancho es abstracta, acaso como si fuera un silencioso testigo de la realidad. El animal no sabe si es un pedazo del mundo o si está incluido en él.
Podemos ir más lejos: si un chancho reencarnara otra vez en su condición, sería lo mismo porque desconoce su propia memoria.
La clave de la conciencia es la memoria; pero el chancho no recuerda nada.
Algunos dicen que ese desdén por el recuerdo es intencional. Sin embargo, me permito refutar esa idea. El chancho desconoce su pasado como su expectativa futura. Todo en este simpático animal es presente.
El perro, por el contrario, necesita de una memoria aunque sea corta. Eso le posibilita, por ejemplo, ubicarse en el espacio, por ende también en el tiempo. Cualquier perro puede ir y volver a lo largo de veinte cuadras con cierta ubicación. Reconoce las casas, la gente, las calles; hace un estudio de su alrededor. Por eso no hay chanchos en la ciudad. Simplemente se perderían al dar el primer paso y cada centímetro de cuadra sería su casa perpetua.
El perro, quizás también los caballos, una vez que adquieren conciencia sobre sí mismos (falsa o real) recuerdan algunas cosas y, gracias a esa pequeña conciencia del tiempo, espacio y condición, interpretan el presente. Por supuesto que no pueden proyectar hacia el futuro. Pero la conciencia del chancho es tan persistente en su ignorancia porcina, que ni siquiera puede imaginar sus múltiples posibilidades futuras, por ejemplo, ser un jamón.
Si el chancho supiera que es un chancho, sabría, por una concatenación lógica, que indefectiblemente va a ir a parar a una góndola de supermercado o a una parrilla. Si llegara a sospechar eso, inmediatamente una angustia se apoderaría de él y ya no querría seguir siendo lo que es. Intentaría expresarse, escribir una poesía, perpetuarse en el tiempo. Pero no. El chancho sigue ahí, ignorando cualquier posibilidad. Nada le importa, nada lo afecta. Tampoco puede gozar de ese presente continuo. Vive despreocupado, sin sospechar nada, ni siquiera que está vivo.
La indiferencia del chancho es proverbial. Uno puede hablarle durante años y decirle “vos sos un chancho, vos sos un chancho”, pero sería inútil.
Es por eso que la conciencia del chancho es persistente. Y también por eso, el chancho es inmortal. Desconoce todo. Quien ha visto a un chancho, los ha visto a todos. No hay ninguna diferencia entre un cerdo nacido en las pampas argentinas y uno escocés. Ni siquiera nacidos con cien años de diferencia. La conciencia, al no tener memoria, es la misma, y todos los chanchos son uno, y todos son del tiempo y todos del olvido.
No estaría mal tampoco creer que el chancho sabe que es chancho, y que no tiene escapatoria a su condición. Por eso mantiene un sabio silencio. Porque sabe que no hay nada que decir y que nada puede hacer. Pero de ser así, sólo su conciencia lo sabe. Quizás el chancho quiere perseverar en su ser, y de algún modo, lo logra.
viernes, septiembre 05, 2008
GRACIAS
Debería ya haber pasado la etapa "blog-diario" pero no puedo (ni debo), dejar de agradecer a todos los amigos que me han saludado. La verdad me sorprendieron; creo que jamás me llamaron tanto para un cumpleaños. Y yo, que soy un poco negado a los festejos y a los saludos, esta vez me sorprendí mucho y me han ganado con cariño. Espero estar a la altura de la amistad de todos los que llamaron o mandaron un mensaje. Entiendo que estoy rodeado de gente de mucha calidad y cariño, y no lo digo porque den gestos amistosos conmigo, si no porque se les nota y aprovecho esta excusa, para yo saludarlos a ustedes.
Que se acuerden de uno y encima se tomen la molestia de saludar, de pasar por casa, es todo un hecho.
Es bueno saber que uno está más acompañado de lo que cree.
A todos los que hayan tenido la deferencia de estar aquí hoy, gracias.
Larga Vida a Los Amigos.
Y ahora, que estoy entrando casi en los 20, me voy a dedicar a representar bandas, y como retribución, les dejo este adelanto de una agrupación (o conjunto) que va a ser un boom. Yo creo que va a caminar.
Y siguiendo en plan de fiesta, otra vez Metropoli, pero con su nuevo corte (es muy pegadizo el estrebillo "mi amooor, se va a coagular, presionado por tu contractura") -todo esto último robado descaradamente del blog de Marchi-.
Que se acuerden de uno y encima se tomen la molestia de saludar, de pasar por casa, es todo un hecho.
Es bueno saber que uno está más acompañado de lo que cree.
A todos los que hayan tenido la deferencia de estar aquí hoy, gracias.
Larga Vida a Los Amigos.
Y ahora, que estoy entrando casi en los 20, me voy a dedicar a representar bandas, y como retribución, les dejo este adelanto de una agrupación (o conjunto) que va a ser un boom. Yo creo que va a caminar.
Y siguiendo en plan de fiesta, otra vez Metropoli, pero con su nuevo corte (es muy pegadizo el estrebillo "mi amooor, se va a coagular, presionado por tu contractura") -todo esto último robado descaradamente del blog de Marchi-.
lunes, septiembre 01, 2008
EL PERSISTENTE SUEÑO DE ARENA
Las cárceles, como la arena, son eternas. Me atrevo a comparar, con cierta vulgaridad, a la cárcel con la arena, porque mis sueños son invadidos por la arena. No veo otra cosa que una infinita sucesión de granos que intento contar uno a uno. Maldito sea el que dijo que el sueño es la libertad del preso. En mis sueños no hay libertad alguna, solo es la prolongación de la condena.
Quién sabe hace cuánto estoy aquí encerrado; tal vez yo lo sepa, o tal vez no. No hay diferencia alguna. No recuerdo el mundo tal como era cuando yo era libre; menos puedo imaginar cómo es ahora, después de tantos años. Algunos hablan de progresos (muchos inverosímiles, sé que me mienten), pero en verdad ya no me interesa saber ni conocer nada de lo que esté afuera de estas paredes.
Cada vez que me duermo, abatido en el desgano, vuelvo a soñar con la arena. Ahí estoy parado en millones de kilómetros de arena. Ni siquiera se ve un horizonte. Alguna vez, al principio, supuse que este sueño significaba una especie de reloj. Alguna noche vi que los granos tomaban formas. Sabía que en cada uno de ellos había una clave, algún significado. Mi misión, mejor dicho, la misión del que soy cuando sueño, es descifrar y unir esas claves. Por eso los sueños se han vuelto pesadillas: porque ese falso reloj mide un tiempo variable en un espacio fijo pero indeterminado. Aquello que debería ser una evasión, no es más que un calvario.
Cuando despierto, todo sigue allí: imperfecto.
La cárcel es un infierno. No porque el mismísimo diablo mande aquí (que lo hace), si no porque el infierno toma su condición de infernal al ser eterno. No es la tortura lo doloroso; lo doloroso es saber que no hay final para esa tortura. La incertidumbre, la espera del fin de la condena, el no paso del tiempo (o el paso lentísimo y agobiante) es lo que convierte a este lugar en un lugar infinito y doloroso.
He visto hombres morir bestialmente. He visto la humillación y todos los males posibles. Y he visto, en los condenados perpetuos –como yo-, al ser asesinados, morir con una sonrisa. Esa es la imperfección del infierno: la grieta que permite el escape, el fin del tormento. No hay aquí otra cosa más cercana a la caricia de Dios que la muerte.
Yo no muero y mi infierno se hace físico y mental. He llegado a pensar que el mundo es de arena, que yo soy de arena, y que la cárcel es un sueño. Daría lo mismo. Si no he muerto aun, es porque sé que los destinos son inalterables; y el mío es averiguar qué hay detrás de ese sueño.
Los muros son altos, demasiado altos. Piedras chicas, piedras grandes. Paredes infinitas. Cada ladrillo, cada piedra es como un grano de arena: esconden algo indescifrable. Tal vez la cárcel es la prolongación de la memoria de los muertos. Otros presos han visto estas paredes miles de veces. Por eso siento que yo soy ellos, porque en mi memoria persisten sus más espantosas esperas. Cuando yo me haya ido, vendrá alguien que recordará las mismas cosas que yo recuerdo en este momento. Así como la muerte nos iguala, los recuerdos aquí ejercen la misma democracia y la misma agonía. Llevamos una memoria común.
Veo a los otros e imagino sus pasados. No me interesa recordar el mío. No sé quién fui. Nadie me recuerda. Como he dicho, sólo seré recordado por alguien que no sabrá quién soy. Todos los recuerdos se unen hacia un futuro inexorable. No hay pasado, solo la ilusión del futuro. Yo, al recordar lo que han recordado los que me antecedieron, me dirijo hacia ese futuro.
Me duermo otra vez y allí estoy, entre la arena. Aunque me resista debo buscar algo que me haga salir de aquí. Sé que el sueño terminará cuando lo descubra. Me desespera pensar que no lo pueda adivinar jamás y que muera sin advertirlo, hundido en ese infierno amarillo.
Camino y camino (con esa lentitud de los sueños). ¿Por qué camino? ¿Tan estúpido es mi otro yo, ese yo soñado, que no adivina que no hay adónde ir? Pero ahí estoy, dando pasos con muchísima dificultad, mirando los granos como si pudiera identificarlos. Quizás sí los distingo. Aún sabiendo que estoy metido en un sueño, no logro despertar para escapar de ese designio. Sigo con mi misión. Recuerdo, difusamente, que durante años llevé anotaciones de los símbolos que creía encontrar; símbolos ininteligibles, pero en los cuales creía adivinar alguna respuesta; o el principio de alguna respuesta.
Allí tracé las más variadas sinécdoques. Pistas soñadas, que eran completadas por la imaginación de la vigilia. Ninguna de esas figuras trajeron calma. Por el contrario; sólo sumaron confusión y desesperanza. Quemé muchas de esas anotaciones, aunque sobrevivieron varias.
Una de esas ideas (si puede considerarse el término), eran palabras divinas. Esa idea me obsesionó durante años. ¿Si Dios se manifestara en sueños? Tal vez quería decir algo.
Esa clave busqué –entre muchas otras- con insistencia. Pero aun influido en otros aspectos, como el amor, quizás un nombre, una imagen, lo que más me atraía (y aterraba) era encontrar algún símbolo que representara a Dios. Recordé en mi sueño (y muchísimas veces en muchísimas noches), que no he visto señales divinas mientras estuve despierto todo este tiempo. Sólo vi signos infernales.
Sigo buscando laboriosamente. Cada grano de arena parece una progresión de sueños y vigilias. Veo –una vez más- letras en los granos, acaso como si allí estuviera diseminado un Nuevo Libro que aun no se ha escrito. Me niego a ser yo quien de orden a esas palabras, pero el trabajo se hace solo: veo palabras enteras. Sigo, sospecho, pisando en falso; es una trampa para confundirme. Un enorme reloj que implica contar grano por grano, adivinar símbolos, no descansar jamás de la tortura. Enloquecer al fin.
Veo en la arena, en cada concatenación de sueños infinitos simbolizados en cada grano, las memorias de los que estuvieron antes que yo. Una sucesión de recuerdos, iguales y disímiles. Veo que los hombres, sus circunstancias, se conforman de memorias. Y allí veo sus vidas, que son tan iguales y tan distintas a la mía. Veo a un hombre mirando las piedras de la celda y veo que sueña un desierto infinito en donde ve a otro hombre recordando haber visto a un presidiario recordando la memoria de otros que lo antecedieron y que presagian su futuro en base a una memoria común.
Los símbolos toman forma, y vuelven a confundirse en diversos recuerdos, que tarde o temprano se convertirán, otra vez, en uno solo; en los que fueron y los que vendrán. Veo en la arena mi destino, mis circunstancias, mis olvidos.
Dios ha hablado
Vuelvo de mi sueño al mundo real que es esta cárcel y despierto sonriendo. Entiendo que la sentencia está marcada. Ya nada importa, al fin y al cabo la conjunción de memorias nos condena al olvido. Creo que he completado el significado del símbolo. Ya soy todos; ya soy nadie. Por primera vez entiendo que alguna de mis sospechas fue real: sueño la cárcel. Es apenas la libertad del preso que vive su condena en el eterno infierno de arena.
Quién sabe hace cuánto estoy aquí encerrado; tal vez yo lo sepa, o tal vez no. No hay diferencia alguna. No recuerdo el mundo tal como era cuando yo era libre; menos puedo imaginar cómo es ahora, después de tantos años. Algunos hablan de progresos (muchos inverosímiles, sé que me mienten), pero en verdad ya no me interesa saber ni conocer nada de lo que esté afuera de estas paredes.
Cada vez que me duermo, abatido en el desgano, vuelvo a soñar con la arena. Ahí estoy parado en millones de kilómetros de arena. Ni siquiera se ve un horizonte. Alguna vez, al principio, supuse que este sueño significaba una especie de reloj. Alguna noche vi que los granos tomaban formas. Sabía que en cada uno de ellos había una clave, algún significado. Mi misión, mejor dicho, la misión del que soy cuando sueño, es descifrar y unir esas claves. Por eso los sueños se han vuelto pesadillas: porque ese falso reloj mide un tiempo variable en un espacio fijo pero indeterminado. Aquello que debería ser una evasión, no es más que un calvario.
Cuando despierto, todo sigue allí: imperfecto.
La cárcel es un infierno. No porque el mismísimo diablo mande aquí (que lo hace), si no porque el infierno toma su condición de infernal al ser eterno. No es la tortura lo doloroso; lo doloroso es saber que no hay final para esa tortura. La incertidumbre, la espera del fin de la condena, el no paso del tiempo (o el paso lentísimo y agobiante) es lo que convierte a este lugar en un lugar infinito y doloroso.
He visto hombres morir bestialmente. He visto la humillación y todos los males posibles. Y he visto, en los condenados perpetuos –como yo-, al ser asesinados, morir con una sonrisa. Esa es la imperfección del infierno: la grieta que permite el escape, el fin del tormento. No hay aquí otra cosa más cercana a la caricia de Dios que la muerte.
Yo no muero y mi infierno se hace físico y mental. He llegado a pensar que el mundo es de arena, que yo soy de arena, y que la cárcel es un sueño. Daría lo mismo. Si no he muerto aun, es porque sé que los destinos son inalterables; y el mío es averiguar qué hay detrás de ese sueño.
Los muros son altos, demasiado altos. Piedras chicas, piedras grandes. Paredes infinitas. Cada ladrillo, cada piedra es como un grano de arena: esconden algo indescifrable. Tal vez la cárcel es la prolongación de la memoria de los muertos. Otros presos han visto estas paredes miles de veces. Por eso siento que yo soy ellos, porque en mi memoria persisten sus más espantosas esperas. Cuando yo me haya ido, vendrá alguien que recordará las mismas cosas que yo recuerdo en este momento. Así como la muerte nos iguala, los recuerdos aquí ejercen la misma democracia y la misma agonía. Llevamos una memoria común.
Veo a los otros e imagino sus pasados. No me interesa recordar el mío. No sé quién fui. Nadie me recuerda. Como he dicho, sólo seré recordado por alguien que no sabrá quién soy. Todos los recuerdos se unen hacia un futuro inexorable. No hay pasado, solo la ilusión del futuro. Yo, al recordar lo que han recordado los que me antecedieron, me dirijo hacia ese futuro.
Me duermo otra vez y allí estoy, entre la arena. Aunque me resista debo buscar algo que me haga salir de aquí. Sé que el sueño terminará cuando lo descubra. Me desespera pensar que no lo pueda adivinar jamás y que muera sin advertirlo, hundido en ese infierno amarillo.
Camino y camino (con esa lentitud de los sueños). ¿Por qué camino? ¿Tan estúpido es mi otro yo, ese yo soñado, que no adivina que no hay adónde ir? Pero ahí estoy, dando pasos con muchísima dificultad, mirando los granos como si pudiera identificarlos. Quizás sí los distingo. Aún sabiendo que estoy metido en un sueño, no logro despertar para escapar de ese designio. Sigo con mi misión. Recuerdo, difusamente, que durante años llevé anotaciones de los símbolos que creía encontrar; símbolos ininteligibles, pero en los cuales creía adivinar alguna respuesta; o el principio de alguna respuesta.
Allí tracé las más variadas sinécdoques. Pistas soñadas, que eran completadas por la imaginación de la vigilia. Ninguna de esas figuras trajeron calma. Por el contrario; sólo sumaron confusión y desesperanza. Quemé muchas de esas anotaciones, aunque sobrevivieron varias.
Una de esas ideas (si puede considerarse el término), eran palabras divinas. Esa idea me obsesionó durante años. ¿Si Dios se manifestara en sueños? Tal vez quería decir algo.
Esa clave busqué –entre muchas otras- con insistencia. Pero aun influido en otros aspectos, como el amor, quizás un nombre, una imagen, lo que más me atraía (y aterraba) era encontrar algún símbolo que representara a Dios. Recordé en mi sueño (y muchísimas veces en muchísimas noches), que no he visto señales divinas mientras estuve despierto todo este tiempo. Sólo vi signos infernales.
Sigo buscando laboriosamente. Cada grano de arena parece una progresión de sueños y vigilias. Veo –una vez más- letras en los granos, acaso como si allí estuviera diseminado un Nuevo Libro que aun no se ha escrito. Me niego a ser yo quien de orden a esas palabras, pero el trabajo se hace solo: veo palabras enteras. Sigo, sospecho, pisando en falso; es una trampa para confundirme. Un enorme reloj que implica contar grano por grano, adivinar símbolos, no descansar jamás de la tortura. Enloquecer al fin.
Veo en la arena, en cada concatenación de sueños infinitos simbolizados en cada grano, las memorias de los que estuvieron antes que yo. Una sucesión de recuerdos, iguales y disímiles. Veo que los hombres, sus circunstancias, se conforman de memorias. Y allí veo sus vidas, que son tan iguales y tan distintas a la mía. Veo a un hombre mirando las piedras de la celda y veo que sueña un desierto infinito en donde ve a otro hombre recordando haber visto a un presidiario recordando la memoria de otros que lo antecedieron y que presagian su futuro en base a una memoria común.
Los símbolos toman forma, y vuelven a confundirse en diversos recuerdos, que tarde o temprano se convertirán, otra vez, en uno solo; en los que fueron y los que vendrán. Veo en la arena mi destino, mis circunstancias, mis olvidos.
Dios ha hablado
Vuelvo de mi sueño al mundo real que es esta cárcel y despierto sonriendo. Entiendo que la sentencia está marcada. Ya nada importa, al fin y al cabo la conjunción de memorias nos condena al olvido. Creo que he completado el significado del símbolo. Ya soy todos; ya soy nadie. Por primera vez entiendo que alguna de mis sospechas fue real: sueño la cárcel. Es apenas la libertad del preso que vive su condena en el eterno infierno de arena.
domingo, agosto 31, 2008
EL SUEÑO DE BORGES
Seguramente ya han visto esta entrevista. Aquí el revelador final del sueño de Borges y su recomendación acerca del olvido hacia su obra. Si aun no la vieron, está en you tube. Y si la vieron, siempre es bueno escuchar la voz del mejor escritor del mundo.
viernes, agosto 29, 2008
PENNY LANE
Esto es de verdad:
Todos los días recibo correo de amigos y de gente querida, pero este mail que acabo de abrir, con el asunto "holahola cocacola" me superó:
"Hola nene, perdí el celular y la cabeza. llamame.
grabame mi canción
beso.
rosa"
Rosa no es otra que mi amiga Rocío (bautizada por mí como Rosa, o Fortabat). Rocío es la auténtica Penny Lane de Almost Famous. Tenemos la misma edad (que no decimos jamás), pero sí recuerdo este detalle: la conocí a los quince años y le tenía terror. Muchas veces nos hacemos pasar por primos. Otras veces la presento como mi hermana, y eso lo hago porque la siento de esa manera.
Por eso contaré esta anécdota:
Durante algún tiempo no nos habíamos visto. Quizás algunos años. Un día me desperté muy angustiado y acelerado, diciendo "Rocío se muere".
Por algunas razones que la vida va acomodando, no la llamé en ese momento. Tuve recién el valor de llamarla un mes después de ese pensamiento horrible. Rocío no aparecía. Nadie sabía nada de ella.
Un día, tal vez dos semanas después, recibo un llamado de ella a mi celular. Me explicó que estaba en Salta; que había viajado para terminar de recuperarse de una internación que había tenido. Pregunté cuándo había sido esa internación. Adivinaran los lectores, ya a esta altura, que fue la misma madrugada en la que yo había despertado exaltado. Sentí alivio al saber que había sobrevivido (Rocío es muy buena equilibrista y si se cae, siempre cae parada). Pero también supe en ese momento que nunca más me iba a poder alejar de esa mujer. No solo porque me desperté un día (o una noche) sintiendo la taquicardia que ella tenía en ese momento, ni la sangre corriendo a toda velocidad, si no porque supe que el destino es inevitable y que cuando le pasara algo, o algo me pasara a mí, por alguna extraña razón, los dos íbamos a estar ahí para cuidarnos.
También supe que somos inseparables porque la amistad se forja de desventuras, y con ella he vivido la mayoría de las mías.
Por eso dejo esta escena de "Almost Famous". La primera vez que la vi, entendí que Rocío era y es Penny Lane. Y porque cada vez que pierde la cabeza, como dice en el mail, yo también la pierdo un poco.
Otro día explicaré por qué le tenía terror.
Salud a mi amiga.
Bonus track:
Seguimos con Elton. Tal vez el tema que más me gusta de él: "Rocket Man". A veces, ando con el piano tocando esa canción; y a veces, yo mismo soy el hombre cohete, muy, muy alto...hay veces que no puedo ni bajar.
Todos los días recibo correo de amigos y de gente querida, pero este mail que acabo de abrir, con el asunto "holahola cocacola" me superó:
"Hola nene, perdí el celular y la cabeza. llamame.
grabame mi canción
beso.
rosa"
Rosa no es otra que mi amiga Rocío (bautizada por mí como Rosa, o Fortabat). Rocío es la auténtica Penny Lane de Almost Famous. Tenemos la misma edad (que no decimos jamás), pero sí recuerdo este detalle: la conocí a los quince años y le tenía terror. Muchas veces nos hacemos pasar por primos. Otras veces la presento como mi hermana, y eso lo hago porque la siento de esa manera.
Por eso contaré esta anécdota:
Durante algún tiempo no nos habíamos visto. Quizás algunos años. Un día me desperté muy angustiado y acelerado, diciendo "Rocío se muere".
Por algunas razones que la vida va acomodando, no la llamé en ese momento. Tuve recién el valor de llamarla un mes después de ese pensamiento horrible. Rocío no aparecía. Nadie sabía nada de ella.
Un día, tal vez dos semanas después, recibo un llamado de ella a mi celular. Me explicó que estaba en Salta; que había viajado para terminar de recuperarse de una internación que había tenido. Pregunté cuándo había sido esa internación. Adivinaran los lectores, ya a esta altura, que fue la misma madrugada en la que yo había despertado exaltado. Sentí alivio al saber que había sobrevivido (Rocío es muy buena equilibrista y si se cae, siempre cae parada). Pero también supe en ese momento que nunca más me iba a poder alejar de esa mujer. No solo porque me desperté un día (o una noche) sintiendo la taquicardia que ella tenía en ese momento, ni la sangre corriendo a toda velocidad, si no porque supe que el destino es inevitable y que cuando le pasara algo, o algo me pasara a mí, por alguna extraña razón, los dos íbamos a estar ahí para cuidarnos.
También supe que somos inseparables porque la amistad se forja de desventuras, y con ella he vivido la mayoría de las mías.
Por eso dejo esta escena de "Almost Famous". La primera vez que la vi, entendí que Rocío era y es Penny Lane. Y porque cada vez que pierde la cabeza, como dice en el mail, yo también la pierdo un poco.
Otro día explicaré por qué le tenía terror.
Salud a mi amiga.
Bonus track:
Seguimos con Elton. Tal vez el tema que más me gusta de él: "Rocket Man". A veces, ando con el piano tocando esa canción; y a veces, yo mismo soy el hombre cohete, muy, muy alto...hay veces que no puedo ni bajar.
miércoles, agosto 27, 2008
LAS PARTIDAS, EL AMOR Y EL MINI MOOG
Por una razón muy extraña, que no llego a comprender (o sí, y me hago el gil), desde el viernes tuve una seguidilla de malos sucesos, que me afectaron de una forma en la cual me acerqué más al comportamiento de un esquizofrénico que al comportamiento de un ser humano común y corriente.
Ya desde la semana pasada venía con esta idea: soy perseguido por fantasmas.
No, no fantasmas de otras dimensiones, si no por recuerdos y viejos amores que rondan por ahí, y esa idea no me dejaba tranquilo.
Cuando empecé a comprender que no era nada grave, una persona a la quiero muchísimo, me anunció que se va a vivir muy lejos de aquí; y si bien no nos vemos nunca, me di cuanta de que detesto que la gente que quiero se vaya a otra parte.
Esa noticia, que me alegra por esta persona, pero me entristece por mí (¿el egoísmo es naturaleza humana? ¡Desde Rousseau que se habla de eso!) me puso frenético. Como si estuviera tomando anfetaminas. Y sucede lo que sucede cuando uno se excede con medicamentos: se dan los efectos adversos. Pasé de la euforia (como hablar a toda velocidad sin parar), a no decir una sola palabra y dejar caer alguna lágrima, para luego volver a unos monólogos imposibles de entender, sobre los temas más variados, tal vez como una distracción para no mencionar lo evidente.
Esta noticia y sus hilarantes consecuencias en mí, me agarraron justo cuando escribía un ensayo sobre la igualdad del desamor y la muerte. Un ensayo muy serio, sin ninguna autoreferencia, hasta que empecé con el comportamiento errático y tuve que dejar de escribir porque comenzaba a parecerse a un manifiesto humorístico.
Entonces me puse a tocar el piano y dije “necesito algo más” y me fui hasta el centro en donde encontré un Mini Moog (uno de los primeros sintetizadores que se inventaron y un instrumento muy deseado por los tecladistas) y el vendedor me dijo que no me lo vendería nunca porque era muy viejo y se desestabiliza muy fácilmente (esos teclados, aunque parezca mentira, se desafinan) y me dijo “si querés un Moog, te dejo probar el nuevo” Es una nueva versión del viejo teclado, también analógico, pero sin las fallas que tenía el anterior. Me puse a tocar y nunca fui tan feliz. Era como un chico jugando con un juguete carísimo (3.000 dólares). Hay que estar por lo menos una hora para entender el funcionamiento de algunas cosas en este aparato (está lleno de perillas y botones, y es muy, muy difícil conseguir un sonido fijo y determinado. Algún día lo compraré). Luego probé pianos eléctricos y ya no pude seguir tocando, no porque no quisiera, si no porque tengo el brazo izquierdo lastimado: antes de irme a ver el Moog, tuve una discusión en la puerta de mi casa, y en ese frenesí de “feliz, enojado, feliz, enojado, sicótico” subí hasta mi departamento no sin antes darle una trompada a un matafuegos que hay en la escalera. No soy un tipo violento, pero no pude evitarlo. El detalle: la mano quedó intacta y sin ningún dolor (en los últimos años aprendí a pegar con cierta clase), pero no calculé el ángulo cerrado del golpe. Al estar el matafuegos a mi izquierda, debería haberle pegado con la diestra; sin embargo le di un zurdazo. Eso provocó que hiciera un mal movimiento (por el ángulo cerrado de la escalera) y me resintiera tremendamente un músculo por debajo del hombro. Apenas podía mover el brazo.
Horas antes de esto, varias horas antes (ya no distingo bien los días y las cosas) estuve y estuvimos viendo películas de Woody Allen a lo loco. No creo haber visto tantos films en tan poco tiempo. Ahora mismo debo ir a ver el siguiente que alquilé. Y cuando terminé de ver Annie Hall, en la escena final (tal vez la mejor de Allen, incluso que Manhattan, que ya había visto, pero no recordaba bien) me dije: “ese es el mensaje. Eso es lo que me pasa” Y luego de reír, llorar, reír, llorar y ser un poco sicótico, decidí empezar con un proyecto con el que con mi amigo Mariano Iturralde nos venimos dando manija desde hace unos días: un cortometraje.
Así que espero algún día escribir ese film. Ya lo tengo todo argumentado en la cabeza. Ahora habrá que escribirlo.
Dos cosas más:
La primera no puedo decirla, pero es para generar misterio.
La segunda es que esta noche, como todos los miércoles a las 21 hs (o un ratito antes) estamos FM ISER con “Culpa de Todos”, que se puede escuchar desde www.comfer.gov.ar (en esa página, abajo a la derecha está el link que abre el postcad de la radio)
Listo, escuchen el programa que vamos a decir muchas cosas, y van a poder escucharme teniendo un brote eufórico/ depresivo en vivo y en directo.
Los amo, los odio, ¡denme más!
Bonus track:
Miren: esta noche comiendo, mi amiga del post del edificio circular, que es la que está sentada arriba de otra amiga, a mi derecha, me dijo que tenía unas fotos mías de un cumpleaños este año en el cual jamás recordé estar, en un lugar que mucho menos recordé estar. Por supuesto negué todo ¡Pero era verdad! Estuve ahí y para probarlo, mi amiga me envió esta foto hace un rato, y yo la publico porque mi cara demuestra que soy un tipo inofensivo y bueno (y porque creo que es la única foto en el mundo en la que estoy más o menos presentable...así que háganse una idea. El frenesí también ha afectado mi memoria. ¡Oh Dios! )

Ya desde la semana pasada venía con esta idea: soy perseguido por fantasmas.
No, no fantasmas de otras dimensiones, si no por recuerdos y viejos amores que rondan por ahí, y esa idea no me dejaba tranquilo.
Cuando empecé a comprender que no era nada grave, una persona a la quiero muchísimo, me anunció que se va a vivir muy lejos de aquí; y si bien no nos vemos nunca, me di cuanta de que detesto que la gente que quiero se vaya a otra parte.
Esa noticia, que me alegra por esta persona, pero me entristece por mí (¿el egoísmo es naturaleza humana? ¡Desde Rousseau que se habla de eso!) me puso frenético. Como si estuviera tomando anfetaminas. Y sucede lo que sucede cuando uno se excede con medicamentos: se dan los efectos adversos. Pasé de la euforia (como hablar a toda velocidad sin parar), a no decir una sola palabra y dejar caer alguna lágrima, para luego volver a unos monólogos imposibles de entender, sobre los temas más variados, tal vez como una distracción para no mencionar lo evidente.
Esta noticia y sus hilarantes consecuencias en mí, me agarraron justo cuando escribía un ensayo sobre la igualdad del desamor y la muerte. Un ensayo muy serio, sin ninguna autoreferencia, hasta que empecé con el comportamiento errático y tuve que dejar de escribir porque comenzaba a parecerse a un manifiesto humorístico.
Entonces me puse a tocar el piano y dije “necesito algo más” y me fui hasta el centro en donde encontré un Mini Moog (uno de los primeros sintetizadores que se inventaron y un instrumento muy deseado por los tecladistas) y el vendedor me dijo que no me lo vendería nunca porque era muy viejo y se desestabiliza muy fácilmente (esos teclados, aunque parezca mentira, se desafinan) y me dijo “si querés un Moog, te dejo probar el nuevo” Es una nueva versión del viejo teclado, también analógico, pero sin las fallas que tenía el anterior. Me puse a tocar y nunca fui tan feliz. Era como un chico jugando con un juguete carísimo (3.000 dólares). Hay que estar por lo menos una hora para entender el funcionamiento de algunas cosas en este aparato (está lleno de perillas y botones, y es muy, muy difícil conseguir un sonido fijo y determinado. Algún día lo compraré). Luego probé pianos eléctricos y ya no pude seguir tocando, no porque no quisiera, si no porque tengo el brazo izquierdo lastimado: antes de irme a ver el Moog, tuve una discusión en la puerta de mi casa, y en ese frenesí de “feliz, enojado, feliz, enojado, sicótico” subí hasta mi departamento no sin antes darle una trompada a un matafuegos que hay en la escalera. No soy un tipo violento, pero no pude evitarlo. El detalle: la mano quedó intacta y sin ningún dolor (en los últimos años aprendí a pegar con cierta clase), pero no calculé el ángulo cerrado del golpe. Al estar el matafuegos a mi izquierda, debería haberle pegado con la diestra; sin embargo le di un zurdazo. Eso provocó que hiciera un mal movimiento (por el ángulo cerrado de la escalera) y me resintiera tremendamente un músculo por debajo del hombro. Apenas podía mover el brazo.
Horas antes de esto, varias horas antes (ya no distingo bien los días y las cosas) estuve y estuvimos viendo películas de Woody Allen a lo loco. No creo haber visto tantos films en tan poco tiempo. Ahora mismo debo ir a ver el siguiente que alquilé. Y cuando terminé de ver Annie Hall, en la escena final (tal vez la mejor de Allen, incluso que Manhattan, que ya había visto, pero no recordaba bien) me dije: “ese es el mensaje. Eso es lo que me pasa” Y luego de reír, llorar, reír, llorar y ser un poco sicótico, decidí empezar con un proyecto con el que con mi amigo Mariano Iturralde nos venimos dando manija desde hace unos días: un cortometraje.
Así que espero algún día escribir ese film. Ya lo tengo todo argumentado en la cabeza. Ahora habrá que escribirlo.
Dos cosas más:
La primera no puedo decirla, pero es para generar misterio.
La segunda es que esta noche, como todos los miércoles a las 21 hs (o un ratito antes) estamos FM ISER con “Culpa de Todos”, que se puede escuchar desde www.comfer.gov.ar (en esa página, abajo a la derecha está el link que abre el postcad de la radio)
Listo, escuchen el programa que vamos a decir muchas cosas, y van a poder escucharme teniendo un brote eufórico/ depresivo en vivo y en directo.
Los amo, los odio, ¡denme más!
Bonus track:
Miren: esta noche comiendo, mi amiga del post del edificio circular, que es la que está sentada arriba de otra amiga, a mi derecha, me dijo que tenía unas fotos mías de un cumpleaños este año en el cual jamás recordé estar, en un lugar que mucho menos recordé estar. Por supuesto negué todo ¡Pero era verdad! Estuve ahí y para probarlo, mi amiga me envió esta foto hace un rato, y yo la publico porque mi cara demuestra que soy un tipo inofensivo y bueno (y porque creo que es la única foto en el mundo en la que estoy más o menos presentable...así que háganse una idea. El frenesí también ha afectado mi memoria. ¡Oh Dios! )

viernes, agosto 22, 2008
martes, agosto 19, 2008
LAS ALMAS EQUIVOCADAS
El señor Manfredo ya entraba en sus últimas horas de vida.
La habitación estaba lo suficientemente cálida para que no pasara frío.
Los dos hijos, la hija, su hermana y su cuñado rodeaban la cama de hierro mientras el viejo Manfredo esquivaba las miradas como pidiendo disculpas. El tubo de oxígeno, el goteo del suero, el aparato de electrocardiograma, todo funcionaba con una precisión angustiante. Lo único que consolaba, que aliviaba la situación, era que la habitación mantenía su orden habitual. Los retratos y fotos se mantenían espantosamente indiferentes, mostrando el esplendor de otra época. Más bien, el esplendor de la juventud.
Susana, la hija menor, se mostraba más fuerte que sus hermanos Horacio y Daniel. Horacio se acercó a una foto colgada en la pared, vio a su madre sonriente junto a su padre, acarició la imagen y dijo, en voz muy baja, “viejita, cómo te necesitamos”. Manfredo escuchó y en la incomodidad, cerró los ojos fingiendo inconciencia.
Carlos Manfredo entendía todo. Ya casi no respiraba, sabía que se moría, pero no podía evitar ser la atracción principal de esa escena interminable. Todos, incluso Manfredo, tomaron esa percepción del tiempo que se adquiere en la agonía; cada minuto es estar vivo y es acercarse al fin. Esa ambigüedad desesperante que sólo se hace real con el amor y la muerte.
Pensó Manfredo, ante las palabras de su hijo, en su mujer. Recordaba a Silvina casi todo el tiempo. La buscaba en la memoria y en las fotos. Extrañamente la mayoría de las imágenes que se le venían a la cabeza implicaban a Silvina en situaciones enojosas. A Manfredo le divertía recordar a su mujer regañándolo. “Pobre Silvina” pensó, o creyó pensar. La muerte de Silvina había sido rápida; nadie había advertido que estaba enferma, solo ella, aunque no dijo nada. Cuando lo dijo, era tarde. Era otra época. Allí, el tiempo, la percepción del tiempo era diferente. La muerte sorpresiva, rápida, implica manejar todo lo posterior a ella; pero aquí la muerte estaba siendo esperada con resistencia.
El médico llegó a eso de las tres de la tarde, revisó al paciente y volvió a hablar con su familia. “Hay que esperar” les dijo. Hace días que se había determinado que no había nada que hacer. Manfredo pidió volver a su casa. Los médicos aceptaron el traslado. Es mejor, tal vez, morir en la cama propia que en una cama de hospital.
Quizás Manfredo se quedó dormido y soñó con momentos de su vida. Recordó su trabajo, que le había dado un buen pasar, recordó a sus amigos, recordó a sus hijos cuando eran chicos; recordó a sus padre, un italiano de carácter imposible y se encontró atrapado en el recuerdo de su madre, una mujer amable, silenciosa y complaciente. Manfredo no sabía si soñaba o no. La dificultad para respirar, sólo ayudado por la máscara de oxígeno, lo hacía perder la lucidez esporádicamente.
Su hermana Angélica le tomaba la mano y lloraba. Manfredo la miraba e intentaba cerrar los dedos para responder el gesto. Estaba muy débil, apenas podía moverse.
El médico se fue. El marido de Angélica, Enrique, lo acompañó a la puerta. Manfredo cerraba los ojos; no quiso ver nadie. ¿Qué le podían decir? A lo sumo que en unos días más se iba a morir, que ya no iba a sufrir más. Preferible no escuchar nada.
“Mirá papi, salió el sol” dijo Susana corriendo las cortinas para iluminar el cuarto un poco más. Manfredo movió la cabeza con dificultad y vio la ventana. Susana tenía los ojos con lágrimas y sonreía. Se acordó de unas vacaciones en Córdoba, cuando su padre era inmortal ante sus ojos. Por casualidad, Manfredo recordaba exactamente las mismas vacaciones. Tal vez las vacaciones ayudan a visualizar a las familias como en postales. Recordó a los chicos corriendo en las sierras, felices. Manfredo prefería a Susana por sobre Horacio y Daniel. Pensaba que ella era tan inteligente como vulnerable. Los varones podrían arreglarse solos, pero él sabía que era, es, un mundo duro para las mujeres. Miró a su hija sonriente y angustiada y se sintió muy orgulloso. Confirmó para sí que todo lo bueno que ella tenía lo había heredado de su madre. A Manfredo le había costado mucho aceptar a su yerno, pero con el tiempo supo que era un buen hombre. Ninguno de los hijos había querido llevar a los nietos a ver a su abuelo; era un espectáculo tristísimo y Manfredo lo entendía bien. Tuvo un pensamiento para sus nietos y se lamentó no poder verlos crecer más.
Pasadas las siete de la tarde empezaron a llegar las nueras y el yerno. La familia se fue al living a tomar café para dejarlo descansar. Manfredo dormitaba; imaginaba cosas. Se preguntó si habría algo cuando muriera; si existiría Dios. Si volvería a ver a Silvina. Quiso creer en todas esas cosas, pero sabía que podía no haber nada después. Por primera vez tuvo miedo.
Soñó de nuevo con su infancia y su paso por el colegio Salesiano. Se vio jugando al fútbol con una velocidad increíble. Despertó y recordó esa imagen. Por un segundo, casi sin poder respirar, cerró las manos y dijo “no me muero nada”. Perdido en ese recuerdo se fue durmiendo otra vez.
La noche entró como siempre, pero con esa particularidad que tienen las noches de los condenados. Mientras la vida sigue, mientras creemos que sigue, alguien ve la noche, común para todos, como la última. Las almas que buscan el descanso y no lo encuentran, dan vueltas entre nosotros. Buscan puertas. Los que viven no advierten que esas puertas que conducen a un final infinito, están demasiado cerca. Ni Manfredo ni su familia estaban preocupados por las almas tampoco. Al fin y al cabo, al que agoniza poco le importa lo eterno, sólo quiere vivir.
Manfredo abrió los ojos e intentó ver por la ventana. Las cortinas ya cerradas apenas dejaban pasar el cielo. Allí quiso ver Manfredo; al cielo. Se olvidó de todo por un segundo. Supo que esa noche era su noche final. Tuvo la espantosa sensación de que el mundo se apagaba para él. Lo consoló y confundió saber que todo seguiría. Se alegró, se sintió feliz al saber que su familia estaba, que estuvo, todo el tiempo desde que cayó enfermo. Sintió que podía morirse tranquilo y lo desesperó pensar qué harían con él. Hubiera preferido desaparecer y no complicar a nadie. Se sintió una molestia para los demás, pero se dijo “así es la vida. Bah, la muerte” y se rió de su ocurrencia. Lo invadió el pensar que muchos morirían esa noche; que muchas familias compartirían el mismo dolor por diferentes personas.
Se preguntó cuántos morirían. “Dos o tres” pensó con inocencia, porque el que se muere siente, sabe, que se muere solo. Imaginó la inmensidad del mundo, en el sin fin de calles, en los desahuciados, los moribundos, los hospitales, los enfermos, los que sin saberlo se irían con él, y pensó que tal vez alguien en el mundo estaría pensando él, al igual que él lo hacía con esa persona, sin saber quién era, ni dónde estaba. Al fin, entonces, comprendió las puertas. Supo que desde su cama estaba ahora en todas partes. Entendió que todas las almas son una sola; que en una persona viven multitudes y esas multitudes estaban destinadas a separarse para perderse y, quizás, encontrarse sin reconocerse las unas con las otras. Supo que fue y sería todas las almas por siempre, y que cuando se fuera, todas las almas que vivían en él, y las que vendrían, las que conforman a otros, las que se irían, todas andarían por ahí fundiéndose; buscando nuevas puertas, intentando quizás completar todo aquello que faltó completar en vida. Pensó en sus propias multitudes, en las almas que lo completaban e incluso en las almas equivocadas que vivirían en él.
A las diez de la noche la familia comía en el living cuando escucharon el aparato de electrocardiograma acelerar su ritmo. Se precipitaron al cuarto. Manfredo respiraba con muchísima dificultad. Llamaron al médico que llegó cerca de las once de la noche. Manfredo ya no podía respirar sin sentir dolor. El médico le aplicó morfina. Abrió los ojos, vio a su familia reunida, sonrió, y tal vez volvió a pensar en las almas. Miró, como despidiéndose y volvió a sonreír. Cerró los ojos e imaginó otra vez, en su nuevo sueño, todos los lugares del mundo. El pulso se aceleró, suspiró y por dos segundos, perdido entre todas las almas, dejó de respirar. Susana rompió en llanto abrazada a su marido. Manfredo volvió a respirar en un movimiento brusco. Todos miraban con estupor. Movía la cabeza como si sus multitudes se fueran una por una. Miró a su cuñado y le hizo un gesto, como si quisiera escribir algo. Enrique corrió al living y trajo un cuaderno y una birome. Manfredo, muy débil, tomo la birome con la mano izquierda. Enrique cambió su posición hacia el lado izquierdo de la cama; solo Susana y Angélica advirtieron que Manfredo era diestro y no zurdo. Incluso el médico permanecía inmóvil sin entender la situación. Manfredo trazó líneas con debilidad y empezó a dibujar símbolos. Enrique entendió que las líneas eran un pentagrama y los símbolos notas musicales.
- Está escribiendo un pentagrama- dijo el cuñado.
- ¡Si papá no sabe nada de música!- contestó Horacio.
El asombro se hizo inmenso; el médico miraba más extrañado que la familia. Manfredo no pudo seguir escribiendo. Soltó la birome con extrema debilidad, miró alrededor, y dijo en perfecto alemán “¡Mierda! No llego al cielo nunca más”.
Carlos Manfredo murió a las once y veinte de la noche.
La familia nunca entendió esas últimas palabras. No entendieron jamás cómo y por qué se despidió en alemán, ya que desconocía el idioma por completo, ni por qué intentó ese dibujo musical.
Por cierto, las notas en el pentagrama eran los primeros compases del Réquiem en re menor K262 de Wolfgang Amadeus Mozart.
La habitación estaba lo suficientemente cálida para que no pasara frío.
Los dos hijos, la hija, su hermana y su cuñado rodeaban la cama de hierro mientras el viejo Manfredo esquivaba las miradas como pidiendo disculpas. El tubo de oxígeno, el goteo del suero, el aparato de electrocardiograma, todo funcionaba con una precisión angustiante. Lo único que consolaba, que aliviaba la situación, era que la habitación mantenía su orden habitual. Los retratos y fotos se mantenían espantosamente indiferentes, mostrando el esplendor de otra época. Más bien, el esplendor de la juventud.
Susana, la hija menor, se mostraba más fuerte que sus hermanos Horacio y Daniel. Horacio se acercó a una foto colgada en la pared, vio a su madre sonriente junto a su padre, acarició la imagen y dijo, en voz muy baja, “viejita, cómo te necesitamos”. Manfredo escuchó y en la incomodidad, cerró los ojos fingiendo inconciencia.
Carlos Manfredo entendía todo. Ya casi no respiraba, sabía que se moría, pero no podía evitar ser la atracción principal de esa escena interminable. Todos, incluso Manfredo, tomaron esa percepción del tiempo que se adquiere en la agonía; cada minuto es estar vivo y es acercarse al fin. Esa ambigüedad desesperante que sólo se hace real con el amor y la muerte.
Pensó Manfredo, ante las palabras de su hijo, en su mujer. Recordaba a Silvina casi todo el tiempo. La buscaba en la memoria y en las fotos. Extrañamente la mayoría de las imágenes que se le venían a la cabeza implicaban a Silvina en situaciones enojosas. A Manfredo le divertía recordar a su mujer regañándolo. “Pobre Silvina” pensó, o creyó pensar. La muerte de Silvina había sido rápida; nadie había advertido que estaba enferma, solo ella, aunque no dijo nada. Cuando lo dijo, era tarde. Era otra época. Allí, el tiempo, la percepción del tiempo era diferente. La muerte sorpresiva, rápida, implica manejar todo lo posterior a ella; pero aquí la muerte estaba siendo esperada con resistencia.
El médico llegó a eso de las tres de la tarde, revisó al paciente y volvió a hablar con su familia. “Hay que esperar” les dijo. Hace días que se había determinado que no había nada que hacer. Manfredo pidió volver a su casa. Los médicos aceptaron el traslado. Es mejor, tal vez, morir en la cama propia que en una cama de hospital.
Quizás Manfredo se quedó dormido y soñó con momentos de su vida. Recordó su trabajo, que le había dado un buen pasar, recordó a sus amigos, recordó a sus hijos cuando eran chicos; recordó a sus padre, un italiano de carácter imposible y se encontró atrapado en el recuerdo de su madre, una mujer amable, silenciosa y complaciente. Manfredo no sabía si soñaba o no. La dificultad para respirar, sólo ayudado por la máscara de oxígeno, lo hacía perder la lucidez esporádicamente.
Su hermana Angélica le tomaba la mano y lloraba. Manfredo la miraba e intentaba cerrar los dedos para responder el gesto. Estaba muy débil, apenas podía moverse.
El médico se fue. El marido de Angélica, Enrique, lo acompañó a la puerta. Manfredo cerraba los ojos; no quiso ver nadie. ¿Qué le podían decir? A lo sumo que en unos días más se iba a morir, que ya no iba a sufrir más. Preferible no escuchar nada.
“Mirá papi, salió el sol” dijo Susana corriendo las cortinas para iluminar el cuarto un poco más. Manfredo movió la cabeza con dificultad y vio la ventana. Susana tenía los ojos con lágrimas y sonreía. Se acordó de unas vacaciones en Córdoba, cuando su padre era inmortal ante sus ojos. Por casualidad, Manfredo recordaba exactamente las mismas vacaciones. Tal vez las vacaciones ayudan a visualizar a las familias como en postales. Recordó a los chicos corriendo en las sierras, felices. Manfredo prefería a Susana por sobre Horacio y Daniel. Pensaba que ella era tan inteligente como vulnerable. Los varones podrían arreglarse solos, pero él sabía que era, es, un mundo duro para las mujeres. Miró a su hija sonriente y angustiada y se sintió muy orgulloso. Confirmó para sí que todo lo bueno que ella tenía lo había heredado de su madre. A Manfredo le había costado mucho aceptar a su yerno, pero con el tiempo supo que era un buen hombre. Ninguno de los hijos había querido llevar a los nietos a ver a su abuelo; era un espectáculo tristísimo y Manfredo lo entendía bien. Tuvo un pensamiento para sus nietos y se lamentó no poder verlos crecer más.
Pasadas las siete de la tarde empezaron a llegar las nueras y el yerno. La familia se fue al living a tomar café para dejarlo descansar. Manfredo dormitaba; imaginaba cosas. Se preguntó si habría algo cuando muriera; si existiría Dios. Si volvería a ver a Silvina. Quiso creer en todas esas cosas, pero sabía que podía no haber nada después. Por primera vez tuvo miedo.
Soñó de nuevo con su infancia y su paso por el colegio Salesiano. Se vio jugando al fútbol con una velocidad increíble. Despertó y recordó esa imagen. Por un segundo, casi sin poder respirar, cerró las manos y dijo “no me muero nada”. Perdido en ese recuerdo se fue durmiendo otra vez.
La noche entró como siempre, pero con esa particularidad que tienen las noches de los condenados. Mientras la vida sigue, mientras creemos que sigue, alguien ve la noche, común para todos, como la última. Las almas que buscan el descanso y no lo encuentran, dan vueltas entre nosotros. Buscan puertas. Los que viven no advierten que esas puertas que conducen a un final infinito, están demasiado cerca. Ni Manfredo ni su familia estaban preocupados por las almas tampoco. Al fin y al cabo, al que agoniza poco le importa lo eterno, sólo quiere vivir.
Manfredo abrió los ojos e intentó ver por la ventana. Las cortinas ya cerradas apenas dejaban pasar el cielo. Allí quiso ver Manfredo; al cielo. Se olvidó de todo por un segundo. Supo que esa noche era su noche final. Tuvo la espantosa sensación de que el mundo se apagaba para él. Lo consoló y confundió saber que todo seguiría. Se alegró, se sintió feliz al saber que su familia estaba, que estuvo, todo el tiempo desde que cayó enfermo. Sintió que podía morirse tranquilo y lo desesperó pensar qué harían con él. Hubiera preferido desaparecer y no complicar a nadie. Se sintió una molestia para los demás, pero se dijo “así es la vida. Bah, la muerte” y se rió de su ocurrencia. Lo invadió el pensar que muchos morirían esa noche; que muchas familias compartirían el mismo dolor por diferentes personas.
Se preguntó cuántos morirían. “Dos o tres” pensó con inocencia, porque el que se muere siente, sabe, que se muere solo. Imaginó la inmensidad del mundo, en el sin fin de calles, en los desahuciados, los moribundos, los hospitales, los enfermos, los que sin saberlo se irían con él, y pensó que tal vez alguien en el mundo estaría pensando él, al igual que él lo hacía con esa persona, sin saber quién era, ni dónde estaba. Al fin, entonces, comprendió las puertas. Supo que desde su cama estaba ahora en todas partes. Entendió que todas las almas son una sola; que en una persona viven multitudes y esas multitudes estaban destinadas a separarse para perderse y, quizás, encontrarse sin reconocerse las unas con las otras. Supo que fue y sería todas las almas por siempre, y que cuando se fuera, todas las almas que vivían en él, y las que vendrían, las que conforman a otros, las que se irían, todas andarían por ahí fundiéndose; buscando nuevas puertas, intentando quizás completar todo aquello que faltó completar en vida. Pensó en sus propias multitudes, en las almas que lo completaban e incluso en las almas equivocadas que vivirían en él.
A las diez de la noche la familia comía en el living cuando escucharon el aparato de electrocardiograma acelerar su ritmo. Se precipitaron al cuarto. Manfredo respiraba con muchísima dificultad. Llamaron al médico que llegó cerca de las once de la noche. Manfredo ya no podía respirar sin sentir dolor. El médico le aplicó morfina. Abrió los ojos, vio a su familia reunida, sonrió, y tal vez volvió a pensar en las almas. Miró, como despidiéndose y volvió a sonreír. Cerró los ojos e imaginó otra vez, en su nuevo sueño, todos los lugares del mundo. El pulso se aceleró, suspiró y por dos segundos, perdido entre todas las almas, dejó de respirar. Susana rompió en llanto abrazada a su marido. Manfredo volvió a respirar en un movimiento brusco. Todos miraban con estupor. Movía la cabeza como si sus multitudes se fueran una por una. Miró a su cuñado y le hizo un gesto, como si quisiera escribir algo. Enrique corrió al living y trajo un cuaderno y una birome. Manfredo, muy débil, tomo la birome con la mano izquierda. Enrique cambió su posición hacia el lado izquierdo de la cama; solo Susana y Angélica advirtieron que Manfredo era diestro y no zurdo. Incluso el médico permanecía inmóvil sin entender la situación. Manfredo trazó líneas con debilidad y empezó a dibujar símbolos. Enrique entendió que las líneas eran un pentagrama y los símbolos notas musicales.
- Está escribiendo un pentagrama- dijo el cuñado.
- ¡Si papá no sabe nada de música!- contestó Horacio.
El asombro se hizo inmenso; el médico miraba más extrañado que la familia. Manfredo no pudo seguir escribiendo. Soltó la birome con extrema debilidad, miró alrededor, y dijo en perfecto alemán “¡Mierda! No llego al cielo nunca más”.
Carlos Manfredo murió a las once y veinte de la noche.
La familia nunca entendió esas últimas palabras. No entendieron jamás cómo y por qué se despidió en alemán, ya que desconocía el idioma por completo, ni por qué intentó ese dibujo musical.
Por cierto, las notas en el pentagrama eran los primeros compases del Réquiem en re menor K262 de Wolfgang Amadeus Mozart.
viernes, agosto 15, 2008
EL BOCINAZO TELEFÓNICO
Pido disculpas por mi prolongada ausencia en N.S.N. No he tenido el tiempo suficiente para poner al día este blog; pero ya estoy casi de vuelta.
Me hubiera gustado mucho actualizar con algún post humorístico, pero el día ha tomado un giro inesperado que me obliga a manifestarme en el siguiente tema:
Esta mañana recibí el siguiente mensaje de texto: “Ahora podés conocer la ubicación de un movistar enviando por SMS el número a localizar (Ej. 11342033660) al ***** x solo $1”
No sé bien cómo abordar el asunto. Podría pasarlo por alto y tomarlo como algo más, pero no es algo más. Intentaré ser más claro: no quiero ser localizado por absolutamente nadie con este sistema, ni ningún otro.
Estoy hablando del derecho a la intimidad. ¿Cómo una compañía de teléfono puede ofrecer un sistema de localización? ¿Qué clase de lugar es este?
No voy a usar ningún término académico. No quiero un monitor encima mío. ¿A merced de quién estamos?
Si alguien quiere localizar a una persona, basta con llamar por teléfono. Si esa persona no te atiende, mala suerte. O no puede, o no quiere atender.
Siempre se ha hablado de los sistemas de rastreo. Nunca faltan los tipos que dicen “sí, porque el gobierno te sigue desde el celular. Ellos pueden saber absolutamente todo”. Muy bien, eso es una cosa. Puede ser un mito o una realidad; da lo mismo. A lo sumo no influye en nada. ¿Qué le importa a la SIDE con quién hablo, o dónde estoy? Esos son sistemas que sirven en casos extremos, como los secuestros. Pero no son sistemas preventivos, si no que se usan luego de que sucedan las cosas. De hecho, cualquiera sabe que sacando la batería del teléfono, los sistemas GSM y GPS quedan anulados. Lo demás es gilada. Ahora, cuando alguien puede ser rastreado por un particular, ahí existe un problema enorme, porque uno no puede desactivar el teléfono a cada rato.
Entiendo que alguno podrá objetar que esto sirve como sistema de seguridad. ¡Falso! ¡Completamente falso y erróneo!
Si alguien quiere ser ubicado por seguridad, que pague el servicio. ¿O acaso el Lo Jack no lo pagás? No es que te roban el auto y después mandás un mensaje para que te habiliten el satélite. Pagás un servicio fijo, en donde elegís ser monitoreado.
En cambio, este sistema telefónico ofrece rastrear a otra persona donde sea, cuando sea. Insisto: no quiero.
¿Quién me pregunta si quiero que alguna persona sepa donde estoy? ¡Nadie!
Sin embargo puede venir cualquiera que tenga mi número de teléfono y saber dónde estoy sin que yo quiera que lo sepa.
Una vez más: Si alguien quiere ser ubicado, que pague por ese sistema. Que mande un mensaje diciendo “sí, quiero tener el monitor del bocinazo y que sepan cada paso que doy”.
Me acuerdo cuando leía aquellos textos en la facultad de los Apocalípticos y los Integrados, y uno no quería estar de un lado ni del otro, si no que quería tomar todo con más paciencia y sin tanta gravedad. Pero el mundo va hacia una dirección que parece ser una locura total. Todo es un Gran Hermano.
Ya hablé aquí del bocinazo del Facebook, en donde todos son vigilados por todos; pero a lo sumo uno puede elegir ser usuario o no. Pero ya con los celulares se está pasando un límite que es peligroso.
Todo empuja a convertirse, obligatoriamente, en un Integrado. Estamos obligados a aceptar unas condiciones terribles. Es el sueño de los liberales: una cámara en cada cuadra, un policía en cada esquina, y un monitor en cada persona.
Y cuanto más entiendo de estos asuntos, más ganas me dan de salir corriendo. Si algunos se sienten empujados a estar integrados, yo me siento empujado a convertirme en una especie de Bobby Fischer. A abstraerme de todo y a dejar el celular en mi casa y chau. Y el que me quiera ubicar, siempre le va a dar vacante.
La estupidez de la búsqueda de notoriedad ha permitido desarrollar estas maniobras de conexión y conexión y conexión. Terminemos con estas cosas. Basta de estos sistemas policiales.
Quiero elegir a la gente con la que hablo y la que no. A la que veo y a la que no. Todo lo demás es típico de psicóticos, gente celosa y obsesiva, y cuando no, de gente con espíritu inquisidor.
Mucho cuidado con esa gente.
Mañana seguiremos con el ritmo normal del blog. Un saludo a todos.
Me hubiera gustado mucho actualizar con algún post humorístico, pero el día ha tomado un giro inesperado que me obliga a manifestarme en el siguiente tema:
Esta mañana recibí el siguiente mensaje de texto: “Ahora podés conocer la ubicación de un movistar enviando por SMS el número a localizar (Ej. 11342033660) al ***** x solo $1”
No sé bien cómo abordar el asunto. Podría pasarlo por alto y tomarlo como algo más, pero no es algo más. Intentaré ser más claro: no quiero ser localizado por absolutamente nadie con este sistema, ni ningún otro.
Estoy hablando del derecho a la intimidad. ¿Cómo una compañía de teléfono puede ofrecer un sistema de localización? ¿Qué clase de lugar es este?
No voy a usar ningún término académico. No quiero un monitor encima mío. ¿A merced de quién estamos?
Si alguien quiere localizar a una persona, basta con llamar por teléfono. Si esa persona no te atiende, mala suerte. O no puede, o no quiere atender.
Siempre se ha hablado de los sistemas de rastreo. Nunca faltan los tipos que dicen “sí, porque el gobierno te sigue desde el celular. Ellos pueden saber absolutamente todo”. Muy bien, eso es una cosa. Puede ser un mito o una realidad; da lo mismo. A lo sumo no influye en nada. ¿Qué le importa a la SIDE con quién hablo, o dónde estoy? Esos son sistemas que sirven en casos extremos, como los secuestros. Pero no son sistemas preventivos, si no que se usan luego de que sucedan las cosas. De hecho, cualquiera sabe que sacando la batería del teléfono, los sistemas GSM y GPS quedan anulados. Lo demás es gilada. Ahora, cuando alguien puede ser rastreado por un particular, ahí existe un problema enorme, porque uno no puede desactivar el teléfono a cada rato.
Entiendo que alguno podrá objetar que esto sirve como sistema de seguridad. ¡Falso! ¡Completamente falso y erróneo!
Si alguien quiere ser ubicado por seguridad, que pague el servicio. ¿O acaso el Lo Jack no lo pagás? No es que te roban el auto y después mandás un mensaje para que te habiliten el satélite. Pagás un servicio fijo, en donde elegís ser monitoreado.
En cambio, este sistema telefónico ofrece rastrear a otra persona donde sea, cuando sea. Insisto: no quiero.
¿Quién me pregunta si quiero que alguna persona sepa donde estoy? ¡Nadie!
Sin embargo puede venir cualquiera que tenga mi número de teléfono y saber dónde estoy sin que yo quiera que lo sepa.
Una vez más: Si alguien quiere ser ubicado, que pague por ese sistema. Que mande un mensaje diciendo “sí, quiero tener el monitor del bocinazo y que sepan cada paso que doy”.
Me acuerdo cuando leía aquellos textos en la facultad de los Apocalípticos y los Integrados, y uno no quería estar de un lado ni del otro, si no que quería tomar todo con más paciencia y sin tanta gravedad. Pero el mundo va hacia una dirección que parece ser una locura total. Todo es un Gran Hermano.
Ya hablé aquí del bocinazo del Facebook, en donde todos son vigilados por todos; pero a lo sumo uno puede elegir ser usuario o no. Pero ya con los celulares se está pasando un límite que es peligroso.
Todo empuja a convertirse, obligatoriamente, en un Integrado. Estamos obligados a aceptar unas condiciones terribles. Es el sueño de los liberales: una cámara en cada cuadra, un policía en cada esquina, y un monitor en cada persona.
Y cuanto más entiendo de estos asuntos, más ganas me dan de salir corriendo. Si algunos se sienten empujados a estar integrados, yo me siento empujado a convertirme en una especie de Bobby Fischer. A abstraerme de todo y a dejar el celular en mi casa y chau. Y el que me quiera ubicar, siempre le va a dar vacante.
La estupidez de la búsqueda de notoriedad ha permitido desarrollar estas maniobras de conexión y conexión y conexión. Terminemos con estas cosas. Basta de estos sistemas policiales.
Quiero elegir a la gente con la que hablo y la que no. A la que veo y a la que no. Todo lo demás es típico de psicóticos, gente celosa y obsesiva, y cuando no, de gente con espíritu inquisidor.
Mucho cuidado con esa gente.
Mañana seguiremos con el ritmo normal del blog. Un saludo a todos.
sábado, agosto 09, 2008
ANDATE CON LA OTRA
Esto me ha entusiasmado mucho:
Existe en el ajedrez una jugada, inventada en 1906 por un tipo que se llama Leonid Kubbel, que se la ha denominado así: "andate con la otra"
¿No es un nombre lindísimo para una jugada?
Creo que es la primera vez que esa frase me causa gracia y no disgusto. La debo haber escuchado muchas veces, pero nunca con otra intención que no sea un problema.
Me parece sensacional cuando una mujer dice eso. "Andate con la otra" es el lamento de la mujer sufrida pero noble. Con más gracia, con más dolor, siempre es raro escuchar eso.
Por eso, en virtud de la simpatía que me producen las muejres que dicen eso, quiero confesar (pido perdón al género masculino por revelar un secreto) que cuando nos mandan con la otra, no nos importa, porque no estamos pensando en irnos con la otra, si no que estamos pensando en cómo solucionar el problema generado con anterioridad a la frase.
Conozco esa frase de arriba a abajo sin ser ajedrecista, y ahora me sirve (a mí y a todos los hombres que se aviven de esto) de excusa.
Ejemplo:
- Ay Marcelo, me tenés harta. ¿Sabés qué? ¡Andate con la otra!
- ¡Sí! ¡Qué jugada! En dos movimientos de blancas, jaque. Mirá qué fenómena que sos que te acordaste de eso. Eso es lo que me gusta de vos, la inteligencia que tenés para unir situaciones.
Como nuestra mujer quedará en orsai ante semejante respuesta, podemos salir corriendo, aprovechando la confusión.
(Advertencia: La novia se verá con esa respuesta completamente desprevenida, lo que generará una confusión, aturdimiento, cefalea, sensación de cabeza liviana y/o en casos más graves y extremos, muerte. Pero ese no es el punto)
Algunas mujeres creen que los hombres pensamos en otras mujeres por placer. En parte es cierto, pero también es porque no hay muchas otras cosas en que pensar. Lo que las mujeres no saben, es que en ese pensamiento, no se esconden intenciones sexuales o amorosas. Son sólo imágenes en momentos sin sentido. Recuerdos. Así como uno recuerda una puerta en Viena en 1932, otro día se acuerda de una propaganda de Phillip Morris (la de la mina que gateaba en la cornisa, con música de Eddie Sierra), y otro día se acuerda de alguna chica que le gustó en la calle. Pero son recuerdos efímeros y sin sentido (salvo el de Phillip Morris, porque la mina mataba. Creo que era Marisa Mondino.)
A los hombres en cambio nos gusta enojarnos, amenazar a otros tipos, decir que los vamos a matar. Pero las mujeres no...te mandan con la otra. Es como el tiro final. Es mucho más inteligente.
Me contaron que la otra noche, una amiga (que llamaremos "X") le preguntó a un amigo (a quien llamaremos "@") "¿A quién querés más? ¿A ella o a mí?"
Silencio total.
@:...No...A vos, a vos.
X: ¡Tardaste! ¡Lo dudaste!
( Empieza con la caravana de adjetivos infames. @ se arrepiente de lo que está diciendo y en un acto heroico, se retracta con un "no, no me gusta hablar así de la gente que no está. Es una cretinada" X toma conciencia y le da la razón. @ respira de nuevo porque sabe que no llegará el tan injusto 'andate con la otra')
Yo pienso como mi querido amigo @."X" busca una reacción, y si @ hubiera dicho otra cosa, se le armaba el problema. ¡Sin embargo no! X captó la situación y dijo "qué me importa"...
Y yo también digo como "X": "Qué me importa", y saludo con un guiño de zapallo a cualquier mujer que me haya dicho "andate con la otra". Yo me voy con la otra, si luego, me dejás volver...
Este tema da para más, pero les recomiendo que lean el cuento de Adriana Menéndez "Catalina", que está en http://www.adriana-menendez.blogspot.com/ , ya que Adriana escribe fenómeno, y explica mucho mejor este asunto. Porque más a favor de los hombres infieles, estoy a favor de las mujeres infieles (casi por conveniencia, porque todas siempre tienen novio).
Y ya no sé qué decir. Déjenme. Déjenme solo...basta, no. ¡No dije! Bueno, sí.
Me voy, a buscar el video de Phillip Morris.
Existe en el ajedrez una jugada, inventada en 1906 por un tipo que se llama Leonid Kubbel, que se la ha denominado así: "andate con la otra"
¿No es un nombre lindísimo para una jugada?
Creo que es la primera vez que esa frase me causa gracia y no disgusto. La debo haber escuchado muchas veces, pero nunca con otra intención que no sea un problema.
Me parece sensacional cuando una mujer dice eso. "Andate con la otra" es el lamento de la mujer sufrida pero noble. Con más gracia, con más dolor, siempre es raro escuchar eso.
Por eso, en virtud de la simpatía que me producen las muejres que dicen eso, quiero confesar (pido perdón al género masculino por revelar un secreto) que cuando nos mandan con la otra, no nos importa, porque no estamos pensando en irnos con la otra, si no que estamos pensando en cómo solucionar el problema generado con anterioridad a la frase.
Conozco esa frase de arriba a abajo sin ser ajedrecista, y ahora me sirve (a mí y a todos los hombres que se aviven de esto) de excusa.
Ejemplo:
- Ay Marcelo, me tenés harta. ¿Sabés qué? ¡Andate con la otra!
- ¡Sí! ¡Qué jugada! En dos movimientos de blancas, jaque. Mirá qué fenómena que sos que te acordaste de eso. Eso es lo que me gusta de vos, la inteligencia que tenés para unir situaciones.
Como nuestra mujer quedará en orsai ante semejante respuesta, podemos salir corriendo, aprovechando la confusión.
(Advertencia: La novia se verá con esa respuesta completamente desprevenida, lo que generará una confusión, aturdimiento, cefalea, sensación de cabeza liviana y/o en casos más graves y extremos, muerte. Pero ese no es el punto)
Algunas mujeres creen que los hombres pensamos en otras mujeres por placer. En parte es cierto, pero también es porque no hay muchas otras cosas en que pensar. Lo que las mujeres no saben, es que en ese pensamiento, no se esconden intenciones sexuales o amorosas. Son sólo imágenes en momentos sin sentido. Recuerdos. Así como uno recuerda una puerta en Viena en 1932, otro día se acuerda de una propaganda de Phillip Morris (la de la mina que gateaba en la cornisa, con música de Eddie Sierra), y otro día se acuerda de alguna chica que le gustó en la calle. Pero son recuerdos efímeros y sin sentido (salvo el de Phillip Morris, porque la mina mataba. Creo que era Marisa Mondino.)
A los hombres en cambio nos gusta enojarnos, amenazar a otros tipos, decir que los vamos a matar. Pero las mujeres no...te mandan con la otra. Es como el tiro final. Es mucho más inteligente.
Me contaron que la otra noche, una amiga (que llamaremos "X") le preguntó a un amigo (a quien llamaremos "@") "¿A quién querés más? ¿A ella o a mí?"
Silencio total.
@:...No...A vos, a vos.
X: ¡Tardaste! ¡Lo dudaste!
( Empieza con la caravana de adjetivos infames. @ se arrepiente de lo que está diciendo y en un acto heroico, se retracta con un "no, no me gusta hablar así de la gente que no está. Es una cretinada" X toma conciencia y le da la razón. @ respira de nuevo porque sabe que no llegará el tan injusto 'andate con la otra')
Yo pienso como mi querido amigo @."X" busca una reacción, y si @ hubiera dicho otra cosa, se le armaba el problema. ¡Sin embargo no! X captó la situación y dijo "qué me importa"...
Y yo también digo como "X": "Qué me importa", y saludo con un guiño de zapallo a cualquier mujer que me haya dicho "andate con la otra". Yo me voy con la otra, si luego, me dejás volver...
Este tema da para más, pero les recomiendo que lean el cuento de Adriana Menéndez "Catalina", que está en http://www.adriana-menendez.blogspot.com/ , ya que Adriana escribe fenómeno, y explica mucho mejor este asunto. Porque más a favor de los hombres infieles, estoy a favor de las mujeres infieles (casi por conveniencia, porque todas siempre tienen novio).
Y ya no sé qué decir. Déjenme. Déjenme solo...basta, no. ¡No dije! Bueno, sí.
Me voy, a buscar el video de Phillip Morris.
viernes, agosto 08, 2008
HOUSE VS LOST
Puede ser una polémica estúpida, de hecho lo es, pero me gustaría mucho destacar y resaltar una vez más la serie Dr House, y esta vez, lo voy a hacer en contraste con el máximo furor de los que ven series, que es Lost.
Yo no suelo ver series, me aburren mucho, y no tengo paciencia para estar una hora siguiendo una trama, sin embargo he seguido estos dos programas con diferente interés, y me resulta muy extraño que Lost se lleve más aplausos que House.
Vi las primeras tres temporadas de Lost, y a la mitad de la segunda ya estaba aburrido y nervioso. Es innegable que tiene algunos recursos que atrapan, pero no son suficientes. A la tercera ya me cansé y dejé de verla. Creo que los productores tenían una buena idea y agotaron los recursos de una forma extrema, tornando todo muy estridente y pretencioso. Esa es una falla que hay que advertir.
Supongamos que no nos interesa la falla de la trama diluida. Muy bien; comienza un segundo problema: todo lo que sucede en la isla, es un robo de argumentos literarios, solo que disfrazados con otras cosas. No es coincidencia que "La Invención de Morel" ahora sea un Best Seller en Estados Unidos, ya que los guionistas confesaron, con un guiño en un capítulo, las similitudes entre esa novela de Bioy y la serie. Creo que la diferencia, es que en la isla de Bioy, lo fantástico lo generaba una máquina, y en Lost, lo fantástico se debe a un desfasaje espacio-temporal. Eso es evidente desde el primer capítulo. No se alarme nadie si en el último episodio descubren que nada ha pasado. O mucho peor, que una máquina genera ilusiones y va matando a las personas de la isla, para proyectarlas eternamente. Creo también que la pista de la novela de Bioy es falsa. Un truco para confundir a los espectadores. Yo buscaría una explicación en "La Trama Celeste", que sí tiene una explicación que se acerca mucho más a Lost.
Existe en todo esto un problema típico de Hollywood: agarran ideas viejas, y las presentan como si nadie las hubiera intentado antes. Más llano aún: todo lo que se ve en esa isla como novedoso, ya ha sido escrito, no solo por Bioy Casares, si no por Stevenson, por Wells, por Verne...
No está mal tomar ideas viejas, ya que todo, absolutamente todo, ha sido escrito antes y mejor. El asunto es cuando está presentado como algo novedoso. Ese es un error que debe ser repudiado. Es como cuando viene un escritor que cree que descubrió la alegoría de las cavernas.
Lost está lleno de recursos tramposos, pero no por ser una trampa para el espectador y forzarlo a la deducción, si no como recursos para extender lo insostenible.
La serie debería encantarme, ya que no hago otra cosa que cultivar el genero fantástico. Pero en este caso, lo que me resulta fantástico es que tenga tantos seguidores.
Por otro lado House. La irreverencia y el talento juntos. No sólo en los personajes, si no en la forma que está producida la serie. La pretensión está en la personalidad de los personajes, mientras averiguan unos casos rarísimos.
Aquí es donde me detengo: esos casos son reales. Se toman casos que no tienen ninguna frecuencia (algunos solo tienen menos de 30 antecedentes desde que se tienen registros médicos verídicos) y desde allí se trabaja (eso justifica el diagnóstico diferencial y las múltiples opciones de enfermedades).
Pero hay algo en esa serie que es lo que no nos pasa inadvertido a quienes la vemos. Todo el tiempo el eje es la ética. ¿Hasta dónde puede llegar un médico para lograr un diagnóstico? ¿Es válido despertar a alguien en coma farmacológico para interrogarlo, causándole un sufrimiento terrible durante 30 segundos?
House explora ese borde casi con peligro.
Por supuesto que hay errores. Conozco a un neurólogo que diagnosticó, trato y curó un extrañísimo tumor cerebral, y el caso fue tapa de una prestigiosa publicación médica inglesa (los casos de House, aparte de estar supervisados por tres médicos en el equipo de producción, son tomados de los casos del mes de esa revista. Lo que no tengo claro es si por convenio la revista toma los casos de House y los pone en tapa, o viceversa) y me dijo "en el capítulo tardaron mucho para encontrar ese tumor, cuando no es tan difícil". Allí dilataron el recurso del diagnóstico diferencial, para llegar a una conclusión. Sin embargo, los casos se resuelven (o no, algunos mueren) con precisión médica.
El éxito de House, como he dicho, radica en la realización. En la estupenda actuación de Hugh Laurie y Lisa Edelstein (la doctora Cuddy) y en los límites que todos los personajes exploran.
Laurie logra un personaje que a pesar de su adicción (lo que hace temer a muchos que sea lo que algún día mate a algún paciente) deduce con lógica, a pesar de sus formas. El mismo creador de la serie dijo una vez "si un médico fuera como House, ya estaría preso".
Pero destaco, una vez más, los límites. Es muy bueno que una serie bien hecha permita el debate ético. Y para cerrar esto, ejemplifico con un caso tratado en House (que a su vez fue tapa de muchos diarios cuando sucedió en la vida real).
Una mujer embarazada tiene problemas respiratorios. La afección compromete seriamente al corazón de la paciente. House descubre que se trata de un "caso reflejo": el enfermo es el bebé, y la madre sufre las consecuencias. House plantea a su equipo que hay que sacar al bebé ya que lo ve como un parásito que va a matar a la madre. El equipo no quiere acatar las ordenes y buscan más opciones. La directora Cuddy se niega al tratamiento propuesto por House y le plantean a la madre del bebé lo siguiente: o matar al chico (no recuerdo el mes de gestación, pero ya no podía ser abortado sin una mínima polémica) u operarlo en el vientre. La paciente acepta el último tratamiento.
House se empecina en que hay que erradicar la enfermedad desde la raíz (el bebé), despotrica contra todo el mundo, habla sobre la prioridad de salvar a la madre y no a alguien que ni nació, pero acepta operarlo y sucede lo siguiente:
Al final la madre le pregunta si el niño tendrá una vida normal después de nacer y House le contesta: "si se le puede llamar normal nacer dos veces"
Conclusión: ¡gana Dr House por afano!
En fin, los dejo. Debo ir a operar...
Yo no suelo ver series, me aburren mucho, y no tengo paciencia para estar una hora siguiendo una trama, sin embargo he seguido estos dos programas con diferente interés, y me resulta muy extraño que Lost se lleve más aplausos que House.
Vi las primeras tres temporadas de Lost, y a la mitad de la segunda ya estaba aburrido y nervioso. Es innegable que tiene algunos recursos que atrapan, pero no son suficientes. A la tercera ya me cansé y dejé de verla. Creo que los productores tenían una buena idea y agotaron los recursos de una forma extrema, tornando todo muy estridente y pretencioso. Esa es una falla que hay que advertir.
Supongamos que no nos interesa la falla de la trama diluida. Muy bien; comienza un segundo problema: todo lo que sucede en la isla, es un robo de argumentos literarios, solo que disfrazados con otras cosas. No es coincidencia que "La Invención de Morel" ahora sea un Best Seller en Estados Unidos, ya que los guionistas confesaron, con un guiño en un capítulo, las similitudes entre esa novela de Bioy y la serie. Creo que la diferencia, es que en la isla de Bioy, lo fantástico lo generaba una máquina, y en Lost, lo fantástico se debe a un desfasaje espacio-temporal. Eso es evidente desde el primer capítulo. No se alarme nadie si en el último episodio descubren que nada ha pasado. O mucho peor, que una máquina genera ilusiones y va matando a las personas de la isla, para proyectarlas eternamente. Creo también que la pista de la novela de Bioy es falsa. Un truco para confundir a los espectadores. Yo buscaría una explicación en "La Trama Celeste", que sí tiene una explicación que se acerca mucho más a Lost.
Existe en todo esto un problema típico de Hollywood: agarran ideas viejas, y las presentan como si nadie las hubiera intentado antes. Más llano aún: todo lo que se ve en esa isla como novedoso, ya ha sido escrito, no solo por Bioy Casares, si no por Stevenson, por Wells, por Verne...
No está mal tomar ideas viejas, ya que todo, absolutamente todo, ha sido escrito antes y mejor. El asunto es cuando está presentado como algo novedoso. Ese es un error que debe ser repudiado. Es como cuando viene un escritor que cree que descubrió la alegoría de las cavernas.
Lost está lleno de recursos tramposos, pero no por ser una trampa para el espectador y forzarlo a la deducción, si no como recursos para extender lo insostenible.
La serie debería encantarme, ya que no hago otra cosa que cultivar el genero fantástico. Pero en este caso, lo que me resulta fantástico es que tenga tantos seguidores.
Por otro lado House. La irreverencia y el talento juntos. No sólo en los personajes, si no en la forma que está producida la serie. La pretensión está en la personalidad de los personajes, mientras averiguan unos casos rarísimos.
Aquí es donde me detengo: esos casos son reales. Se toman casos que no tienen ninguna frecuencia (algunos solo tienen menos de 30 antecedentes desde que se tienen registros médicos verídicos) y desde allí se trabaja (eso justifica el diagnóstico diferencial y las múltiples opciones de enfermedades).
Pero hay algo en esa serie que es lo que no nos pasa inadvertido a quienes la vemos. Todo el tiempo el eje es la ética. ¿Hasta dónde puede llegar un médico para lograr un diagnóstico? ¿Es válido despertar a alguien en coma farmacológico para interrogarlo, causándole un sufrimiento terrible durante 30 segundos?
House explora ese borde casi con peligro.
Por supuesto que hay errores. Conozco a un neurólogo que diagnosticó, trato y curó un extrañísimo tumor cerebral, y el caso fue tapa de una prestigiosa publicación médica inglesa (los casos de House, aparte de estar supervisados por tres médicos en el equipo de producción, son tomados de los casos del mes de esa revista. Lo que no tengo claro es si por convenio la revista toma los casos de House y los pone en tapa, o viceversa) y me dijo "en el capítulo tardaron mucho para encontrar ese tumor, cuando no es tan difícil". Allí dilataron el recurso del diagnóstico diferencial, para llegar a una conclusión. Sin embargo, los casos se resuelven (o no, algunos mueren) con precisión médica.
El éxito de House, como he dicho, radica en la realización. En la estupenda actuación de Hugh Laurie y Lisa Edelstein (la doctora Cuddy) y en los límites que todos los personajes exploran.
Laurie logra un personaje que a pesar de su adicción (lo que hace temer a muchos que sea lo que algún día mate a algún paciente) deduce con lógica, a pesar de sus formas. El mismo creador de la serie dijo una vez "si un médico fuera como House, ya estaría preso".
Pero destaco, una vez más, los límites. Es muy bueno que una serie bien hecha permita el debate ético. Y para cerrar esto, ejemplifico con un caso tratado en House (que a su vez fue tapa de muchos diarios cuando sucedió en la vida real).
Una mujer embarazada tiene problemas respiratorios. La afección compromete seriamente al corazón de la paciente. House descubre que se trata de un "caso reflejo": el enfermo es el bebé, y la madre sufre las consecuencias. House plantea a su equipo que hay que sacar al bebé ya que lo ve como un parásito que va a matar a la madre. El equipo no quiere acatar las ordenes y buscan más opciones. La directora Cuddy se niega al tratamiento propuesto por House y le plantean a la madre del bebé lo siguiente: o matar al chico (no recuerdo el mes de gestación, pero ya no podía ser abortado sin una mínima polémica) u operarlo en el vientre. La paciente acepta el último tratamiento.
House se empecina en que hay que erradicar la enfermedad desde la raíz (el bebé), despotrica contra todo el mundo, habla sobre la prioridad de salvar a la madre y no a alguien que ni nació, pero acepta operarlo y sucede lo siguiente:
Al final la madre le pregunta si el niño tendrá una vida normal después de nacer y House le contesta: "si se le puede llamar normal nacer dos veces"
Conclusión: ¡gana Dr House por afano!
En fin, los dejo. Debo ir a operar...
martes, agosto 05, 2008
ENTRE EL DETERMINISMO Y EL LIBRE ALBEDRÍO (O LA SIMPLE ATRACCÌÓN DE UN IMÁN)
Durante años pensé (o creí) que las personas somos libres al tomar elecciones. Tal vez, anoche, en medio de una conversación, me vi refutado en ese parecer. Al querer replicar la idea, recordé una parábola de Oscar Wilde, referida por Hestketh Pearson en el capítulo 13 de “The Life of Oscar Wilde”.
(Transcribo, ya que mi memoria, lo que tiene de buena, lo tiene de traicionera)
“Hablábamos de libre albedrío; Oscar Wilde improvisó esta parábola:
Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se convirtió en un impulso. ¿Por qué no ir hoy, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, iban acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.
Al fin, prevalecieron las impacientes, y, en un impulso irresistible, la comunidad entera gritó:
- Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto.
La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria.”
¿Por qué cito esto? En verdad no lo sé muy bien. Tal vez, porque estoy cambiando de opinión sobre muchos aspectos. Como dije antes, cuando quise refutar la idea de la predeterminación de los actos, recordé esta historia. Mi amiga dijo:“Uno es dueño de su destino; pero por más vueltas que de, tarde o temprano se llega a algún lugar que ya está escrito”
Wilde, tuvo la precaución de avalar esta teoría cien años antes y lo argumentó espléndidamente.
Y mucho más alarmado me sentí cuando le contesté a mi amiga “¡Ese es el argumento de ‘El Sueño de Los Héroes’!” y mi abochornamiento se debe a que a esa novela me parece la mejor novela del mundo. Recordé las palabras del Brujo Taboada, cuando le pide a Clara que evite que Gauna cumpla su destino para que no se convierta en el doctor Valerga. Otro punto a favor de mi amiga.
Peor aun me siento cuando me reconozco un determinista con orientación relativista. Se me hace imposible creer en un destino. Todo puede ser explicado por la ciencia, pero todo es a la vez relativo. ¿Qué quiero decir con esto? Que si algún día todas las leyes físicas cambiaran, yo diría “eso ya estaba determinado, porque bien explicita era la premisa del relativismo”. Parece una paradoja, pero tal vez no lo sea.
Sostengo que por cada decisión que un hombre debe tomar en su vida, existen dos opciones. Luego, dentro de la opción elegida, habrán otras dos, y así infinitas veces.
Es allí donde discrepo con el destino predeterminado: ante infinitas posibilidades, las combinaciones arrojarán diferentes resultados. Lo que sí es cierto, es que lo que iguala a todos los destinos es la muerte. Más tarde, más temprano, llega. Eso es inevitable.
Pero también es posible pensar que entre esas combinaciones interminables, existen paralelas, y las paralelas, en algún punto del infinito, se tocan. Predeterminación.
Entonces creo, que tal vez mi amiga tiene razón. Aún siendo yo un agnóstico y ella una católica, yo me abstraigo del pensamiento religioso y quizás también creo que si uno debe llegar a algún lugar en la vida, de algún modo, lo hará. No milagrosamente, si no con desempeño; pero por más vueltas que uno de, de alguna forma se llega hasta ahí.
Quizás creemos que elegimos adonde vamos, pero tal vez nuestros impulsos, al igual que las limaduras de hierro, se deban a la atracción del imán
Por eso me inquieta cuando algo no sucede y me dicen “por algo son las cosas”, o “es el destino, si no tiene que ser, no es”. Lo angustiante es sospechar que no hay escapatoria al destino. Pero en tal caso, prefiero creer que llego hasta el imán por elección propia.
Yo creo que hago esta reflexión pensando en el amor. Pero es un tema del que estoy intentando escapar hace rato. He notado que mis amistades se entristecen mucho cuando hablo de amor; pero tal vez no haya algo más cercano a la idea de Wilde sobre el libre albedrío que el amor. Allí es donde creemos que elegimos, y capaz no estamos más que viviendo una ilusión de algo que ya está decidido. Como decía Spinoza en sus epístolas: “(...)los hombres tienen conciencia de su voluntad, pero no de las causas que a ésta la mueven”
(Transcribo, ya que mi memoria, lo que tiene de buena, lo tiene de traicionera)
“Hablábamos de libre albedrío; Oscar Wilde improvisó esta parábola:
Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se convirtió en un impulso. ¿Por qué no ir hoy, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, iban acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.
Al fin, prevalecieron las impacientes, y, en un impulso irresistible, la comunidad entera gritó:
- Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto.
La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria.”
¿Por qué cito esto? En verdad no lo sé muy bien. Tal vez, porque estoy cambiando de opinión sobre muchos aspectos. Como dije antes, cuando quise refutar la idea de la predeterminación de los actos, recordé esta historia. Mi amiga dijo:“Uno es dueño de su destino; pero por más vueltas que de, tarde o temprano se llega a algún lugar que ya está escrito”
Wilde, tuvo la precaución de avalar esta teoría cien años antes y lo argumentó espléndidamente.
Y mucho más alarmado me sentí cuando le contesté a mi amiga “¡Ese es el argumento de ‘El Sueño de Los Héroes’!” y mi abochornamiento se debe a que a esa novela me parece la mejor novela del mundo. Recordé las palabras del Brujo Taboada, cuando le pide a Clara que evite que Gauna cumpla su destino para que no se convierta en el doctor Valerga. Otro punto a favor de mi amiga.
Peor aun me siento cuando me reconozco un determinista con orientación relativista. Se me hace imposible creer en un destino. Todo puede ser explicado por la ciencia, pero todo es a la vez relativo. ¿Qué quiero decir con esto? Que si algún día todas las leyes físicas cambiaran, yo diría “eso ya estaba determinado, porque bien explicita era la premisa del relativismo”. Parece una paradoja, pero tal vez no lo sea.
Sostengo que por cada decisión que un hombre debe tomar en su vida, existen dos opciones. Luego, dentro de la opción elegida, habrán otras dos, y así infinitas veces.
Es allí donde discrepo con el destino predeterminado: ante infinitas posibilidades, las combinaciones arrojarán diferentes resultados. Lo que sí es cierto, es que lo que iguala a todos los destinos es la muerte. Más tarde, más temprano, llega. Eso es inevitable.
Pero también es posible pensar que entre esas combinaciones interminables, existen paralelas, y las paralelas, en algún punto del infinito, se tocan. Predeterminación.
Entonces creo, que tal vez mi amiga tiene razón. Aún siendo yo un agnóstico y ella una católica, yo me abstraigo del pensamiento religioso y quizás también creo que si uno debe llegar a algún lugar en la vida, de algún modo, lo hará. No milagrosamente, si no con desempeño; pero por más vueltas que uno de, de alguna forma se llega hasta ahí.
Quizás creemos que elegimos adonde vamos, pero tal vez nuestros impulsos, al igual que las limaduras de hierro, se deban a la atracción del imán
Por eso me inquieta cuando algo no sucede y me dicen “por algo son las cosas”, o “es el destino, si no tiene que ser, no es”. Lo angustiante es sospechar que no hay escapatoria al destino. Pero en tal caso, prefiero creer que llego hasta el imán por elección propia.
Yo creo que hago esta reflexión pensando en el amor. Pero es un tema del que estoy intentando escapar hace rato. He notado que mis amistades se entristecen mucho cuando hablo de amor; pero tal vez no haya algo más cercano a la idea de Wilde sobre el libre albedrío que el amor. Allí es donde creemos que elegimos, y capaz no estamos más que viviendo una ilusión de algo que ya está decidido. Como decía Spinoza en sus epístolas: “(...)los hombres tienen conciencia de su voluntad, pero no de las causas que a ésta la mueven”
viernes, agosto 01, 2008
AQUELLOS QUE NOS SUEÑAN
Max Brod, en el libro “Franz Kafka”, de 1937, refiere esta historia acerca del autor:
“Una tarde, Kafka me visitó y atravesó impensadamente una pieza donde estaba recostado mi padre. Éste se despertó, y Kafka murmuró, al pasar:
- Le ruego, considéreme un sueño.”
Hace mucho quería publicar esta cita. Me parece estupenda.
Estoy trabajando en dos cuentos que tienen que ver con sueños; donde suceden cosas como en esta anécdota, y este pedido de Kafka me parece casi una súplica. Pedirle a alguien que nos considere un sueño, que nos de el carácter de efímero, es un pedido, como mínimo, pretencioso. Pero es tan poético y maravilloso este pedido, que no puedo dejar de pensar en las personas con las que soñamos y las que no.
Me gusta mucho cuando uno descarta las ideas freudianas y sueña con alguien, para luego preguntarse “¿por qué soñé con esa persona?”. Es fácil adjudicarle al subconsciente la aparición de una persona o una situación. ¿Pero cuando uno no ve a esa persona hace mucho? ¿O inventa situaciones que no están cerca de nuestra realidad? En verdad hay explicaciones para todas esas cosas. Recuerdo que en La Interpretación de los Sueños, Freud refería una experiencia que involucraba a una puerta bajo un puente que había visto 20 años antes de soñar con ella.
Pero quiero abstraerme de las explicaciones prácticas, aún cuando las explicaciones llegan a la misma resolución que el deseo. Porque ese es el punto: tal vez, soñamos con lo que deseamos.
Y también me gusta pensar que al igual que El Fantasma del Arroyo, estoy metido en el sueño de alguna mujer, que ni siquiera me conoce, mientras como un iluso, creo que soy yo quien la estoy soñando. Esa idea me atrae. ¿En el sueño de quién nos estaremos metiendo? ¿Quién soñará con la persona que nos sueña?
Por lo pronto sólo puedo pedir, como Kafka, pero con muchísima más pretensión, que me consideren un sueño; como alguien efímero. O que me dejen llegar, como un fantasma, a ese momento extraordinario en donde estamos sin estar y nos vamos antes de ser advertidos del todo.
Yo, mientras tanto, soñaré que me despierto
“Una tarde, Kafka me visitó y atravesó impensadamente una pieza donde estaba recostado mi padre. Éste se despertó, y Kafka murmuró, al pasar:
- Le ruego, considéreme un sueño.”
Hace mucho quería publicar esta cita. Me parece estupenda.
Estoy trabajando en dos cuentos que tienen que ver con sueños; donde suceden cosas como en esta anécdota, y este pedido de Kafka me parece casi una súplica. Pedirle a alguien que nos considere un sueño, que nos de el carácter de efímero, es un pedido, como mínimo, pretencioso. Pero es tan poético y maravilloso este pedido, que no puedo dejar de pensar en las personas con las que soñamos y las que no.
Me gusta mucho cuando uno descarta las ideas freudianas y sueña con alguien, para luego preguntarse “¿por qué soñé con esa persona?”. Es fácil adjudicarle al subconsciente la aparición de una persona o una situación. ¿Pero cuando uno no ve a esa persona hace mucho? ¿O inventa situaciones que no están cerca de nuestra realidad? En verdad hay explicaciones para todas esas cosas. Recuerdo que en La Interpretación de los Sueños, Freud refería una experiencia que involucraba a una puerta bajo un puente que había visto 20 años antes de soñar con ella.
Pero quiero abstraerme de las explicaciones prácticas, aún cuando las explicaciones llegan a la misma resolución que el deseo. Porque ese es el punto: tal vez, soñamos con lo que deseamos.
Y también me gusta pensar que al igual que El Fantasma del Arroyo, estoy metido en el sueño de alguna mujer, que ni siquiera me conoce, mientras como un iluso, creo que soy yo quien la estoy soñando. Esa idea me atrae. ¿En el sueño de quién nos estaremos metiendo? ¿Quién soñará con la persona que nos sueña?
Por lo pronto sólo puedo pedir, como Kafka, pero con muchísima más pretensión, que me consideren un sueño; como alguien efímero. O que me dejen llegar, como un fantasma, a ese momento extraordinario en donde estamos sin estar y nos vamos antes de ser advertidos del todo.
Yo, mientras tanto, soñaré que me despierto
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